Trump anuncia acuerdo EE.UU. Irán el domingo y reabre el estrecho de Ormuz

El portavoz de Exteriores iraní niega que la firma vaya a producirse este fin de semana, pero admite que podría cerrarse 'en los próximos días'. El pacto reabriría el paso que canaliza un cuarto del petróleo mundial.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Donald Trump ha anunciado en Truth Social que el acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán se firmará este domingo 14 de junio, con la reapertura inmediata del estrecho de Ormuz. Teherán lo ha desmentido de inmediato.
  • ¿Quién está detrás? Estados Unidos, con la mediación de Pakistán, busca sellar un pacto con Irán tras la operación militar conjunta con Israel de febrero pasado. Irán, que cerró el estrecho como represalia, es la otra firma indispensable.
  • ¿Qué impacto tiene? Si se confirma, se desbloquearía cerca de un cuarto del tráfico marítimo mundial de petróleo y GNL, aliviando la presión sobre los precios de la energía. El desmentido iraní mantiene, de momento, la crisis abierta.

Donald Trump ha vuelto a jugar al despiste estratégico. En un post en su red Truth Social, el presidente estadounidense anunció la noche del sábado que el acuerdo de paz con Irán se firmará el domingo 14 de junio y que, acto seguido, el estrecho de Ormuz quedará ‘abierto para todos’. Horas más tarde, el portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmail Baghaei, negó categóricamente que la firma vaya a producirse este fin de semana, aunque dejó la puerta abierta a un pacto ‘en los próximos días’.

La secuencia es ya una marca de la casa Trump: un anuncio grandilocuente que fuerza la realidad, seguido de un desmentido de la otra parte que, sin embargo, no descarta el acuerdo. Analizamos una operación de alta tensión diplomática donde cada palabra cuenta, y donde los mercados energéticos globales contienen la respiración.

El doble pulso: Trump anuncia, Irán desmiente

El anuncio de Trump no fue un tuit improvisado, sino una declaración con detalles muy concretos. ‘El acuerdo se firma mañana’, escribió, refiriéndose al domingo 14. ‘Inmediatamente después, el estrecho de Ormuz queda abierto para todos’. Añadió que el pacto impedirá que Irán obtenga armas nucleares ‘ya sea mediante compra, desarrollo o cualquier otra forma de adquisición’, y que Estados Unidos tomará posesión del uranio enriquecido iraní para ‘diluirlo y destruirlo’.

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Teherán, mientras tanto, movió ficha con rapidez. Su portavoz Baghaei fue rotundo: ‘No ocurrirá mañana’. Pero a region seguido introdujo el matiz que lo cambia todo: ‘No se puede descartar la posibilidad de que tenga lugar en los próximos días’.

En medio de este cruce, el primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, país que ejerce de mediador en las conversaciones, se alineó con la versión de Washington al afirmar el sábado que un acuerdo es ‘probable en las próximas 24 horas’. La triangulación es perfecta. Estados Unidos anuncia, Pakistán lo confirma, e Irán dice que no, pero sin cerrar la puerta. Algo se cuece.

La triangulación es perfecta: Estados Unidos anuncia, Pakistán lo confirma, e Irán dice que no. Pero no cierra la puerta. Algo se cuece.

Lo que dice (y lo que omite) el acuerdo sobre la mesa

Baghaei fue más allá en sus declaraciones y reveló la arquitectura básica del memorando de entendimiento que se está redactando. Según Teherán, el texto se centrará exclusivamente en poner fin al conflicto entre Estados Unidos e Irán. ‘La cuestión nuclear no se abordará’, aseguró. Es decir, lo que Trump vende como una claudicación iraní en lo atómico, Irán lo presenta como un simple armisticio con un capítulo nuclear aplazado.

De acuerdo con la versión iraní, el memorando dará a ambas partes un plazo de 60 días para negociar el futuro del programa nuclear de Irán. Además, incluirá el fin de las operaciones israelíes en Líbano. No es, por tanto, el ‘acuerdo del siglo’ que pregona Trump, sino un alto el fuego con fecha de caducidad para las conversaciones nucleares y un gesto hacia Hezbolá.

Trump, por su parte, ha querido dejar claro que ‘no habrá intercambio de dinero’, en alusión a que Estados Unidos no descongelará activos iraníes, a diferencia de lo ocurrido con el acuerdo nuclear de 2015. Una línea roja para el ala más dura del Partido Republicano y para Israel.

La gran incógnita es la reapertura del estrecho de Ormuz. Si Irán acepta el memorando, el paso se reabriría de forma inmediata, aliviando una crisis que ha disparado el precio del barril de Brent por encima de los 120 dólares y ha puesto contra las cuerdas a las economías europeas, especialmente dependientes del crudo de Oriente Medio.

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estrecho de Ormuz

Equilibrio de Poder

Lo que observamos es una maniobra de manual trumpista: forzar una realidad alternativa con un anuncio, mover el foco mediático y colocar a la contraparte en la posición incómoda de desmentir una paz. Pero más allá de la táctica comunicativa, el movimiento tiene implicaciones estratégicas de primer orden para el eje Estados Unidos-Irán-Unión Europea.

Para Washington, la reapertura de Ormuz es una cuestión de credibilidad. Tras la operación militar conjunta con Israel de finales de febrero —que provocó el cierre iraní del estrecho como represalia—, la administración Trump necesita demostrar que su política de ‘máxima presión’ puede también ofrecer resultados. La promesa de diluir el uranio enriquecido iraní es un guiño directo a sus bases y a Tel Aviv, aunque la letra pequeña que revela Teherán deje ese punto para una segunda fase.

Para Irán, la situación es igualmente delicada. El cierre del estrecho ha sido su principal baza de presión, pero también lo ha aislado económicamente. Aceptar un memorando que no aborde el programa nuclear le permite ganar tiempo —60 días— y presentar el acuerdo como una victoria política que detiene la guerra sin ceder en lo esencial. De ahí que el desmentido sea más un gesto hacia su opinión pública que una negativa definitiva.

El impacto para España y la Unión Europea es directo e inmediato. El estrecho de Ormuz canaliza aproximadamente una quinta parte del petróleo y un cuarto del gas natural licuado que consume el mundo. Su reapertura aliviaría la factura energética de las empresas y los hogares europeos, precisamente en un momento en que Moncloa libra su propia batalla presupuestaria con Bruselas y con Washington por el incremento del gasto en defensa. Como ya analizamos en su día, la crisis de Ormuz elevó el precio de la luz en España a niveles de la crisis energética de 2022, tensionando las cuentas del Plan de Recuperación.

El riesgo inmediato es una nueva frustración del acuerdo. Recordemos los precedentes: la cumbre de Hanói de 2019 entre Trump y Kim Jong-un terminó sin acuerdo tras un anuncio similar de inminente pacto. La credibilidad de este proceso dependerá de si Teherán y Washington son capaces de alinear sus calendarios y, sobre todo, de si Israel —al que Baghaei acusa abiertamente de ‘buscar descarrilar el acuerdo’— permite que el memorando prospere sin forzar una escalada en Líbano. La próxima ventana crítica se abre hoy, con el supuesto día de la firma que Irán niega.