El lapsus de Feijóo al decir ‘Illo Tupuria’: Óscar Puente lo ridiculiza y reabre el debate sobre su comunicación

El ministro Puente convierte un simple error de pronunciación en un símbolo de las debilidades del dirigente gallego. La polémica reabre el debate sobre la capacidad de Feijóo para conectar con la España más allá de Galicia.

Un lapsus de apenas unos segundos en El Hormiguero ha descolocado este viernes 20 de junio la ya frágil comunicación de Alberto Núñez Feijóo. El líder del PP quiso enviar un abrazo a Ilia Topuria, el luchador hispano-georgiano que perdió su combate en la UFC, pero pronunció su nombre como “Illo Tupuria”. El error, que podría haber quedado en anécdota, fue amplificado con un hábil tuit del ministro Óscar Puente que reabre el debate sobre la capacidad del ex presidente de la Xunta de Galicia (el gobierno autonómico gallego) para conectar con el electorado nacional.

La velada en que Topuria cayó ante Justin Gaethje en la histórica UFC Freedom 250 —celebrada en la Casa Blanca— dejó un reguero de conmoción. El excampeón terminó hospitalizado con fracturas nasales y óseas, y Feijóo quiso hilar un gesto de apoyo en el programa de Pablo Motos. “Quiero mandarle un abrazo a Ilia Topuria y decirle que sigue siendo el mejor del mundo”, afirmó. Pero la cadencia con la que soltó “Illo Tupuria” —un desliz que en su Galicia natal habría sonado a anécdota simpática— se volvió munición política al instante.

El lapsus en El Hormiguero y la respuesta inmediata de Puente

La emisión de la entrevista, la noche del jueves 19 de junio, colocó el fragmento en todas las terminales de redes. Feijóo intentaba conectar con la emoción de un país volcado con el luchador, pero la dicción jugó en su contra. En menos de una hora, Óscar Puente, ministro de Transportes, lanzó un tuit que ya es tendencia nacional: “Illo Tupuria. Si el problema no lo tienes con el inglés, Alberto. Lo tienes con la lengua, en general”. El sarcasmo era quirúrgico y la ironía, nítida.

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Puente ha hecho de la red social X su principal trinchera. No era la primera vez que disparaba contra el dirigente popular, pero esta vez convirtió una equivocación lingüística en la metáfora de una oposición sin filo. La bofetada digital desplazó las conversaciones sobre la gesta deportiva y situó a Feijóo en el centro de la polémica, justo cuando el PP intentaba mantener un perfil conciliador ante la recuperación del peleador.

Un golpe político calculado que desplaza la conversación nacional

El tuit de Puente funcionó como un auténtico conmutador de agenda. En cuestión de minutos, las menciones a “Illo Tupuria” superaron las referencias al propio Topuria. La estrategia era reconocible: Puente lleva semanas explotando la supuesta falta de preparación de Feijóo, y el episodio le sirvió para engrasar esa narrativa con la munición exacta que demanda el formato viral. El resultado fue inmediato: el ministro se hizo con los memes, las réplicas y el foco político.

El lapsus en El Hormiguero no es un accidente aislado; es la enésima muestra de que la comunicación de Feijóo, tan eficaz en la Galicia de las mayorías absolutas, se difumina en la arena nacional.

Mientras Topuria había peleado “completamente ciego” durante dos asaltos —reveló Motos—, Feijóo parecía incapaz de articular correctamente el nombre del deportista. El contraste, subrayado por la ola de reacciones, reabrió el eterno debate sobre el estilo de oposición del PP: prudente y poco dado al cuerpo a cuerpo hasta que una grieta inesperada lo deja expuesto. Y en esta ocasión, la grieta fue una sílaba.

El Laboratorio Gallego

Alberto Núñez Feijóo forjó su carrera política a lomos de un modelo de gestión que hizo del PP de Galicia la formación más estable de España: cuatro mayorías absolutas, una comunicación medida al milímetro y la imagen de un presidente de la Xunta que nunca cometía deslices. Aquel perfil, cimentado en la Galicia del “sentidiño” y la moderación, ha empezado a resquebrajarse desde que dio el salto a la política nacional. El episodio “Illo Tupuria” es el último de una serie de tropiezos comunicativos que han ido alejando la percepción del ex presidente gallego de la eficacia que le atribuían sus antiguos votantes.

La lectura desde Galicia es tan nítida como incómoda para el PP. En la comunidad donde se ensayó el manual del buen gobernante —control del mensaje, exposición reducida, tono institucional—, la llegada a Madrid ha forzado a Feijóo a un registro más acelerado, más televisivo y, a menudo, más propenso al error. La estrategia de desgaste de Puente aprovecha exactamente ese desajuste: golpea donde la armadura gallega no protege. La pregunta que circula en los mentideros del Parlamento de Galicia (la cámara legislativa unicameral con 75 deputados) es si el líder popular será capaz de recuperar el aplomo que lo encumbró o si, como temen algunos barones, cada nuevo lapsus diluye la leyenda del laboratorio gallego.

Con las próximas elecciones generales todavía lejanas en el calendario, el tiempo juega a favor de que Feijóo pueda reconstruir su imagen comunicativa. No obstante, episodios como el de este 20 de junio demuestran que el altavoz nacional amplifica los fallos con una virulencia desconocida en la política autonómica. El desafío para el ex presidente de la Xunta es, ahora, transformar la solidez gestual de sus años en Galicia en un discurso nacional que resista los zarpazos de una oposición digital cada vez más afilada.

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Ficha del Caso

  • El caso: Alberto Núñez Feijóo cometió un error de pronunciación al citar a Ilia Topuria en El Hormiguero, diciendo ‘Illo Tupuria’, y el ministro Óscar Puente lo ridiculizó con un tuit que reabre el debate sobre la comunicación del líder del PP.
  • Datos importantes: El lapsus ocurrió en el programa emitido el 19 de junio de 2026, en un contexto de alta emoción tras la derrota y hospitalización de Topuria. El tuit de Puente se volvió tendencia nacional en cuestión de minutos.
  • Resumen: El episodio expone las debilidades de Feijóo al trasladar el eficaz estilo comunicativo gallego al escenario nacional y demuestra cómo Puente explota la viralidad para marcar la agenda política.