¡Ojo! No congeles nunca estos alimentos pueden pasarte factura

Muchas veces usamos el método de congelar los alimentos para darles mayor longitud de vida, pero esa no es siempre la mejor solución. Una experta nos explica por qué hay ciertos alimentos que no deben congelarse si queremos evitar problemas de salud.

Los alimentos que consumimos a diario parecen tan cotidianos que pocas veces pensamos en cómo cambian cuando pasan por la nevera o el congelador. Sin embargo, un reciente vídeo de la dietista y tecnóloga de alimentos Mónica Acha, del canal Simple Blending, vuelve a recordarnos que no todo puede conservarse de la misma manera. Acha explica con un enfoque muy práctico por qué algunos productos pierden su textura, su sabor o su calidad cuando los sometemos al frío extremo. Lo más llamativo es que muchos de estos errores los cometemos sin darnos cuenta, convencidos de que estamos “ahorrando tiempo” o “evitando desperdicio”.

En esa línea, la especialista insiste en que los alimentos congelados correctamente pueden ser un gran aliado en la organización semanal, pero también advierte que no podemos meterlo todo al congelador esperando el mismo resultado. Frituras, hojas verdes, pasta, arroz o salsas muy grasas forman parte de la lista de productos que cambian de forma drástica después del proceso. Su explicación, más allá de lo técnico, busca que aprendamos a distinguir qué conviene guardar y qué es mejor consumir en el momento para evitar sorpresas desagradables al descongelar.

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El reto de congelar alimentos ricos en almidón

“Es mejor no congelar productos con almidón”. Fuente: Pexels

Otro punto importante que aborda el vídeo es el comportamiento del arroz, la pasta y las papas. Estos son los alimentos que más cambios sufren en sus estructuras almidonadas cuando pasan por el congelador. El arroz puede quedar pastoso, la pasta tiende a romperse y las papas adquieren una textura harinosa nada apetecible. Aunque pueden congelarse para ciertos usos, la especialista insiste en que no es buena idea hacerlo si queremos consumirlos tal cual.

Además, aclara que, aunque algunos cocineros recurren a la congelación para adelantar preparaciones, conviene saber qué recetas funcionan y cuáles no. Por ejemplo, una lasaña puede congelarse sin problema, pero una ensalada de papas nunca recuperará su textura original. De nuevo, el mensaje subyacente es aprender a reconocer cómo reaccionan los alimentos según su composición para evitar decepciones y desperdicios innecesarios.