EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El BCE se reúne este jueves y el consenso del mercado descarta un cambio en los tipos de interés tras la subida de junio, aunque la tensión en Oriente Próximo reaviva el debate sobre una nueva subida en septiembre.
- ¿Quién está detrás? El Consejo de Gobierno del BCE, presidido por Christine Lagarde, analiza una economía con inflación a la baja (2,9% en junio) pero con riesgos geopolíticos al alza.
- ¿Qué impacto tiene? Para España, un nuevo incremento de tipos encarecería las hipotecas y el crédito a empresas, ralentizando la recuperación. La decisión de septiembre será clave para los Presupuestos.
El BCE dejará los tipos de interés sin cambios este jueves 23 de julio, en la que será la primera reunión sin movimientos desde la subida de 25 puntos básicos decidida en junio. Sin embargo, el recrudecimiento del conflicto en Oriente Próximo y el repunte de los precios de la energía han devuelto a la mesa la posibilidad de una nueva subida en septiembre. El mercado no descarta que Fráncfort tenga que actuar con más firmeza en otoño.
La inflación de la eurozona se moderó cuatro décimas en junio, hasta el 2,9% frente al 3,3% de mayo, según los últimos datos de Eurostat. Esta caída allana el camino para una pausa monetaria, aunque la calma es relativa.
La calma antes de la tormenta: sin cambios en julio
“Después de la subida de los tipos de interés en junio, es probable que el BCE se tome un respiro en julio. No hay urgencia para actuar”, ha destacado Ulrike Kastens, economista senior de DWS. Las expectativas de inflación se mantienen ancladas y la tendencia a la baja continuará en julio, añade.
En la misma línea, Cristina Gavín Moreno, jefa de Renta Fija en Ibercaja Gestión, subraya que “es todavía pronto para sacar conclusiones” sobre el impacto del endurecimiento de junio, por lo que ve una pausa como lo más acertado.
“Hace apenas unas semanas, la reunión del BCE parecía un mero trámite antes de las vacaciones. Pero la nueva escalada en Oriente Próximo y el repunte de los precios de la energía han vuelto a cambiar el panorama”, ha explicado Carsten Brzeski, director global de macroeconomía de ING. Según el analista, algunos miembros del Consejo de Gobierno podrían presionar para una nueva subida este mismo jueves, aunque esa opción sigue siendo minoritaria.
La pausa de verano es un espejismo: el BCE se juega en septiembre su credibilidad contra la inflación y el mercado ya descuenta que será necesaria una segunda subida para no parecer precipitado.
La clave está en septiembre
El consenso de los analistas apunta a que Fráncfort no se conformará con una única subida en el año. “Si el BCE se limita a una subida, podría interpretarse como una ‘subida de pánico’, lo que suscitaría críticas por precipitarse”, ha indicado Brzeski. Una segunda alza en septiembre, en cambio, reforzaría la narrativa de que el movimiento es necesario para alinear la inflación con el objetivo.
Desde Ibercaja, su economista jefe estima que la facilidad de depósito quedaría en el 2,50% tras esa segunda subida, confirmando unas dos alzas en 2026. El BCE había interrumpido las subidas en 2024, pero el repunte inflacionista de este año, avivado por la crisis del Mar Rojo y ahora por Oriente Próximo, le ha obligado a revisar su estrategia.
No todos los expertos ven justificada una nueva restricción. Kastens (DWS) advierte de que “no es necesaria una orientación verdaderamente restrictiva” porque no se detectan presiones salariales significativas ni poder de fijación de precios empresarial. Para España, donde la inflación subyacente aún es elevada, el riesgo es doble: una pausa demasiado larga podría enquistar las tensiones de precios, pero un apretón excesivo golpearía directamente el coste de de las hipotecas y la inversión empresarial.
El Eje del Poder Europeo
La decisión de septiembre partirá en dos a la Eurozona. Los países del norte, con Alemania a la cabeza, presionan por mantener el endurecimiento para evitar que la inflación se cronifique. Mientras, los Estados del sur —entre ellos España— temen que las subidas de tipos lastren un crecimiento aún frágil. La presidenta del BCE, Christine Lagarde, deberá equilibrar ambas sensibilidades en un Consejo de Gobierno cada vez más fragmentado.
El precedente de 2011 sobrevuela el debate. Entonces, el BCE subió tipos justo antes de que la crisis de deuda soberana resquebrajara la Eurozona, lo que forzó un giro de 180 grados meses después. La historia no se repite, pero rima: ahora los mercados exigen una segunda subida para acreditar la consistencia del BCE. En Moncloa, la situación preocupa. Un euríbor al alza complicaría los Presupuestos de 2027 y añadiría presión a la coalición de gobierno, especialmente si se materializa un otoño caliente en el precio del dinero.
La próxima cita clave del BCE será el 11 de septiembre. Hasta entonces, todos los ojos estarán puestos en los datos de inflación de julio y agosto y en la evolución del conflicto en Oriente Próximo. Lo que ocurra en Fráncfort no solo definirá el coste del crédito para familias y empresas, sino que medirá la capacidad de la Eurozona para digerir shocks energéticos sin perder el control sobre los precios.
