A un año de las elecciones autonómicas y municipales de 2027, el Partido Popular de Madrid exhibe una fortaleza interna y una unidad de proyecto que contrasta con el desconcierto de la oposición. Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez-Almeida se perfilan como candidatos indiscutibles, mientras las fuerzas de izquierda y Vox se enredan en luchas intestinas sin liderazgos definidos.
El contraste se escenificó este viernes 15 de mayo, día de San Isidro, durante el acto institucional de entrega de medallas en el Palacio de Cibeles. Sin lluvia de encuestas, las que se conocen sitúan al PP flirteando con la mayoría absoluta. Los populares gobiernan en más de 110 de los 179 municipios de la región y se aferran a esa base de poder territorial como prueba de solidez.
El número dos de Ayuso, Alfonso Serrano, respondió con ironía a las críticas de Más Madrid sobre una supuesta «profunda debilidad» de la presidenta. «Sí, ¿no ven lo deprimidos que estamos?», bromeó, enarbolando la unidad como principal activo. Serrano fue taxativo: «Nadie duda de quiénes van a encabezar las candidaturas del PP de Madrid». Una afirmación que incluye a Almeida, quien el año pasado dejó la puerta abierta a no repetir, pero que desde principios de 2026, cuando la presidenta regional lo dio por hecho, no ha vuelto a mostrar ambigüedad alguna.
Frente a esa fortaleza, Serrano retrató a una izquierda «menguante» que, a su juicio, «está en dividir y crispar, mientras se apuñalan entre ellos». La polémica por el viaje de Ayuso a México, que la oposición ha tratado de exprimir, fue tachada por el dirigente popular de «artificial» y respondida con un golpe de humor: «Puedo asegurar que la presidenta y las personas que la han acompañado, a diferencia de cuando viaja el Gobierno de España, ha dejado las habitaciones igual que las han encontrado».
En el lado opuesto, la soledad de la portavoz socialista en el Ayuntamiento, Reyes Maroto, resulta elocuente. Compareció en solitario y reiteró su deseo de repetir como candidata, pero en el PSOE madrileño, la dirección se lava las manos y remite a unas futuras primarias. Nombres como el de Óscar López suenan para la Comunidad, pero el vacío municipal es total. La portavoz en la Asamblea, Mar Espinar, ni siquiera acudió a Cibeles.
Tampoco Más Madrid ha resuelto sus pugnas. El choque público entre Mónica García y Emilio Delgado mantiene al partido pendiente de primarias, mientras Rita Maestre y Manuela Bergerot aprovecharon el día para criticar a Ayuso. Bergerot seguía preguntando por los gastos del viaje a México, en una ofensiva que el PP despacha con sorna.
La oposición en Madrid no tiene hoy, a un año de las urnas, ni candidatos claros ni un discurso unificado. Eso es agua para el molino del PP.
En Vox, el espectáculo es similar. Javier Ortega Smith acudió como portavoz ‘legal’ en plena batalla judicial con su partido tras haber sido expulsado. La portavoz parlamentaria, Isabel Pérez Moñino, evitó el acto institucional y prefirió la pradera. Mientras, ïñigo Henríquez de Luna, posible candidato a la Alcaldía, se dejó ver en la misa de la Colegiata. Guerra sin disimulos.
Análisis: ¿Por qué la debilidad de la oposición es la mayor fortaleza del PP?
El panorama que dibuja el PP se asienta en un hecho demoscópico: la dispersión del voto de la izquierda y la falta de referentes podrían neutralizar cualquier alternativa. En el ciclo electoral 2015-2019, Ahora Madrid y la candidatura de Ángel Gabilondo lograron articular un discurso común que disputó el poder municipal y autonómico. Hoy, el mapa se parece más al de 2023: una izquierda fraccionada que el PP capitaliza con una oferta de estabilidad y gestión.
Las comparaciones con otras grandes capitales refuerzan esta lectura. Mientras Barcelona asiste a un baile de pactos poselectorales, Madrid exhibe un gobierno municipal consolidado y una presidencia autonómica que las encuestas sitúan cerca de la mayoría absoluta. La unidad interna del PP es real: los 110 alcaldes y la disciplina de voto en la Asamblea lo atestiguan.
Pero esta fortaleza no está exenta de riesgos. La ausencia de oposición puede fomentar el desgaste por falta de control, y cualquier reagrupamiento de última hora o la irrupción de un liderazgo inesperado podría alterar la ecuación. De momento, sin embargo, la sensación en la calle Génova es de calma. El PP no tiene quien le tosa en Madrid. Por ahora.
