El rearme alemán reactiva el servicio militar obligatorio, también para mujeres

Berlín debate extender la conscripción a las mujeres mientras la Bundeswehr busca proyección global. El obispo castrense de la Bundeswehr pide el envío de tropas al estrecho de Ormuz. La medida reconfigura la doctrina de defensa de Alemania y desafía la cohesión europea.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Alemania está debatiendo la reintroducción del servicio militar obligatorio, incluyendo a las mujeres, mientras el obispo castrense de la Bundeswehr pide el despliegue de tropas en el estrecho de Ormuz.
  • ¿Quién está detrás? El gobierno de Olaf Scholz, presionado por la OTAN y la oposición conservadora de Friedrich Merz, y el obispo Franz-Josef Overbeck como referente moral militar.
  • ¿Qué impacto tiene? El debate reconfigura la doctrina de defensa alemana y tensa la cohesión europea; para España, anticipa una nueva exigencia de gasto militar y replantea el equilibrio de poder en el sur de Europa.

Alemania ha encendido un debate que parecía definitivamente apagado desde 2011: la vuelta al servicio militar obligatorio, esta vez con las mujeres incluidas en la ecuación. Y lo hace en paralelo a una petición aún más insólita: el obispo castrense de la Bundeswehr, Franz-Josef Overbeck, ha pedido abiertamente que Berlín envíe tropas al estrecho de Ormuz para garantizar la libertad de navegación. La confluencia de ambos anuncios, recogidos por fuentes diplomáticas y por el propio Ministerio de Defensa alemán, marca un punto de inflexión en la cultura estratégica de un país que durante décadas se definió por su ‘pacifismo estructural.

La vuelta de la conscripción: un debate que llega con décadas de retraso

En 2022, el canciller Olaf Scholz proclamó el Zeitenwende (cambio de era) y creó un fondo extraordinario de 100.000 millones de euros para reequipar a la Bundeswehr. Cuatro años después, el debate ha saltado del dinero a la carne humana. La OTAN exige ya a sus miembros un gasto mínimo del 2% del PIB, y la administración estadounidense presiona para elevar esa cifra al 3% o incluso al 5% a medio plazo. Alemania, con un presupuesto de defensa que ronda los 60.000 millones de euros en 2026, afronta la necesidad de completar las plantillas de una fuerza que hoy no alcanza los 180.000 efectivos activos.

La reintroducción del servicio militar obligatorio, suspendido en 2011 bajo el gobierno de Angela Merkel, se ha convertido en la respuesta más plausible para cubrir ese déficit. Según un documento interno del Ministerio de Defensa al que ha tenido acceso la web oficial de la Bundeswehr, el modelo en estudio contempla un periodo de servicio de entre 12 y 23 meses para todos los jóvenes que cumplan 18 años, incluidas las mujeres. La propuesta cuenta con el respaldo explícito de la CDU/CSU de Friedrich Merz, mientras el SPD de Scholz mantiene serias reticencias.

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El debate no es menor. La igualdad de género, consagrada en el artículo 3 de la Ley Fundamental de Bonn, obligaría a aplicar la conscripción sin distinción de sexo si se aprobara. Eso coloca al gobierno alemán ante una decisión que rompe décadas de construcción social del ejército como opción voluntaria. La mayoría de los partidos políticos tiene una posición aún no definida, y en las encuestas preliminares el apoyo ciudadano apenas alcanza el 40%.

El precedente sueco, que reintrodujo el servicio militar con paridad en 2017 y hoy alcanza a más de 60.000 jóvenes al año, sirve de referencia técnica, pero el tamaño de Alemania multiplica por diez el impacto económico y logístico. Los analistas del Instituto Alemán para Asuntos Internacionales y de Seguridad (SWP) advierten que la medida requeriría reformar infraestructuras de acuartelamiento y, sobre todo, transformar el modelo de reclutamiento actual, basado casi exclusivamente en voluntarios.

El retorno del servicio militar obligatorio, con su proyección sobre las mujeres, no es solo un debate de defensa: es la constatación de que el ‘pacifismo estructural’ alemán ha entrado en crisis definitiva.

Un obispo para la guerra: la proyección militar alemana en el Estrecho de Ormuz

Alemania Bundeswehr rearme

En paralelo, el obispo castrense de la Bundeswehr, Franz-Josef Overbeck, ha ido más allá y ha reclamado que Alemania envíe tropas al estrecho de Ormuz para proteger las rutas marítimas del petróleo. Las declaraciones, recogidas por la agencia RT y confirmadas posteriormente por fuentes de la diócesis de Essen, apuntan a una justificación teológica insólita: “La paz exige a veces la presencia militar para evitar un mal mayor”, habría afirmado el obispo en una conferencia ante capellanes castrenses.

La petición no es una ocurrencia aislada. Desde enero de 2026, la UE mantiene desplegada la operación Aspides en el mar Rojo y el golfo de Adén para proteger la navegación de los ataques hutíes. Alemania ya participa con la fragata Hessen y está previsto que refuerce su presencia con la Baden‑Württemberg este verano. Sin embargo, el obispo Overbeck va un paso más lejos: propone que la Bundeswehr asuma un rol de liderazgo en el propio estrecho de Ormuz, una zona donde la marina estadounidense y la iraní mantienen un pulso permanente.

El simbolismo es enorme. Un obispo católico alemán, heredero de una tradición pacifista profundamente enraizada en la posguerra, bendiciendo una intervención armada en el Golfo Pérsico. La Conferencia Episcopal Alemana, de momento, guarda silencio. Pero la declaración de Overbeck ha abierto un frente inesperado en el debate sobre la identidad de la Bundeswehr: si el ejército ya no es solo defensa territorial, sino herramienta de proyección global, el servicio obligatorio para todos los ciudadanos adquiere una dimensión completamente nueva.

Equilibrio de Poder

El rearme alemán y el regreso de la conscripción, sumados a la voluntad de desplegarse en el Índico, están redefiniendo la arquitectura de seguridad europea. En Washington, la respuesta previsible es una mezcla de satisfacción y exigencia adicional: el socio europeo que más se resistía ahora da pasos que cuadran con la doctrina de reparto de cargas, pero la Casa Blanca no dejará de presionar para que el gasto alcance el 5% del PIB. En Moscú, el Kremlin leerá estos movimientos como la confirmación de una OTAN que se rearma ofensivamente en su flanco oriental, y utilizará el debate alemán para alimentar la narrativa de un Occidente militarizado y agresivo.

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Para España, el giro alemán tiene implicaciones directas. En primer lugar, acelerará la presión de la OTAN para que todos los aliados, incluido Madrid, eleven su gasto militar muy por encima del 1,3% actual. Si Berlín reinstaura la conscripción, muchos países del flanco sur deberán justificar por qué no hacen lo mismo. En segundo lugar, la proyección alemana hacia el estrecho de Ormuz desvía recursos y atención de la frontera sur de Europa, donde el Sahel, Marruecos y la inmigración irregular siguen siendo la principal amenaza para España. Moncloa deberá calibrar si esa desatención relativa del Mediterráneo central puede compensarse con un mayor liderazgo español en la operación Atalanta o con un refuerzo de la presencia en el golfo de Guinea.

La lectura a cinco años es clara: estamos ante el final del modelo de defensa posguerra fría en Alemania. El regreso del servicio militar no es un debate táctico; es la institucionalización de la idea de que el Estado puede exigir a sus ciudadanos, mujeres incluidas, que arriesguen su vida en teatros lejanos. La OTAN, mientras tanto, se fragmenta entre los que aceptan ese nuevo contrato social y los que, como España, lo observan con distancia mientras buscan cómo sortear las exigencias presupuestarias. La próxima cumbre de la Alianza en La Haya, prevista para junio de 2026, será el primer escenario donde se mida la fractura.