OQC instala en Barcelona el mayor centro de computación cuántica del sur de Europa

La compañía británica invertirá 92 millones de euros y creará 210 empleos cualificados en los próximos cinco años. El proyecto, respaldado por Govern, Gobierno y Ayuntamiento, arrancará en el último trimestre de 2026.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿A quién afecta? Al ecosistema tecnológico de Barcelona, profesionales cuánticos y sectores como IA, finanzas, salud y energía que ganarán capacidad de computación avanzada.
  • ¿Cuándo ocurre? La instalación arranca en el cuarto trimestre de 2026 y se desplegará durante los próximos cinco años.
  • ¿Qué cambia hoy? OQC convierte a Barcelona en su primer centro de desarrollo y fabricación cuántica a escala mundial, con 210 empleos cualificados y una inversión directa de 92 millones de euros.

Oxford Quantum Circuits (OQC) ha elegido Barcelona para levantar el centro de computación cuántica más grande del sur de Europa. La compañía británica, surgida como spin-off de la Universidad de Oxford, invertirá 92 millones de euros en unas instalaciones que generarán 210 puestos de trabajo altamente cualificados en los próximos cinco años. Se trata de su primer emplazamiento en la Unión Europea y, a la vez, el primer centro global de desarrollo y fabricación propia de la empresa.

La apuesta de OQC por Barcelona

El nuevo centro, bautizado como ‘OQC Global Quantum Development & Manufacturing Centre’, dedicará su actividad al diseño, la investigación y la producción de ordenadores cuánticos de nueva generación. La electrónica superconductora que impulsa la firma de Reading busca dar respuesta a la creciente demanda de capacidad de cálculo en sectores como la inteligencia artificial, las finanzas, la salud y la energía. Las obras arrancarán en el cuarto trimestre de 2026 y contarán con laboratorios, zonas de oficina y un área de montaje e integración técnica.

OQC acaba de cerrar una ronda de inversión de Serie C cercana a los 300 millones de euros, la más cuantiosa lograda hasta ahora por una empresa cuántica europea. En esa operación, COFIDES —gestora público-privada— ha inyectado 46 millones a través del Fondo de Coinversión (FOCO), vinculado al Plan de Recuperación español. La cifra explica, en buena medida, la decisión de desembarcar en la capital catalana.

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El papel de las administraciones

Detrás de la llegada de OQC hay una coreografía institucional que ha implicado a Generalitat, Gobierno central y Ayuntamiento. La agencia ACCIÓ del Departament d’Empresa i Treball ha facilitado los contactos con el ecosistema local, mientras que Barcelona Investment Office y Barcelona & Partners, el brazo de atracción de inversiones de Barcelona Global, han tejido el acuerdo sobre el terreno. El vicepresidente primero del Gobierno, Carlos Cuerpo, ha celebrado la operación como una prueba de que “España se está convirtiendo en un polo en materia cuántica”.

Salvador Illa, presidente de la Generalitat, ha aprovechado el anuncio para subrayar que “cuando Catalunya se lo propone y trabajamos juntos, somos imparables”. Illa ha insistido en el valor del talento europeo y en la necesidad de “colaboración de las administraciones con el sector privado”, un modelo que, recuerda, ya resultó clave para las Olimpiadas o el Mobile World Capital. El ejecutivo de OQC, Gerald Mullally, ha admitido que Barcelona fue la opción preferida porque ofrecía “el mayor equilibrio entre talento, ecosistema y conectividad internacional”.

Barcelona se convierte en el polo cuántico del sur de Europa justo cuando la soberanía tecnológica exige infraestructura propia.

Qué significa para el ecosistema cuántico europeo

La decisión de OQC no es un aterrizaje aislado. Cataluña aspira a consolidarse como un nodo de referencia en la cadena de valor cuántica, un terreno en el que compite con hubs como París, Múnich o Delft. El nuevo centro abre la puerta a que otras empresas de deep tech sigan el mismo camino y refuercen la autonomía tecnológica europea en un ámbito donde la dependencia de terceros países es ya una preocupación estratégica. La presencia de talento investigador —la Universidad de Oxford es solo una de las fuentes— y las infraestructuras de conectividad mediterránea pesan en la balanza.

La planta de Barcelona trabajará con un modelo híbrido: diseñará y fabricará hardware cuántico, pero también lo integrará en sistemas accesibles en remoto. OQC es el primer proveedor europeo de Computación Cuántica como Servicio (QCaaS), lo que significa que sus ordenadores podrán usarse desde cualquier parte del mundo. Un negocio que, en 2026, se mueve a velocidades cuánticas, nunca mejor dicho.

Que el centro eche a andar en el último trimestre del año da a Barcelona una ventana de oportunidad en un mercado que, según los analistas, se multiplicará en la próxima década. La apuesta de OQC, en definitiva, no solo crea empleo: dibuja una nueva frontera tecnológica para la ciudad.