Feijóo rechaza negociar con Puigdemont en Waterloo la moción de censura y llama a ‘hablar de cosas serias’

El líder del PP esquiva la invitación de Junts durante su visita al Cercle d'Economia de Barcelona. Pese a la presión, insiste en que la prioridad es devolver la decencia al país y reclama elecciones inmediatas.

Alberto Núñez Feijóo ha descartado este lunes negociar con Carles Puigdemont sobre una moción de censura contra Pedro Sánchez. Durante su intervención ante el empresariado del Cercle d’Economia en Barcelona, el líder del PP respondió con un tajante «vamos a hablar de cosas serias» a la propuesta lanzada horas antes por Jordi Turull.

El secretario general de Junts había desafiado a Feijóo en una entrevista en Catalunya Ràdio. Turull insistió en que cualquier oferta debía plantearse en Waterloo, donde Puigdemont mantiene su actividad política ante lo que calificó de «anormalidad democrática». La negativa del gallego fue inmediata y contundente: sin nombrar a Puigdemont, dejó claro que esa vía no está en sus planes.

Turull reta a Feijóo: Waterloo como exigencia innegociable

En una mañana de alta tensión mediática, Jordi Turull advirtió que Junts no atenderá «ofertas por los medios de comunicación». La petición de reunirse en Waterloo no es nueva, pero esta vez se formula en un contexto de bloqueo parlamentario y con 184 diputados exigiendo elecciones. El secretario general independentista condicionó cualquier conversación sobre una eventual moción de censura a un cara a cara con el expresident, a quien el Estado español ha calificado de prófugo.

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Turull, que reconoció que su partido no hará de muleta ni del PP ni del PSOE, sembró la duda: «Si tiene una oferta, nos lo debe proponer y reunirnos en Waterloo». La frase escondía tanto un desafío como una boutade, porque Junts sabe que un encuentro de ese tipo dinamitaría cualquier posibilidad de entendimiento con el electorado moderado.

Feijóo responde: «Hablemos de cosas serias» y diagnostica decadencia

Ante el enjambre de periodistas a las puertas del Palau de Congressos, Feijóo se sacudió la cuestión. «Vamos a hablar de cosas serias», soltó, antes de adentrarse en un discurso que combinó crítica a la corrupción y alerta sobre la parálisis institucional. El líder popular comparó la situación del Gobierno con la de una empresa investigada: «Ninguno de ustedes llegaría a un acuerdo empresarial con una compañía con ejecutivos en prisión e insolventes», espetó a los empresarios.

Feijóo no quiere pisar Waterloo, pero la moción de censura flota en el ambiente. Su silencio sobre Puigdemont es tan estratégico como incómodo para Junts.

Feijóo dibujó un escenario de «profunda decadencia» en el que la corrupción ya no es excepción sino norma. Denunció la desactivación de los controles democráticos —jueces, periodistas y oposición— y lamentó que la agenda política esté copada por los tribunales. «.

Tras el mitin empresarial, Feijóo quiso dejar claro que no busca favores ni remover conciencias. «Vengo a defender la necesidad de un proyecto limpio y a garantizar devolver la decencia a mi país, con ayuda o sin ella», afirmó. Fue un guiño a los sectores económicos que ven con pánico la incertidumbre, pero también un mensaje interno al propio PP: no habrá operaciones de salón con Junts.

Cuatro actores, una ecuación imposible: la intrahistoria del desplante

El rechazo de Feijóo a reunirse en Waterloo responde a un cálculo electoral y de imagen. Para un partido que se presenta como garante del orden constitucional, una foto con el expresident huido sería dinamita en las urnas. Pero también revela una debilidad: el PP necesita otros apoyos para tumbar a Sánchez y no los tiene. La abstención de Junts sería suficiente si el resto de la oposición se alinease, pero el partido de Puigdemont exige un precio simbólico altísimo: el reconocimiento implícito de su legitimidad exiliada.

En el Cercle d’Economia, los empresarios del IBEX-35 callaron. El pulso entre Feijóo y Turull se libró en los pasillos, no en el plenario. Fuentes del PP consultadas por Moncloa.com insisten en que no hay contactos con Junts para una moción. «No vamos a blanquear al prófugo», resumen. Sin embargo, la crisis de gobierno apremia y la presión empresarial para que la estabilidad regrese a la Moncloa crece.

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Lo que observamos es una coreografía política donde todos los actores gesticulan, pero nadie se mueve. Junts necesita mantener viva su centralidad en la política española sin quedar como colaborador del PP, mientras Feijóo necesita un milagro para alcanzar la Moncloa sin aparecer como traidor a sus bases. Mientras, el Gobierno resiste con la agenda judicial como único horizonte.

El balón está ahora en el tejado del Congreso: los 184 diputados que exigen urnas aún no tienen una mayoría de investidura alternativa. Y Waterloo, de momento, seguirá siendo una frontera infranqueable.