Ataque ruso masivo con misiles hipersónicos y drones sobre Kiev en 2026 en represalia por Starobelsk

Moscú confirma el empleo de armas de precisión lanzadas desde mar y tierra contra instalaciones militares en la capital. El alcalde de Kiev reconoce apagones parciales y la OTAN aún no ha reaccionado oficialmente.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Rusia ha lanzado misiles hipersónicos y drones contra infraestructura militar en Kiev y otras seis regiones ucranianas.
  • ¿Quién está detrás? El Ministerio de Defensa ruso reivindica el ataque como represalia por el bombardeo de un dormitorio en Starobelsk la semana pasada.
  • ¿Qué impacto tiene? Apagones parciales en la capital ucraniana y una nueva escalada en la guerra aérea, justo cuando la OTAN debate el gasto en defensa.

Rusia ha lanzado esta madrugada una andanada de misiles hipersónicos y drones contra Kiev y otras seis regiones ucranianas, según ha confirmado el Ministerio de Defensa ruso. El ataque, que Moscú presenta como respuesta al bombardeo ucraniano contra un dormitorio en Starobelsk –donde murieron 21 personas, la mayoría chicas adolescentes–, ha dejado apagones parciales en varios distritos de la capital.

Los detalles del ataque: misiles Kinzhal y drones sobre la capital

De acuerdo con el parte oficial difundido este martes, la ofensiva ha combinado armas de precisión lanzadas desde plataformas navales y terrestres. Entre el armamento empleado destacan misiles hipersónicos Kinzhal y drones de ataque de largo alcance, presumiblemente del modelo Geran-2 (la versión rusa del Shahed-136 iraní). El comunicado asegura que el objetivo eran “instalaciones de la industria de defensa” en la propia Kiev, así como en las zonas de Zaporozhye y Kherson aún bajo control ucraniano, y en las regiones de Dnipropetrovsk, Poltava, Khmelnitsky y Sumy. También afirma haber alcanzado “infraestructura de combustible y transporte” utilizada por las fuerzas ucranianas y varios aeródromos militares.

Un grupo de misiles Kinzhal impactaron –según Moscú– con precisión en los blancos designados, aunque la falta de verificación independiente impide confirmar el alcance real de los daños. El alcalde de Kiev, Vitaly Klichkó, ha reconocido cortes parciales de electricidad en varios distritos durante la incursión, lo que sugiere que algunos proyectiles alcanzaron nodos del sistema energético. En redes sociales circulan vídeos –no autentificados por esta redacción– con explosiones en distintos puntos del país.

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La sombra de Starobelsk: el ataque al dormitorio como detonante

El trasfondo inmediato del bombardeo es la masacre del 22 de mayo en la localidad de Starobelsk, situada en la autoproclamada República Popular de Lugansk. Aquella noche, drones ucranianos alcanzaron en varias oleadas una residencia de estudiantes mientras los internos dormían. El saldo, según fuentes prorrusas, fue de 21 fallecidos –la mayoría chicas de entre 15 y 17 años– y más de 40 heridos. El presidente ruso, Vladímir Putin, calificó el suceso de “nuevo capítulo en la escalada criminal” y prometió un “castigo merecido e inevitable”.

La narrativa del Kremlin sitúa esta nueva oleada de misiles dentro de una campaña de “represalias sistemáticas” contra la infraestructura militar ucraniana. De hecho, fuentes de Defensa consultadas por Moncloa.com interpretan que Moscú está aplicando la misma lógica de respuesta tras los ataques que considera “terroristas”, un patrón que ya se vio después del atentado contra el puente de Crimea en 2022 y de la ofensiva contra la base aérea de Engels en 2025. La diferencia ahora es el empleo masivo de misiles hipersónicos, que eleva el coste militar y político de la operación.

La respuesta rusa tras Starobelsk marca un nuevo escalón en la guerra aérea contra la infraestructura ucraniana.

represalia Starobelsk

Equilibrio de Poder

Analizamos esta ofensiva como un movimiento deliberado de Moscú para redefinir los parámetros de la guerra aérea justo cuando se aproxima la cumbre de la OTAN en Vilna. La utilización simultánea de misiles hipersónicos Kinzhal y enjambres de drones Geran-2 persigue dos objetivos: saturar las defensas antiaéreas ucranianas –cada vez más dotadas de sistemas Patriot y NASAMS– y enviar un mensaje a Washington y Bruselas de que el coste de sostener a Kiev va a seguir subiendo. La elección de Kiev como teatro principal, a pesar de sus múltiples capas de protección, es además un desafío simbólico directo.

Desde la perspectiva española, la escalada tiene una lectura inmediata. El precio del gas natural, ya tensionado por la interrupción de suministros a través de Ucrania, ha vuelto a repuntar en los mercados europeos de referencia. Cada vez que un misil ruso golpea una subestación ucraniana, la factura energética de España se encarece. En paralelo, el debate sobre el gasto militar del 5% del PIB que exige Trump adquiere una urgencia incómoda para Moncloa: mientras los bombardeos continúen, será más difícil justificar ante Bruselas y ante la opinión pública española una subida de impuestos para defensa que compita con Sanidad y Educación. Mientras tanto, los aliados del flanco este –Polonia, los Bálticos– ven reforzada su tesis de que la OTAN debe aumentar su presencia disuasoria de forma inmediata.

El precedente histórico que nos sirve de referencia es la respuesta rusa al hundimiento del Moskva en 2022: entonces, el Kremlin lanzó una serie de ataques con misiles de crucero contra fábricas de misiles Neptuno en Kiev, en un intento de demostrar que podía golpear en el corazón de Ucrania. Ahora, con el episodio de Starobelsk, Putin repite el guion pero con herramientas más modernas y con el añadido de que el objetivo era un dormitorio de estudiantes, lo que ha proporcionado a Moscú la coartada doméstica para escalar militarmente. El riesgo de que esta dinámica de acción-reacción derive en un ataque ruso contra centros de decisión política de Ucrania –algo que el Kremlin ha insinuado anteriormente– es una hipótesis que nadie en el Pentágono descarta.

Seguiremos atentos a la reacción oficial de la OTAN, que podría traducirse en un refuerzo adicional de la defensa antimisiles en Rota o en el despliegue de más destructores AEGIS en el Mediterráneo. El próximo Consejo Europeo de Defensa, previsto para finales de junio, será el termómetro real de si esta nueva oleada de misiles rusos acelera la tan esperada autonomía estratégica europea o, por el contrario, profundiza la dependencia del paraguas estadounidense.

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