EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Donald Trump ha rechazado la contrapropuesta de paz de Irán, que pedía el fin de las hostilidades en Líbano y garantías de seguridad, calificándola de ‘totalmente inaceptable’. El bloqueo del estrecho de Ormuz continúa.
- ¿Quién está detrás? El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y la administración iraní, con el líder supremo Alí Jamenei al frente de la exigencia de condiciones previas para desbloquear el paso marítimo.
- ¿Qué impacto tiene? La parálisis del tráfico de petróleo agrava la crisis energética mundial. España importa el 60 % de su crudo a través de Ormuz, y el precio del barril podría superar los 140 dólares si no hay salida diplomática.
La escalada entre Washington y Teherán ha dado un nuevo giro este domingo después de que el presidente Trump calificara de ‘totalmente inaceptable’ la última contrapropuesta de paz iraní. Según fuentes de la Casa Blanca, Irán condiciona la reapertura del estrecho de Ormuz —vital para el suministro energético global— a dos exigencias que el mandatario considera fuera de toda lógica: garantías explícitas de seguridad por parte de Estados Unidos y el fin inmediato de las hostilidades en Líbano. El rechazo frontal de Washington deja la crisis en un punto muerto peligroso.
El estrecho de Ormuz, por donde transita más del 20 % del crudo mundial, lleva dos semanas bloqueado por la Armada iraní en represalia por los bombardeos estadounidenses sobre infraestructura militar de Teherán. Las conversaciones indirectas que mediaba Catar llevaban días encalladas, pero la filtración oficial del ‘no’ de Trump las ha dinamitado por completo. ‘La contrapropuesta iraní no es seria’, habría dicho el presidente en una reunión a puerta cerrada con el Consejo de Seguridad Nacional, según recogió la agencia rusa RT. Y la réplica desde Teherán no se hizo esperar: el portavoz del Ministerio de Exteriores iraní acusó a Washington de querer imponer una rendición.
En paralelo, la crisis energética se recrudece. Los futuros del petróleo Brent ya rozan los 130 dólares por barril, y los analistas consultados por esta redacción ven factible un salto a los 150 si en las próximas 72 horas no se produce un gesto de distensión. Las refinerías europeas, especialmente las del arco mediterráneo que dependen del crudo ligero que atraviesa Ormuz, han empezado a reducir actividad. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha activado el nivel de alerta 3 y varios países europeos han liberado ya parte de sus reservas estratégicas. España, que importa seis de cada diez barriles de su petróleo a través de este paso, es uno de los socios comunitarios más expuestos.
Operación Guardián de los Muros, como denominó Teherán al despliegue de sus lanchas rápidas y drones navales en el estrecho, ha transformado un conflicto bilateral en un problema de seguridad marítima global. La US Navy mantiene el grupo de combate del USS Gerald Ford en el Golfo de Omán, pero no ha forzado la entrada al estrecho. La tensión se vive minuto a minuto.
La negativa de Trump a aceptar una salida negociada traslada al mercado un mensaje inequívoco: el riesgo de interrupción del suministro es real y duradero.
La exigencia iraní de vincular la paz en Ormuz con la situación en Líbano no es casual. Teherán financia y arma a Hizbulá, que mantiene un fuego cruzado intermitente con Israel desde el frente de los Altos del Golán. Al poner esa condición sobre la mesa, Irán busca dos cosas: blindar a su principal aliado regional y elevar el coste político de una intervención militar estadounidense. La decisión de Trump de rechazarla sin matices es, en la práctica, una declaración de que la diplomacia ha agotado sus cartuchos.
Los precedentes de bloqueos en la zona arrojan pocas lecturas optimistas. En 2019, un ataque con drones a refinerías saudíes recortó el 5 % del suministro global sin que se produjera una escalada militar directa entre Irán y EEUU. Ahora, con la capacidad disuasoria del Pentágono intacta pero con una Casa Blanca menos paciente, el margen de error es mínimo. Cualquier incidente que implique a un buque de la Quinta Flota podría arrastrar al resto de aliados OTAN a un conflicto que nadie desea pero que todos están preparando en silencio.
La mayoría de los líderes europeos ha mostrado preocupación. Francia y Alemania han pedido contención, mientras que el gobierno de Sánchez, a través del Ministerio de Asuntos Exteriores, ha urgido a las partes a volver a la mesa. Sin embargo, la posición de Moncloa es especialmente incómoda porque España ejerce la presidencia rotatoria del Consejo de la UE en este semestre. Si Bruselas quiere articular una respuesta común, se verá obligada a hacer malabarismos entre los halcones del este y las palomas del sur, con Madrid en el centro del tablero.
Equilibrio de Poder
El pulso entre Washington y Teherán trasciende el mero bloqueo de un paso marítimo. Lo que está en juego es la capacidad del orden internacional para garantizar la libertad de navegación en uno de sus puntos más sensibles. El eje Estados Unidos-Rusia-Unión Europea muestra fisuras profundas: Moscú, socio estratégico de Irán, ha condenado las sanciones pero evita implicarse directamente; la OTAN se mantiene vigilante sin movimiento de piezas en el Golfo, porque toda su arquitectura de seguridad en el flanco este depende de no desviar activos; y Bruselas se ve atrapada entre la necesidad de proteger su suministro energético y el temor a una nueva espiral inflacionista que lastre las economías ya debilitadas por la postguerra de Ucrania.
Para España, la fractura tiene una lectura doble. La económica es inmediata: cada día de bloqueo suma unos 4 millones de euros en sobrecostes de importación de crudo, según cálculos de la patronal del sector. Pero hay una dimensión estratégica que Moncloa no puede ignorar. La frontera sur —Marruecos, el Sáhara Occidental y, sobre todo, el Sahel— es un teatro donde la inestabilidad energética actúa como acelerador de migraciones. Si los precios del combustible se disparan en África Occidental, la presión migratoria hacia Canarias y el Estrecho se multiplicará. Rabat, aliado clave, observa con inquietud cómo su principal socio europeo se debilita económicamente.
El riesgo inmediato es que un error de cálculo convierta la crisis actual en un enfrentamiento limitado pero con daños humanos y materiales de gran magnitud. El calendario marca el próximo jueves como fecha clave: el Consejo de Seguridad de la ONU se reunirá a petición de Emiratos Árabes Unidos, que teme que sus infraestructuras petroleras se conviertan en blanco de represalias. Si para entonces no hay avances, la posibilidad de un embargo generalizado sobre Irán reabrirá heridas diplomáticas similares a las del tratado nuclear de 2015. Como decimos desde esta redacción, el reloj corre y las decisiones que se tomen en los próximos días marcarán el precio de la gasolina en los surtidores de media España.

