Ada Colau ha confirmado este domingo que no será candidata a ningún cargo en las próximas elecciones municipales de Barcelona. Desde el eje verde de Consell de Cent, la exalcaldesa asegura estar aún procesando los costes personales de haber liderado la ciudad durante ocho años y ofrece su experiencia para construir una lista amplia de izquierdas.
La declaración llega en un momento de reconfiguración del espacio progresista en la capital catalana. El socialista Jaume Collboni gobierna desde 2023 con el respaldo de los comunes, el partido de Colau, Barcelona en Comú, en una alianza que ha estabilizado la legislatura tras un arranque convulso. La exalcaldesa, sin embargo, se retira de la primera línea sin renunciar a influir: “Todo el mundo que pueda hacer que haga”, ha dicho parafraseando a Aznar, pero aplicándolo a la unidad de la izquierda y “sin ilegalidades”.
Colau no esconde las heridas. “Aun estoy procesando los costes personales de ser alcaldesa”, ha justificado en una entrevista concedida a EL PAÍS. Su salida de la candidatura a la alcaldía abre un vacío en el liderazgo de Barcelona en Comú y, al mismo tiempo, despeja el camino para que otros nombres emerjan en un espacio electoralmente debilitado tras los últimos comicios.
Un adiós que no es una claudicación
Lejos de anunciar un repliegue definitivo, Colau tiende la mano a una confluencia amplia de las fuerzas de izquierdas que, en su opinión, deben superar la fragmentación para frenar lo que considera una amenaza: “Deseo que fuera una coalición pero, como mínimo, veo necesaria una unidad programática y actos en común”. La fórmula que plantea evoca las alianzas que , en 2015, le permitieron conquistar la alcaldía con una coalición de los comunes, el PSC y otras formaciones, aunque entonces los socialistas quedaron como tercera fuerza.
La situación actual es radicalmente distinta. El PSC de Collboni fue la fuerza más votada en 2023, aunque por estrecho margen, y ya no necesita de complejos pactos multipartitos para sobrevivir: el acuerdo de gobernabilidad con los comunes le proporciona una mayoría suficiente. Sin embargo, la amenaza electoral de fuerzas independentistas o de la derecha PP y Vox sigue siendo real, y la división de la izquierda podría dispersar un voto que, unido, resultaría más eficaz. Es aquí donde el movimiento de Colau cobra sentido estratégico.
La retirada de Colau no es una derrota del proyecto común, sino una oportunidad para rearmar el espacio sin los costes personales de una figura que ya ha dado todo.
El PSC, alfil de la gobernanza progresista en Barcelona
El alcalde Collboni ha construido una imagen de gestor pragmático que ha sabido tejer alianzas tanto con los comunes como, puntualmente, con ERC para cuestiones de calado. Su gobierno municipal ha impulsado políticas de vivienda, movilidad sostenible y transición ecológica que, en buena medida, recogen la herencia programática del mandato de Colau. Eso sí, sin el tono rupturista que caracterizó a la exalcaldesa. La oferta de Colau de sumar experiencia y no pugnar por el liderazgo puede interpretarse como un gesto de conciliación hacia ese PSC que hoy pilota la ciudad.
Desde Ferraz, la cúpula socialista ha seguido con atención la evolución del Ayuntamiento de Barcelona. Mantener la capital catalana bajo el paraguas del PSC es una baza de primer orden para el proyecto federal del PSOE. Una eventual confluencia de izquierdas que incluya a los socialistas, los comunes y tal vez otras sensibilidades —como una parte del independentismo pragmático— podría blindar una mayoría amplia de progreso en 2027, siempre que las piezas encajen sin fisuras. Pero la ecuación no es sencilla: los comunes deberían aceptar un papel subalterno, y el PSC tendría que ceder en aspectos programáticos que pueden causar ruido entre su electorado más centrado.

El Eje del Poder Socialista
Detrás del movimiento de Colau se adivina un pulso soterrado entre dos lógicas: la de la militancia que quiere mantener la identidad propia de los comunes y la de un sector técnico que lee los números y sabe que, sin el PSC, la izquierda alternativa puede perder la alcaldía. El mismo dilema que vivieron los socialistas en otras plazas. Fuentes del PSC consultadas por Moncloa.com no ocultan que ven con buenos ojos cualquier iniciativa que refuerce la mayoría de izquierdas, pero advierten que cualquier plataforma conjunta deberá pivotar sobre el programa del actual gobierno municipal y no diluir las siglas socialistas.
En clave territorial, la salud del progresismo en Barcelona es un termómetro para Cataluña y para el conjunto de España. La ciudad condal ha sido en los últimos quince años un laboratorio de políticas urbanas avanzadas: desde la regulación del alquiler turístico hasta las supermanzanas. Perder ese bastión significaría un duro revés no solo para los comunes, sino para el PSOE, que ha colocado a Barcelona como uno de los feudos simbólicos de su acción de gobierno. Mientras tanto, en Madrid u otras grandes capitales, la derecha sigue al acecho, y cualquier síntoma de división se paga en votos.
El precedente histórico más cercano es el que condujo a la investidura de Collboni en 2023: un pacto de geometría variable que necesitó del concurso del PP para arrancar y luego se deshizo. Aquella maniobra dejó cicatrices en la izquierda. Ahora, con la vista puesta en 2027, la prioridad es no repetir errores. Por eso, el anuncio de Colau, aunque en apariencia sea un repliegue personal, puede esconder una apuesta táctica: permitir que los comunes negocien desde una posición de mayor flexibilidad y menos sobreexposición mediática, mientras se teje un armazón electoral que responda a la correlación de fuerzas real.
🌹 El Apunte de Ferraz
- Mensaje fuerza: La unidad de la izquierda sigue siendo la llave para preservar Barcelona como referente de las políticas progresistas frente a la amenaza de la derecha.
- Protagonista: Jaume Collboni (alcalde de Barcelona y líder del PSC en la ciudad).
- Próximo hito: La conformación de las candidaturas municipales de 2027, donde el PSC deberá definir con quién y cómo concurre para retener la alcaldía.
