El Pentágono recorta fuerzas para la OTAN y exigirá a Europa asumir su defensa en Bruselas

El Pentágono comunicará el viernes en Bruselas un recorte de las capacidades disponibles para la OTAN en crisis. La decisión concreta la exigencia de Trump de que Europa asuma su defensa convencional sin el paraguas estadounidense.

Estados Unidos tiene previsto comunicar este viernes a los aliados de la OTAN que reducirá significativamente el contingente de capacidades militares que pondría a disposición de la Alianza en caso de crisis, según han confirmado a Defense News tres fuentes conocedoras del plan. La decisión, que se presentará en la reunión de jefes de política de defensa que se celebra en Bruselas, materializa el giro estratégico de la Administración Trump: Europa debe asumir en solitario la defensa convencional del continente.

El movimiento, que tiene lugar apenas unas semanas después de que el Pentágono anunciase la retirada de 5.000 efectivos de bases europeas y la cancelación del despliegue de una brigada en Polonia, marca un antes y un después en la arquitectura de seguridad transatlántica. Por primera vez, el paraguas militar estadounidense deja de ser un hecho para convertirse en una variable negociable.

La presión de Trump se materializa en Bruselas

Bajo el conocido como Modelo de Fuerzas de la OTAN, cada país miembro identifica un conjunto de efectivos y activos militares que estarían disponibles para ser desplegados en caso de conflicto armado o crisis grave, como un ataque contra un socio de la Alianza. Aunque la composición exacta de esas fuerzas de guerra es secreta, el Pentágono ha decidido reducir su compromiso «de forma drástica», en palabras de las fuentes consultadas por Defense News.

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El encargado de transmitir el mensaje será Alex Velez-Green, asesor clave de Elbridge Colby, subsecretario de Defensa para Política, quien ha reiterado en público que Estados Unidos mantendrá el paraguas nuclear sobre Europa. Sin embargo, el recorte afecta al núcleo de las fuerzas convencionales: tanques, artillería, sistemas antiaéreos y tropas de primera línea que hasta ahora se daban por descontadas en cualquier escenario de activación del Artículo 5.

La revisión del Modelo de Fuerzas se ha convertido en una prioridad del equipo de Colby de cara a la cumbre de líderes de la OTAN que se celebrará en Turquía el próximo mes de julio, según una de las fuentes.

El modelo de fuerzas de la OTAN, bajo mínimos

El nuevo recorte ahonda la fractura abierta en el seno de la Alianza. Las capitales europeas observan con creciente inquietud los pasos de Washington, que en las últimas semanas ha retirado 5.000 soldados del continente y ha archivado el despliegue de una brigada en Polonia, una decisión que los propios legisladores estadounidenses calificaron de «sorpresiva».

Los aliados europeos contraargumentan (sic) que están reforzando sus capacidades a un ritmo sin precedentes, pero que veinte años de desinversión no se corrigen de la noche a la mañana. La mayoría de los países se ha comprometido a superar el 2% del PIB en gasto militar, e incluso España —que partía del 1,3%— ha prometido alcanzar el umbral en 2029. Sin embargo, la nueva exigencia de Trump de llegar al 5% convierte esa meta en papel mojado.

El recorte de fuerzas disponibles para la OTAN no es una medida técnica: es la constatación de que el paraguas convencional estadounidense ya tiene condiciones, y que Europa debe pagarlas si quiere conservarlo.

Equilibrio de Poder

Para España, la decisión del Pentágono supone un desafío en varios frentes. Las bases de Rota y Morón, pilares del despliegue antimisiles de Estados Unidos en el sur de Europa, podrían verse afectadas si Washington reorienta su postura hacia el Indo-Pacífico. Además, la presión sobre el gasto militar se redobla en un momento en el que el Gobierno de Pedro Sánchez debe encajar las demandas de Bruselas con las prioridades sociales de la legislatura.

La frontera sur tampoco sale indemne. Con una OTAN cada vez más centrada en el flanco este, la atención y los recursos que se dedican al Magreb y al Sahel disminuyen, y eso obliga a España a plantearse un refuerzo de sus propias capacidades en esa zona, posiblemente en clave bilateral con Marruecos o a través de la Unión Europea. El resultado, en todo caso, es un aumento inevitable del presupuesto de defensa que, según fuentes del sector, podría superar los 25.000 millones de euros anuales a finales de la década.

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A escala europea, la reducción de fuerzas estadounidenses acelera la construcción de una autonomía estratégica que hasta ahora solo existía en los documentos. La pregunta ya no es si Europa debe gastar más, sino si será capaz de hacerlo de forma coordinada y eficaz. La Comisión Europea ha presentado propuestas para una deuda mancomunada de defensa, pero países como Alemania y Países Bajos se resisten. La cumbre de Turquía de julio será la primera piedra de toque para comprobar si el club atlántico sigue siendo una realidad disuasoria o una cáscara vacía.

La lectura estratégica de esta redacción es que el anuncio del viernes en Bruselas inaugura una nueva fase en la que la defensa europea ya no se debatirá en términos de solidaridad, sino de supervivencia. Como en las viejas cumbres de la Guerra Fría, el reloj ha vuelto a marcar los minutos con un tic-tac incómodo. La próxima cita en Estambul dictará si la Alianza encuentra el camino o se extravía definitivamente.