La Asociación Española de Banca (AEB) ha lanzado este jueves un respaldo explícito a la candidatura de Pablo Hernández de Cos para presidir el Banco Central Europeo (BCE). Su presidenta, Alejandra Kindelán, calificó al exgobernador del Banco de España como un ‘candidato de primera‘ y subrayó que España tiene ‘todas las opciones’ de situar a uno de los suyos en Fráncfort. Lo hizo en plena apertura de la carrera sucesoria de Christine Lagarde, cuyo mandato expira en octubre de 2027.
Hernández de Cos, actual director general del Banco de Pagos Internacionales (BIS) y durante ocho años gobernador del Banco de España, cuenta con un perfil técnico valorado por los círculos monetarios. La encuesta del think tank Official Monetary and Financial Institutions Forum (Omfif), publicada el pasado abril, le otorgaba una ligera ventaja frente a otros pesos pesados como Joachim Nagel (Bundesbank), Klaas Knot (exbanco central neerlandés), Isabel Schnabel (miembro del Comité Ejecutivo del BCE) y François Villeroy de Galhau (banco de Francia).
Un perfil técnico con proyección europea
La trayectoria de Hernández de Cos encarna la ortodoxia monetaria que el BCE ha defendido bajo el mandato de Lagarde y, antes, de Draghi. Su paso por el Banco de España, donde pilotó la supervisión de la banca española durante la crisis del Covid-19 y la retirada de estímulos, le ha granjeado un respeto transversal entre los banqueros centrales europeos. Actualmente en el BIS —la institución que actúa como banco de los bancos centrales—, el candidato maneja la agenda de estabilidad financiera global, un activo nada menor en un momento de tensiones geopolíticas y fragmentación.
La AEB lo ve como ‘un magnífico candidato‘. Kindelán lo ha verbalizado en una entrevista con Servimedia, pero el eco de sus palabras llega hasta la Eurotorre. La patronal bancaria española, que agrupa a los grandes bancos nacionales, no suele tomar posiciones tan explícitas en las carreras por las cúpulas europeas. Que lo haga ahora denota la maduración de una candidatura que, sin embargo, aún no ha sido depositada formalmente por el Gobierno.
El embrague de la banca y el pulso sucesorio
Desde el Gobierno de Pedro Sánchez no se ha oficializado la candidatura. Moncloa guarda silencio, aunque fuentes del sector financiero recuerdan que España ya ocupa la presidencia del Banco Europeo de Inversiones (Nadia Calviño) y, hasta principios de año, la de la Autoridad Bancaria Europea (José Manuel Campa). El argumento de quienes miran con escepticismo un puesto español al frente del BCE es precisamente ese: que la distribución geográfica de las instituciones podría jugar en contra.
Sin embargo, la AEB insiste. Kindelán defiende que ‘España tiene que ocupar puestos de relevancia en las instituciones europeas’ y cita los precedentes de Calviño y Campa como prueba de que el país sabe colocar a los suyos. El respaldo de los bancos españoles —tanto de la patronal como de entidades a título individual— refuerza las opciones de un candidato que, según el sondeo de Omfif, parte con ventaja precisamente porque no es percibido como un candidato de un eje concreto, sino como un técnico que puede conciliar sensibilidades entre el norte y el sur.
La carrera no será fácil. Joachim Nagel, presidente del Bundesbank, encarna la disciplina fiscal del norte y cuenta con el respaldo natural del ala más hawkish del Consejo de Gobierno. François Villeroy de Galhau, por su parte, lleva años haciendo campaña desde Francia. Y la croata Boris Vujčić, que acaba de relevar a Luis de Guindos en la vicepresidencia del BCE —un movimiento que algunos interpretan como un gesto hacia los países del este—, podría ser otro factor a tener en cuenta. Pero el hecho de que el Omfif, un foro independiente, coloque a Hernández de Cos ligeramente por delante de todos ellos otorga un impulso adicional a su candidatura.

La candidatura de De Cos tiene la virtud de no asustar a Berlín ni defraudar a Roma: es un perfil técnico que habla el lenguaje de toda la Eurozona.
La sustitución de Lagarde, prevista para octubre de 2027, coincide con la salida del economista jefe, Philip Lane, también en 2027. Ambos mandatos son de ocho años, lo que abre una ventana de renovación en la que España quiere estar. La AEB subraya que el país está ‘muy orgulloso‘ de haber ocupado puestos donde se ‘forja Europa.
Mientras tanto, la banca española sigue tejiendo alianzas. La discreción de Moncloa, lejos de ser un obstáculo, puede ser una ventaja táctica: no conviene quemar al candidato antes de tiempo. Pero la presión de la AEB coloca a Hernández de Cos en el punto de partida de una maratón en la que los consensos se cocinan a fuego lento entre Bruselas, Berlín y París.
El Eje del Poder Europeo
La presidencia del BCE es, junto con la del Banco Europeo de Inversiones y la presidencia del Eurogrupo, una de las piezas clave del tablero institucional comunitario. Desde su creación, el BCE ha estado liderado por figuras de la zona norte —Duisenberg (Países Bajos), Trichet (Francia, pero con un perfil muy afín a Alemania), Draghi (Italia, en un momento de emergencia) y Lagarde (Francia)—. Que el sur coloque a un español al frente del banco supondría un giro simbólico importante en la arquitectura monetaria europea.
El debate no es menor. Los países frugales —Países Bajos, Austria, los nórdicos— observan con recelo la influencia mediterránea en las instituciones económicas. El hecho de que el vicepresidente saliente, Luis de Guindos, no haya sido reemplazado por otro español —el elegido ha sido el croata Vujčić— confirma que los equilibrios geográficos son extremadamente delicados. De ahí que la AEB se emplee a fondo: España necesita reforzar su candidatura antes de que se cierren los pactos entre las grandes capitales.
El precedente histórico de las negociaciones para el Marco Financiero Plurianual y para el Next Generation EU demuestra que los grandes acuerdos en la UE se cocinan entre bastidores meses —o años— antes de las fechas límite. La carrera por la presidencia del BCE empezó en el minuto uno del segundo mandato de Lagarde, y España no puede permitirse quedarse fuera. Un español al frente del BCE no solo blindaría la supervisión bancaria con un ojo puesto en la estabilidad del sur, sino que daría a España un altavoz en las decisiones de tipos de interés de la zona euro durante ocho años.
No obstante, el riesgo de que la candidatura de Hernández de Cos quede atrapada en la lógica del ‘juste retour‘ —la compensación de cargos entre países— es real. Si Alemania reclama la presidencia del BCE para Nagel y Francia obtiene otro alto cargo en la Comisión, las opciones españolas se reducirían. Pero la AEB confía en que la solvencia técnica del candidato y su perfil no beligerante con el Bundestag puedan romper ese esquema. La próxima cumbre del Consejo Europeo, prevista para la segunda mitad de 2027, será el escenario donde se resolverá el pulso.
La lectura estratégica es que España ha decidido apostar fuerte. Después de Calviño y Campa, colocar a Hernández de Cos en el BCE consolidaría su influencia en el triángulo institucional comunitario. La AEB ha hablado, ahora falta que el Gobierno mueva ficha. El tiempo apremia.
