EN 30 SEGUNDOS
- ¿A quién afecta? A los conductores que circulen por el eje Recoletos-Castellana, vecinos de los barrios de Jerónimos, Justicia, Almagro y alrededores, y a los cientos de miles de peregrinos que llegarán a Madrid.
- ¿Cuándo ocurre? Las primeras ocupaciones de carril arrancan el 23 de mayo; el cierre total de Cibeles y Plaza de Lima será del 4 y 3 de junio, respectivamente, y la gratuidad de la EMT y BiciMAD, del 3 al 9.
- ¿Qué cambia hoy? Desde este viernes 23 se reduce la capacidad de dos de las arterias más transitadas de Madrid. El Ayuntamiento insta al teletrabajo y ofrece transporte público sin coste para descongestionar la almendra central.
Madrid activa desde este viernes 23 de mayo un plan de movilidad sin precedentes para encajar la visita del Papa León XIV del 6 al 9 de junio. El alcalde, José Luis Martínez-Almeida, ha presentado esta mañana un dispositivo que, según sus propias palabras, supera en complejidad al de la cumbre de la OTAN de 2022. La capital se blinda con 4.000 agentes policiales y 1.000 sanitarios, pero el verdadero desafío será gestionar los desplazamientos de 1,5 millones de personas esperadas en la misa del domingo 7 en Cibeles y los accesos a la Vigilia del sábado 6 en Plaza de Lima, donde se prevé medio millón de asistentes.
El impacto en la movilidad comienza mucho antes de la llegada del pontífice. Ya a partir del sábado 23 —es decir, pasado mañana— se ocupará de forma permanente un carril del Paseo del Prado en sentido norte para la descarga de material. A partir del 25 de mayo se tomarán tres carriles más para montar las estructuras del coro, y el 4 de junio llegará el cierre total del eje de la Plaza de Cibeles. En paralelo, en la Plaza de Lima el goteo de restricciones arranca también el 23 con la ocupación de un carril entre San Juan de la Cruz y Nuevos Ministerios; desde el 25 se cerrarán los tres carriles centrales, y el 3 de junio se clausurará por completo el tráfico en todo el ámbito de la glorieta.
Aunque el cierre completo de Recoletos-Castellana no se producirá formalmente hasta el 9 de junio, el estrangulamiento de los dos nudos más conflictivos —Cibeles y Lima— hará muy difícil circular por el distrito Centro y Chamartín incluso antes de los días grandes. A esto se añadirán cortes puntuales no predefinidos por los desplazamientos del Papa y las comitivas, que el consistorio no puede detallar «por motivos de seguridad».
Cibeles y Lima, las dos ‘zonas cero’: ocupación progresiva desde este viernes
El plan municipal dibuja un cierre por fascículos que, en la práctica, va estrechando la capacidad de la almendra central día a día. Los vecinos de los barrios afectados —Jerónimos, Justicia, Almagro, Hispanoamérica— tendrán que convivir con filtros de acceso y desvíos durante dos semanas largas. «Les pedimos paciencia y que apuesten por el transporte público», ha repetido Almeida en varias ocasiones. Para animar ese trasvase, los autobuses de la EMT y BiciMAD serán gratuitos del 3 al 9 de junio, una medida que en esta redacción valoramos como imprescindible aunque llegue tarde para los primeros cortes.
Como alternativa en vehículo privado, el Ayuntamiento propone la M-30 como gran corredor de circunvalación. Para quienes necesiten entrar al interior, recomienda los ejes de Bravo Murillo o Santa Engracia (oeste) y Serrano, Velázquez, Príncipe de Vergara Francisco Silvela o Joaquín Costa (este), además de viales como Costa Rica o Doctor Esquerdo para desplazamientos transversales. El regidor confía en que Google y Waze ofrezcan rutas actualizadas, pero el ciudadano de a pie ya sabe que en días de macroeventos la improvisación suele ganar al algoritmo.
El dispositivo supera al de la cumbre de la OTAN no solo en días: la dispersión de los cortes y la incertidumbre de los desplazamientos papales convierten el centro en un puzle imposible.
Más ambicioso que la cumbre de la OTAN: 4.000 policías, teletrabajo y 2.000 baños químicos
Almeida ha insistido en que este dispositivo supera al de la cumbre de la OTAN de junio de 2022, que ya puso a prueba la resistencia circulatoria de Madrid. Aquella cita duró tres días y concentró a 40 jefes de Estado; ahora hablamos de cuatro jornadas con dos macroeventos religiosos que pueden reunir hasta 1,5 millones de personas en la vía pública. «Son más días, los eventos son más multitudinarios y las comitivas más numerosas», ha subrayado. El Ayuntamiento ha ordenado el teletrabajo obligatorio para todos sus funcionarios del 3 al 9 de junio y ha pedido a las empresas privadas que flexibilicen horarios. No hay, sin embargo, una prohibición expresa de circular, como sí se barajó en algún borrador.
En el capítulo logístico, el consistorio ha dispuesto 33 polideportivos municipales repartidos por 15 distritos para alojar a los peregrinos que no puedan costearse un hotel —la ocupación hotelera se espera en torno al 85%— y seis aparcamientos disuasorios en la periferia (IFEMA, Valdebebas, Ciudad Universitaria, Casa de Campo, Caja Mágica y Planetario-Méndez Álvaro) para los autocares. Samur desplegará diez puestos sanitarios avanzados y se instalarán 2.800 baños químicos entre las dos sedes principales. Un esfuerzo de intendencia que recuerda más a una Exposición Universal que a una visita pastoral.
¿Qué falló en 2022 y qué puede fallar ahora? Las lecciones que Madrid ya debería tener aprendidas
La cumbre de la OTAN dejó imágenes de atascos colosales en la M-30 y críticas por la falta de información en tiempo real. Entonces, el Ayuntamiento activó restricciones de acceso al centro durante un fin de semana, pero los cortes fueron más quirúrgicos y la ciudad pudo respirar porque el evento se circunscribía al recinto ferial. Esta vez, los actos multitudinarios se celebran al aire libre en dos puntos neurálgicos del tráfico urbano. La diferencia fundamental es la escala y la dispersión: en 2022 se cerraron tramos concretos; ahora se estrangula el corazón del eje norte-sur durante más de dos semanas.
Otro riesgo evidente es la improvisación de los cortes no anunciados «por motivos de seguridad». En 2022, la Policía Municipal tuvo que desviar el tráfico sobre la marcha en varias ocasiones, generando desconcierto. Si a eso se le suma la recomendación de usar vías como Serrano o Velázquez, que ya están al límite de su capacidad en hora punta, el colapso parece casi garantizado. La gratuidad de la EMT es un acierto, pero la flota de autobuses se reforzará un 25%, una cifra que quizá se quede corta si la demanda se multiplica.
En Merca2.es llevamos días siguiendo los preparativos y la sensación que transmiten los vecinos afectados es de resignación más que de confianza. No hay plan B si la M-30 se satura o si los peregrinos optan por moverse a pie por el centro. La recomendación de teletrabajar es sensata, pero no todas las empresas pueden aplicarla. Quedan apenas 48 horas para que empiecen los primeros desvíos y la ciudad aún no conoce con precisión las rutas alternativas para el día a día. El alcalde pide «paciencia», pero la paciencia de Madrid se ha medido antes y ha tenido un límite.
