Israel diseñó un plan para liberar al expresidente iraní Mahmud Ahmadinejad, un presunto activo del Mossad, y situarlo al frente de un gobierno alternativo tras bombardeos selectivos que decapitaran al régimen de los ayatolás, según revela una investigación del New York Times que ha generado estupefacción en los círculos de inteligencia internacionales. La operación, desvelada en la noche del martes y detallada por el medio especializado SpyTalk, combinaba ataques aéreos, una invasión kurda y una campaña de influencia que los propios mandos estadounidenses calificaron de “farsa”.
El plan israelí: de la celda a la presidencia
La arquitectura del complot era tan audaz como rocambolesca. Según fuentes citadas por el Times, los bombardeos iniciales de la aviación israelí y estadounidense estaban sincronizados para eliminar a los guardianes que mantenían a Ahmadinejad bajo arresto domiciliario y, de paso, decapitar la cúpula del poder iraní. Simultáneamente, fuerzas kurdas armadas por Estados Unidos invadirían Irán desde el oeste y avanzarían hacia Teherán, alimentando el caos y la percepción de que el régimen perdía el control.
En el tercer acto del plan, con las infraestructuras críticas dañadas y la presión política insoportable, el sistema colapsaría. Entonces Ahmadinejad, un político caído en desgracia pero con notable conocimiento de los entresijos del Estado, emergería como líder de un “gobierno alternativo”. La puesta en escena incluía la idea de que el otrora azote antiisraelí se convertiría en el rostro amable de un nuevo Irán, aliado tácito de Tel Aviv.
Le adelanto que la reacción de los servicios de inteligencia ha oscilado entre la incredulidad y el escándalo. Danny Citrinowicz, exjefe de la rama iraní de la inteligencia militar israelí, confesó que “todas estas ideas demuestran una profunda falta de comprensión del sistema iraní”. El entonces director de la CIA, John Ratcliffe, lo llamó “farsesco”; el secretario de Estado Marco Rubio utilizó un término más grueso: “pamplinas”.
De anti-sionista furibundo a sospechoso agente del Mossad
Si usted repasa la biografía pública del expresidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, encontrará un perfil difícil de encajar con el de un títere de Israel. Durante sus dos mandatos (2005-2013), el diminuto político endureció la represión interna, expandió el programa nuclear y convirtió el discurso antiisraelí en seña de identidad: se refería a Israel como un “régimen sionista” que debía ser “eliminado”. Negaba el Holocausto y proclamaba que no existían homosexuales en Irán.
Sin embargo, en los últimos años su postura cambió de forma radical. Concedió una entrevista a un periódico israelí, algo absolutamente prohibido para cualquier político iraní. Ese giro, junto a sus visitas a Hungría y Guatemala –países amigos de Israel–, alimentó los rumores de que Ahmadinejad era un activo del Mossad desde el primer día de su presidencia. Hooman Majd, periodista y analista iraní que ejerció de traductor para él en la ONU, explica a SpyTalk: “Los rumores estaban ahí desde el principio, incluso en su primer año”.
La lógica del reclutamiento, según Majd, residía en el poder: Ahmadinejad se había convertido en una figura marginal en Teherán y cualquier oportunidad de volver a la cima resultaría irresistible. Otra lectura, aún más sutil, sugiere que ni siquiera era necesario un reclutamiento directo; el Mossad pudo manipularlo sin que él mismo supiera que jugaba para el otro bando. “Las agencias de inteligencia tienen formas de hacerlo”, remata Majd.
La frontera entre el agente reclutado y el títere inocente es la misma que separa una operación de bandera falsa de una tragedia geopolítica.
Dossier Moncloa: Ojos en la Sombra
Lo analizo desde el oficio: esta historia condensa varios de los vectores más peligrosos del espionaje contemporáneo. Por un lado, una infiltración HUMINT de libro, si es que el expresidente fue realmente un agente cultivado durante años; por otro, una campaña de desinformación que convierte una filtración en arma arrojadiza. Meir Javedanfar, coautor de un libro sobre Ahmadinejad, sostiene en una televisión israelí que la exclusiva del Times “es una campaña de desinformación iniciada por quienes intentaron asesinarle”, es decir, los propios israelíes. Si esa hipótesis es cierta, estaríamos ante una operación de bandera falsa en toda regla, donde el fracaso del atentado se enmascara con un relato que siembra el caos en las filas del enemigo.
El vector de ataque fue claramente HUMINT con fuertes dosis de influencia y guerra psicológica. Las agencias implicadas son tres: el Mossad como planificador y ejecutor de la operación; el Ministerio de Inteligencia iraní (MOIS) y la Guardia Revolucionaria como defensores del régimen; y la CIA y el resto de la comunidad de inteligencia estadounidense como espectadores escépticos. De hecho, altos cargos de la administración Trump calificaron la viabilidad del cambio de régimen de “pamplinas”, lo que subraya la distancia entre la ambición israelí y la evaluación de sus socios de Five Eyes.
Estimo que el material original de la planificación se movió en un nivel de clasificación Secreto o incluso Top Secret, dado que implicaba el empleo de un presunto activo en lo más alto de la política iraní y coordinación militar encubierta. Las filtraciones posteriores, que ahora nos permiten reconstruir el plan, probablemente pertenecen a ese estrato y fueron deliberadamente dosificadas.
El precedente histórico que me viene a la cabeza es la Operación Ajax de 1953, cuando la CIA y el MI6 orquestaron el derrocamiento del primer ministro iraní Mohammad Mossadegh. Aquella injerencia extranjera creó un trauma que aún envenena las relaciones entre Irán y Occidente. Setenta y tres años después, la idea de colocar a un expresidente en el poder a golpe de bombardeo y milicia kurda demuestra que el síndrome del cambio de régimen no solo no ha desaparecido, sino que se vuelve cada vez más enrevesado. Escribí en El quinto elemento que “el próximo 11S empezará con un clic”, pero este plan recuerda que las guerras también pueden urdirse con un rumor bien colocado y un expresidente insospechado.
El verdadero misterio del caso Ahmadinejad no es si fue un agente reclutado o un peón inconsciente, sino qué ocurrió con él tras el estallido de la guerra. El Times consigna que resultó herido en un bombardeo israelí destinado a liberarle. Majd lanza una pregunta inquietante: “Después de esta historia, si no estaba bajo vigilancia o en la cárcel, lo estará ahora seguro”. Y si respaldó el plan y luego se echó atrás, Tel Aviv tiene motivos de sobra para quererle eliminado. En el ajedrez de las sombras, el expresidente iraní puede haber pasado de ser la pieza más valiosa a la más prescindible.

