Eurodiputados evalúan el progreso de los Balcanes Occidentales hacia la ampliación UE

La comisión de Asuntos Exteriores aprobó los informes sobre cinco candidatos con votaciones que van del apoyo entusiasta a la división interna. Montenegro aspira a ser miembro en 2028, mientras Bosnia y Macedonia del Norte arrastran bloqueos políticos que frenan su adhesión.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? La comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento Europeo aprobó este miércoles los informes de progreso sobre la adhesión de cinco países de los Balcanes Occidentales, con votaciones nominales que muestran apoyo pero también división.
  • ¿Quién está detrás? Los eurodiputados, con mayorías variables: Albania (483 votos a favor), Bosnia (478), Montenegro (486), Kosovo (412) y Macedonia del Norte (411). Los ponentes de cada informe representan a distintos grupos políticos.
  • ¿Qué impacto tiene? Queda fijada una hoja de ruta con ambiciones dispares: Montenegro aspira a ser miembro en 2028, Albania quiere cerrar negociaciones en 2027, mientras Bosnia y Macedonia del Norte se estancan por bloqueos políticos internos.

La ampliación de la Unión Europea a los Balcanes Occidentales vive una nueva sacudida de realidad. Los informes aprobados este miércoles por la comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento Europeo trazan un mapa de velocidades múltiples: mientras Montenegro y Albania aceleran hacia la meta comunitaria, Bosnia y Herzegovina, Kosovo y Macedonia del Norte se enredan en bloqueos que preocupan a Bruselas. Las votaciones nominales, con márgenes que van desde la contundencia hasta el empate técnico, desnudan que la unanimidad del club sigue siendo un espejismo.

Montenegro y Albania, los alumnos aventajados de la ampliación

Con 486 votos a favor, 101 en contra y 75 abstenciones, el informe sobre Montenegro celebra un optimismo nada disimulado. El país balcánico no solo ha acelerado las reformas exigidas por Bruselas, sino que ha fijado una ambición concreta: cerrar las negociaciones a finales de 2026 y convertirse en el 28.º Estado miembro en 2028. Los eurodiputados valoran ese compromiso, pero recuerdan que la orientación estratégica europea y la defensa de la independencia estatal son criterios políticos tan decisivos como los capítulos técnicos. Es la primera vez que la Eurocámara pone una meta temporal tan explícita sobre la mesa para uno de los candidatos de la región.

Albania no se queda atrás. Con 483 votos a favor, 103 en contra y 70 abstenciones, los eurodiputados aplauden el rápido progreso de los últimos años, pero lanzan varias advertencias. La polarización política interna, la necesidad de consolidar el Estado de derecho y la lucha anticorrupción siguen siendo lastres. El texto reconoce la ambición albanesa de cerrar las negociaciones de adhesión a finales de 2027, pero advierte: será la calidad de las reformas, y no la prisa, la que marque el calendario real.

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Bosnia, Macedonia del Norte y Kosovo: la parálisis política frena las aspiraciones europeas

El caso de Bosnia y Herzegovina es el más inquietante para los diplomáticos comunitarios. Con 478 votos a favor, 116 en contra y 54 abstenciones, los eurodiputados reafirman su apoyo a la integridad territorial y a la adhesión, pero exigen que los líderes políticos bosnios dejen de una vez el obstruccionismo y los vetos por motivos partidistas. Sin reformas democráticas profundas y un fin a la retórica divisiva, la candidatura bosnia seguirá atascada. La Eurocámara es diáfana: el compromiso con la UE exige un cambio de actitud inmediato, no promesas aplazadas.

En Macedonia del Norte, la situación refleja una paradoja peligrosa. Con 411 votos a favor, 120 en contra y 120 abstenciones –un empate técnico en el rechazo y la indiferencia–, el informe lamenta la falta de avances desde el año pasado. El país sigue sin adoptar las enmiendas constitucionales necesarias para abrir el primer grupo de negociación. Sin cooperación entre partidos y un compromiso renovado, el camino europeo se desdibuja mientras el reloj geopolítico avanza.

Kosovo presenta un escenario distinto pero igualmente complejo. Con 412 votos a favor, 174 en contra y 58 abstenciones, los eurodiputados reconocen el compromiso kosovar con la solicitud de adhesión, pero muestran preocupación porque el país lleva más de un año sin formar un legislativo y un gobierno funcionales. La normalización de relaciones con Serbia y la aplicación de los acuerdos de Bruselas y Ohrid siguen siendo condiciones indispensables para cualquier avance tangible.

La ampliación a los Balcanes Occidentales no es un debate técnico aburrido: es la línea de frente donde la UE se juega su credibilidad frente a la influencia rusa y china.

El Eje del Poder Europeo

Tras estas votaciones se esconde una tensión que recorre los pasillos del Berlaymont y de las cancillerías. El eje franco-alemán, tradicionalmente escéptico ante nuevas ampliaciones sin antes una reforma institucional profunda, observa con cautela los plazos de Montenegro y Albania. París insiste en que la UE no puede absorber nuevos miembros sin haber resuelto su propio funcionamiento interno. Berlín, aunque más favorable a la ampliación como ancla de estabilidad, exige condicionalidad estricta. Mientras, los países del sur, con España a la cabeza, apoyan históricamente la puerta abierta a los Balcanes, pero alertan de que la cohesión económica no puede diluirse en un club a varias velocidades. Y en el flanco oriental, la sombra de Rusia y de China convierte cada retraso en una oportunidad para Pekín y el Kremlin.

El impacto para España es sutil pero significativo. Nuestro país, que presidió el Consejo durante la anterior ronda de ampliación, defiende que la integración de los Balcanes Occidentales es una cuestión de seguridad europea. Sin embargo, la perspectiva de nuevos receptores netos de fondos de cohesión inquieta a las regiones españolas que aún se benefician de los programas actuales. La posición de Moncloa, de momento, es de apoyo con condiciones: sí a la ampliación, siempre que se respete el Estado de derecho y no se vacíen las partidas de cohesión que tanto necesita la periferia mediterránea.

En perspectiva histórica, estas evaluaciones de la Eurocámara recuerdan a los informes que precedieron a la gran ampliación de 2004, pero con un matiz crucial: entonces la UE tenía un relato geopolítico claro tras la caída del Muro, y ahora lidia con una fatiga interna que se traduce en mayor exigencia hacia los candidatos. La lectura a cinco o diez años es incierta. Montenegro podría ser miembro en 2028, como sueña, pero ¿está la UE preparada para un club de 30 o más? Sin reformas institucionales y un consenso entre los Veintisiete, los plazos de adhesión corren el riesgo de convertirse en papel mojado. La próxima cumbre del Consejo Europeo, prevista para finales de este año, será el primer test real de si los líderes están dispuestos a convertir este análisis en hechos.

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