El Parlamento Europeo aprueba el acuerdo arancelario con EEUU y fija votación final el 16 de junio

La comisión de comercio respalda el texto con 31 votos a favor y solo 6 en contra. El pleno votará el 16 de junio, con el ultimátum de Trump a la vuelta de la esquina.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? La comisión de comercio del Parlamento Europeo aprobó hoy el compromiso legislativo para aplicar el acuerdo arancelario con Estados Unidos, con 31 votos a favor, 6 en contra y 3 abstenciones. El pleno de la Eurocámara votará la ratificación definitiva el 16 de junio.
  • ¿Quién está detrás? La Comisión Europea y los Veintisiete cerraron el pacto con la administración Trump el pasado verano en Turnberry. Los eurodiputados han forzado la inclusión de salvaguardias y una cláusula sunset que extingue el acuerdo a finales de 2029.
  • ¿Qué impacto tiene? Para España, la eliminación de aranceles sobre bienes industriales y productos agrícolas supondría un espaldarazo para sectores como el automóvil o el aceite de oliva, pero Bruselas podrá suspender las concesiones si Washington no rebaja antes de fin de año los aranceles al acero y al aluminio europeos.

El Parlamento Europeo ha aprobado el acuerdo arancelario con EEUU, que elimina aranceles a bienes industriales y algunos productos agrícolas, y fija votación final el 16 de junio. La luz verde preliminar llegó hoy, 2 de junio, con un amplio respaldo en la comisión de comercio de la Eurocámara: 31 votos a favor, 6 en contra y 3 abstenciones. El camino hacia la ratificación definitiva, sin embargo, se presenta contrarreloj: el presidente estadounidense, Donald Trump, ha amenazado con imponer aranceles más altos si el texto no está listo para el 4 de julio.

La votación de hoy culmina meses de forcejeo interno en la UE. Los legisladores europeos ralentizaron las deliberaciones después de que Trump amenazara con anexionarse Groenlandia en enero y de que el Tribunal Supremo de Estados Unidos anulara buena parte de su agenda arancelaria en febrero. Con todo, el acuerdo de Turnberry, alcanzado el pasado verano en el club de golf escocés, comprometió a Washington a un límite del 15% en los aranceles a la mayoría de las exportaciones de la UE, un paraguas que Bruselas considera estratégico.

El respaldo amplio en la comisión de comercio y los plazos del acuerdo

El texto legislativo aprobado hoy es fruto de un trílogo (negociación a tres bandas entre Comisión, Consejo y Parlamento) que los eurodiputados han aprovechado para blindar el acuerdo. La principal novedad es una cláusula sunset que lo extingue en diciembre de 2029, casi un año después de que Trump abandone la Casa Blanca si se presenta y gana un segundo mandato. «Era una línea roja», explica una fuente diplomática consultada por Moncloa.com. La mayoría de los grupos políticos temía que, sin esa caducidad, el pacto pudiera convertirse en permanente sin que la UE tuviera margen de reacción.

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Salvaguardias y cláusula sunset: el blindaje europeo frente a Washington

Junto a la caducidad, el mecanismo incluye salvaguardias que obligan a la Comisión Europea a investigar si las exportaciones estadounidenses suponen una amenaza para la industria comunitaria. Si se detectara un riesgo, Bruselas podría suspender parcial o totalmente las concesiones arancelarias. El enésimo rifirrafe llegó cuando la administración Trump amplió la lista de productos que contienen acero, aluminio y cobre sujetos a gravámenes más altos, una decisión que los eurodiputados consideraron inaceptable y que ha forzado una contramedida expresa: la UE suspenderá sus rebajas si Washington no reduce antes de que acabe 2026 los aranceles al acero y al aluminio europeos.

«No nos dejamos engañar por las buenas palabras de un acuerdo de verano», declaró un ponente del texto, en referencia velada al ambiente distendido de Turnberry. La mayoría de los miembros del Parlamento Europeo ha respaldado la postura de que el brazo comercial de la UE debe mantener un freno de emergencia ante la volatilidad de la Casa Blanca.

ratificación Parlamento Europeo

La UE no se fía de Trump: la cláusula sunset y las salvaguardias revelan que cada concesión arancelaria lleva un freno de emergencia.

Con el texto cerrado en comisión, el pleno de la Eurocámara lo someterá a votación el 16 de junio. Fuentes parlamentarias advierten de que el resultado será más ajustado: el acuerdo transatlántico sigue generando rechazo entre las bancadas liberales y de izquierda, que lo consideran un peaje excesivo a una administración impredecible. La fecha no es casual. Las instituciones comunitarias se han dado apenas dos semanas para culminar el procedimiento legislativo antes del ultimátum del 4 de julio. Si la ratificación fracasa o se demora, la amenaza de nuevos aranceles podría materializarse. «Estamos ante una votación en modo sprint», admiten fuentes del Consejo.

El Eje del Poder Europeo

El pulso comercial con EEUU dibuja una geometría variable dentro de la UE. El eje franco-alemán, tradicionalmente firme en la defensa de las exportaciones industriales, ha empujado el acuerdo con pragmatismo, mientras los países del sur, España e Italia a la cabeza, celebran la eliminación de barreras a sus productos agrícolas, pero miran con recelo las salvaguardias que podrían reactivar litigios en sectores sensibles como el aceite de oliva, el vino o los cítricos. Para Moncloa, el texto supone un balón de oxígeno en plena recuperación del comercio exterior, pero la tensión no es menor: la patronal siderúrgica española lleva meses advirtiendo de que el acero nacional no puede competir si EEUU mantiene sobretasas camufladas en la nueva lista ampliada.

En el centro de Europa, el nerviosismo es palpable. Hungría y Polonia, poco afectadas por los aranceles agrícolas, han mantenido un perfil bajo, mientras los países nórdicos y bálticos, más dependientes del comercio de metales, respaldan las salvaguardias con un fervor casi teológico. La Comisión, por su parte, juega una partida de ajedrez: debe demostrar que puede domesticar los impulsos de la administración Trump sin romper el consenso interno. La cláusula sunset, de hecho, fue una imposición del Parlamento que pilló con el pie cambiado a los servicios de Ursula von der Leyen, más proclives a un acuerdo permanente.

Observamos en esta redacción un patrón que se repite desde 2017: cada aproximación transatlántica arranca con un apretón de manos y termina en una maraña de excepciones y plazos. La diferencia ahora es que la UE ha aprendido a negociar con una Casa Blanca que cambia de opinión cada trimestre. Para España, el verdadero test llegará después del 16 de junio: si el pleno aprueba el texto, las exportaciones podrían ganar un respiro inmediato, pero la renegociación continua del capítulo siderúrgico amenaza con enquistarse. El reloj ya corre en Bruselas.

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