Cataluña recauda 730 millones con el Impuesto de Patrimonio y supera a Madrid en un 30%

Catalunya cerró 2025 con 730 millones de euros ingresados vía Patrimonio, un 30% más que Madrid, donde el tributo está bonificado al 100%. El dato reabre el pulso entre modelos fiscales en plena negociación de la financiación autonómica.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿A quién afecta? Contribuyentes con grandes patrimonios en Cataluña y el debate sobre la competencia fiscal entre comunidades.
  • ¿Cuándo ocurre? Datos del ejercicio fiscal 2025, recaudados a lo largo de 2025 y primeros meses de 2026.
  • ¿Qué cambia hoy? La cifra de 730 millones sitúa a Cataluña un 30% por encima de Madrid, evidencia de que el Impuesto de Patrimonio sigue siendo una herramienta recaudatoria clave pese a la presión para eliminarlo.

La Agencia Tributaria de Catalunya ha cerrado el ejercicio fiscal 2025 con una recaudación de 730 millones de euros por el Impuesto de Patrimonio. La cifra supera en un 30% a la registrada por Madrid durante el mismo período, según los datos que el Govern hizo públicos a través de su portal de transparencia.

Se trata de un récord para la administración catalana y un síntoma de la concentración de grandes fortunas en la comunidad, a pesar de que Cataluña tiene un tipo del 100% en la bonificación estatal. A diferencia de Madrid, que desde hace años mantiene una bonificación propia del 100%, la Generalitat sí que grava estos patrimonios —aunque con un mínimo exento elevado de 500.000 euros por contribuyente—.

El dato sitúa a Cataluña como la autonomía con mayor recaudación en términos absolutos por este tributo, por delante de Andalucía o la Comunidad Valenciana, que también lo exigen. Fuentes de la conselleria d’Economia consultadas por Moncloa.com subrayan que “la diferencia con Madrid demuestra que la armonización fiscal no puede hacerse a la baja y que el impuesto es progresivo”.

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La brecha fiscal sur-norte marca el paso

La comparativa con Madrid no es casual. La Comunidad gobernada por el PP mantiene el impuesto a tipo cero desde 2008, lo que ha atraído a miles de contribuyentes de otras regiones. Cataluña, sin embargo, ha optado por mantenerlo, aunque el Govern de ERC ya introdujo una reforma en 2023 que elevó el mínimo exento de 500.000 a 700.000 euros para patrimonio neto y hasta 2 millones en el caso de empresas familiares.

“La foto actual indica que, incluso con esos umbrales, la base imponible catalana sigue siendo muy alta”, explica un técnico de Hacienda consultado. La recaudación equivale al 1,2% de los ingresos no financieros del Govern, un peso muy por encima de la media autonómica. Además, Cataluña ingresa unos 250 millones más que Madrid por este concepto a pesar de tener un PIB similar.

Choque con Moncloa y la negociación de la financiación singular

El contraste llega en plena negociación de la financiación singular para Cataluña. Desde la Generalitat se señala que la capacidad recaudatoria de impuestos como el de Patrimonio avalan su petición de una gestión tributaria más amplia y diferenciada. En cambio, desde el Gobierno central se recuerda que las comunidades del PP —Madrid a la cabeza— llevan años exigiendo la armonización de este tributo para evitar la competencia desleal.

La portavoz del Govern, en su última comparecencia, evitó desvelar si el ejecutivo catalán planea revisar al alza el gravamen o el mínimo exento. Sí dejó caer que “los 730 millones son un argumento sólido para defender que la autonomía fiscal no tiene por qué traducirse en dumping”.

Este viernes, no obstante, el portavoz del PP en el Parlament, tras conocer los datos, ha cargado contra la política fiscal del Govern: “Mientras Madrid atrae inversión, aquí se castiga al ahorro”. El debate político está servido.

La cifra de 730 millones no es solo un registro contable: es la medida de la tensión entre dos modelos fiscales y una pieza clave en la negociación del nuevo sistema de financiación.

Precedentes y riesgos de una escalada recaudatoria

No es la primera vez que el Impuesto de Patrimonio desata una tormenta política en Cataluña. En 2021, el entonces conseller Jaume Giró (Junts) ya propuso eliminarlo para incentivar la llegada de inversores, pero ERC se opuso con firmeza. El resultado fue una vía intermedia: una bonificación parcial que ahora el Govern de Illa mantiene sin cambios, por el momento.

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El verdadero riesgo, según fuentes del Departament d’Economia, es que la presión de los socios parlamentarios (especialmente los Comuns, que piden subir el tipo para los tramos más altos) acabe elevando la carga fiscal hasta provocar fugas de capital autóctono. La experiencia de otras comunidades, como Baleares, indica que un tipo muy alto puede reducir la base imponible a medio plazo.

De momento, los 730 millones de euros seguirán engrosando las arcas de la Generalitat. Y mientras Madrid no mueva ficha, la brecha fiscal entre ambas comunidades seguirá siendo una línea roja en cualquier negociación sobre el futuro de la financiación autonómica.

De de ahí que el Gobierno central mire con lupa los datos catalanes. El Ministerio de Hacienda, en un informe interno al que ha tenido acceso Moncloa.com, califica la diferencia recaudatoria de “distorsión relevante” y aboga por retomar la senda de la armonización. Lo que está en juego no es solo un impuesto: es el equilibrio del modelo de Estado.