La quema de grasa vuelve a convertirse en uno de los temas más comentados cada vez que se acerca el verano, pues con el cambio de estación aparecen también las ganas de sentirse más ligero, cuidar más la alimentación y recuperar ciertos hábitos que durante el resto del año suelen quedar un poco olvidados. En medio de todas las dietas rápidas, los productos milagro y las tendencias virales, cada vez más expertos insisten en volver a una alimentación equilibrada donde frutas y verduras tengan un papel protagonista.
Y aunque durante años algunas personas han señalado a la fruta como un alimento “prohibido” para la quema de grasa por su contenido en azúcar, la realidad es bastante diferente. Los especialistas recuerdan que no se puede comparar el azúcar natural de una fruta con el azúcar refinado y que, de hecho, muchas frutas pueden ser grandes aliadas cuando el objetivo es favorecer la quema de grasa de una manera saludable. El cardiólogo Aurelio Rojas es uno de los profesionales que más ha hablado sobre ello en los últimos meses, especialmente por el efecto que algunas frutas tienen sobre determinadas hormonas relacionadas con el apetito y el metabolismo.
1Las frutas que pueden favorecer la quema de grasa
Según explica Aurelio Rojas, algunos medicamentos muy conocidos para perder peso funcionan imitando la acción de una hormona llamada GLP-1, relacionada con la regulación del apetito, la sensibilidad a la insulina y la quema de grasa. Lo interesante, según el especialista, es que existen frutas capaces de estimular de manera natural esa misma hormona en el organismo, algo que ha despertado mucho interés entre quienes buscan perder peso sin recurrir necesariamente a tratamientos farmacológicos.
Entre las frutas que menciona destacan el kiwi, las fresas, la granada y los arándanos. Además de tener un bajo índice glucémico, ayudan a evitar picos de azúcar en sangre y aportan antioxidantes, vitamina C y fibra. Aurelio Rojas también señala que algunas de ellas pueden contribuir a reducir el cortisol, conocida como la hormona del estrés, que en determinados casos puede dificultar la pérdida de peso y alterar el metabolismo.

