Sílvia Orriols denunció este jueves haber recibido insultos machistas y gritos antifascistas durante la Patum de Berga, en un nuevo capítulo de la tensión entre la líder de Aliança Catalana y los movimientos que la señalan como exponente de la extrema derecha. La diputada y alcaldesa de Ripoll replicó con un mensaje en X donde cargó contra la «extrema izquierda feminista» y defendió la tradición festiva frente a lo que calificó de sectarismo.
«Puta, rata, guarra… son algunos de los insultos que la extrema izquierda ‘feminista’ me ha espetado durante la Patum», escribió Orriols, para añadir a renglón seguido: «Sectarios que no aman las tradiciones, que las instrumentalizan y desprecian». A pesar del episodio, agradeció a los bergadanes la acogida y definió la experiencia como «mágica, llena de luz, fuerza y vitalidad».
Protestas y abucheos en el balcón del Ayuntamiento
La presencia de la líder de Aliança Catalana en el balcón del consistorio bergadano fue posible gracias a la invitación de Judit Vinyes, concejala de Berga Grup Independent y candidata de la formación independentista en la villa, no del gobierno municipal, que preside la CUP. Durante el primer salto de la Patum Completa del jueves por la tarde, varios asistentes desplegaron pancartas con lemas como «Fuera fascistas de la Patum», «No al racismo» o «Catalunya antifascista». Orriols observó la escena sin abandonar el lugar privilegiado, mientras la lluvia obligaba a retrasar los actos.
Junts y CUP cargan contra la diputada por sus ausencias
Las críticas políticas no tardaron en llegar. El portavoz de Junts en el Parlament, Salvador Vergés, reprochó a Orriols haber abandonado el pleno —y la votación que debía realizar— para acudir a la Patum, mientras Ripoll, donde ejerce como alcaldesa, sufría los efectos de las intensas lluvias. «Como diputada, abandonas el Pleno del Parlament —¡y la votación que tenías que hacer!— para ir a la Patum. Allí, te abuchean. Y, mientras tanto, como alcaldesa, dejas abandonados a los ripolleses en plena emergencia por inundaciones», escribió Vergés en X.
El diputado de la CUP, Dani Cornellà, fue aún más directo: calificó a Orriols de diputada más absentista del Parlament, «que solo aparece cuatro días al mes», y denunció la dejadez de de funciones en Ripoll, el municipio más castigado por el temporal. Según datos de Emergències, en la localidad se registraron 32 llamadas por incidencias relacionadas con las precipitaciones, que provocaron cortes de calles, daños en equipamientos y la crecida repentina del río Freser. La agrupación local de Junts tuvo que recomendar a la ciudadanía contactar con el 112.
Orriols convierte los insultos en gasolina política, pero las imágenes de Ripoll anegado ponen el foco en sus prioridades institucionales.
No es la primera vez que la líder de Aliança Catalana convierte un ataque directo en capital político. La denuncia del «sectarismo antifascista» se ha convertido en un eje de su discurso, que resuena en sectores del independentismo descontentos con lo que perciben como imposición de la corrección política. Los insultos recibidos —más graves de lo que un mitin soporta— le permiten encarnar a la víctima frente a una izquierda que, según su relato, quiere silenciarla.
Una estrategia de victimización que oculta las ausencias
Sin embargo, el episodio pone de relieve las contradicciones de Orriols. Mientras reivindica su amor por las tradiciones y por Catalunya, sus ausencias en Ripoll durante la emergencia y en el Parlament alimentan el retrato de una política más centrada en la agenda mediática que en la gestión. Las 32 incidencias en la capital del Ripollès no esperaron a la Patum, y los ripolleses tuvieron que afrontar la situación sin la presencia de su alcaldesa.
Aliança Catalana, con dos escaños y un poder municipal limitado, sigue buscando notoriedad. El escrache en Berga le sirve para denunciar la «intolerancia de la izquierda», pero al mismo tiempo coloca a sus adversarios en la tesitura de tener que hablar de ella. La próxima cita electoral, las municipales de 2027, medirá si esta estrategia de confrontación constante logra calar más allá de Ripoll. Por ahora, la Patum ha vuelto a darle minutos de altavoz.
