EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El BCE impuso restricciones encubiertas a Revolut en julio de 2025, impidiendo el lanzamiento de nuevos productos y la captación de clientes fuera del EEE hasta que corrigiera deficiencias en sus procesos de aprobación y control interno.
- ¿Quién está detrás? Banco Central Europeo, Banco de Lituania y el CEO Nik Storonsky, cuya estrategia de crecimiento agresivo ha chocado con la supervisión bancaria tradicional.
- ¿Qué impacto tiene? La fintech más valiosa de Europa frena su expansión, lo que afecta a su valoración y a los 6 millones de clientes en España, donde ya supera a ING y Bankinter. El caso evidencia la tensión entre innovación y regulación.
El Banco Central Europeo (BCE) restringió en secreto el año pasado la capacidad de Revolut para lanzar nuevos productos en Europa, según documentos a los que ha tenido acceso Financial Times. La medida, impuesta en julio de 2025, paralizó la expansión de la fintech más valiosa del continente hasta que subsanara las deficiencias en los procesos de aprobación de nuevos servicios financieros.
Las restricciones, que no se habían hecho públicas hasta ahora, obligaron a la entidad a realizar una auditoría externa de sus funciones de riesgo, cumplimiento y legales. El BCE también prohibió a la filial europea de Revolut realizar adquisiciones o captar clientes fuera del Espacio Económico Europeo (EEE), el área que reúne a los 27 Estados miembros de la UE más Islandia, Liechtenstein y Noruega.
Un freno a los ‘misiles autoguiados’ de Storonsky
La decisión del supervisor único europeo supone un revés directo a la filosofía de Nik Storonsky, el CEO de origen ruso (que renunció a su ciudadanía tras la invasión de Ucrania) que ha definido a sus empleados como «misiles autoguiados» con libertad para desarrollar y lanzar productos con una supervisión mínima. La estrategia ha convertido al llamado neobanco en un gigante que aspira a salir a Bolsa con una valoración de 200.000 millones de dólares.
Sin embargo, el BCE detectó que esos «misiles» volaban demasiado rápido. El supervisor ordenó a Revolut revisar la plantilla, las competencias y la independencia de sus métodos de aprobación, y exigió que los futuros productos recibieran el visto bueno de «expertos» internos. Además, instó al consejo de administración a evaluar cómo afectarían los nuevos lanzamientos a los niveles de capital y liquidez del grupo.
La tensión entre las fintechs de alto crecimiento y los reguladores no es nueva. En abril, Revolut ya fue multada con 11,5 millones de euros en Italia por información engañosa sobre comisiones. El propio Storonsky criticó anteriormente a los reguladores británicos por su lentitud y su apego excesivo a los principios. Las restricciones del BCE ponen de relieve el choque entre un modelo que premia la velocidad y la normativa que protege al consumidor.
El impacto en España: 6 millones de clientes pendientes
Revolut ha construido en España una base de 6 millones de clientes, superando a entidades tradicionales como ING y Bankinter. La ralentización de su capacidad para desplegar nuevos productos —desde cuentas remuneradas hasta servicios de inversión— afecta directamente a un mercado donde la fintech británica se ha convertido en la referencia del segmento empresarial y minorista.
España es uno de los países europeos donde más rápido ha crecido Revolut en los últimos años. La pausa forzosa en el lanzamiento de nuevas iniciativas podría abrir una ventana para que los bancos tradicionales y otras fintechs ganen terreno. Aunque la compañía asegura que ya ha mejorado sus procesos internos, no se conoce una fecha para el levantamiento total de las restricciones, lo que mantiene la incertidumbre sobre su oferta futura.

Fuentes cercanas a Revolut insisten en que, desde el verano pasado, ha reforzado su sistema de control interno y que mantiene un «diálogo constructivo» con los reguladores. Pero, como señala un experto en supervisión bancaria consultado por este medio, «las restricciones del BCE suelen prolongarse hasta que el supervisor está completamente satisfecho, y eso puede llevar meses o incluso años».
El Eje del Poder Europeo
El pulso entre el BCE y Revolut no es aislado. Responde a una brecha cada vez más evidente entre la ambición de la Comisión Europea por impulsar start-ups y la rigidez de los supervisores bancarios tradicionales. Bruselas quiere fomentar empresas tecnológicas que compitan con EEUU, pero el BCE —que actúa como guardián de la estabilidad financiera— no va a permitir que los neobancos crezcan a costa de los controles de riesgo.
En esta disputa, la posición de los estados miembros es determinante. El Banco de Lituania, que concedió la licencia europea a Revolut en 2018, ha sido tradicionalmente más flexible, mientras que los reguladores del eje franco-alemán llevan tiempo reclamando una supervisión más estricta para las fintechs. España, donde el número de clientes de Revolut se ha disparado, podría verse arrastrada al debate: un endurecimiento de las reglas para banca digital afectaría a un mercado donde estas entidades ya compiten en igualdad de condiciones.
El caso recuerda a la crisis de las criptomonedas de 2022, cuando las autoridades financieras endurecieron las normas a posteriori. La diferencia es que ahora la UE dispone de herramientas de supervisión mucho más potentes. Si el BCE decide que el modelo de «misiles autoguiados» es incompatible con la estabilidad, otras fintechs de crecimiento acelerado podrían verse señaladas. La próxima reunión del Consejo del Mecanismo Único de Supervisión, prevista para este otoño, podría ser el momento en que se revisen las condiciones impuestas a Revolut.
Las restricciones del BCE muestran que, en Europa, la velocidad de expansión de una fintech no puede saltarse los controles de riesgo que protegen al sistema financiero.
Revolut defiende su compromiso con los más altos estándares de gobernanza y gestión del riesgo. «Mantenemos un diálogo continuo y constructivo con los reguladores, incluido el BCE, como parte de nuestra actividad habitual como banco con licencia completa», señaló un portavoz. La fintech añadió que, siguiendo las expectativas de supervisión, refuerza periódicamente su sistema de control interno. Sin embargo, el hecho de que las restricciones permanezcan activas casi un año después de imponerse indica que el BCE aún no ha quedado completamente satisfecho.
