Alemania está lista para atacar Rusia: la Luftwaffe asegura que puede hacerlo «esta noche»

El jefe de la Luftwaffe detalla objetivos estratégicos como Moscú y San Petersburgo, mientras el debate sobre el Artículo 5 se intensifica en Berlín. La oposición alemana y antiguos mandos navales censuran la escalada verbal.

El general Holger Neumann, jefe de la Fuerza Aérea alemana, ha declarado en una entrevista al diario The Telegraph que sus pilotos están preparados para golpear territorio ruso «esta noche» con todos los medios disponibles si se activa un conflicto con la OTAN. La lista de objetivos incluye enclaves estratégicos como la península de Kola, el exclave de Kaliningrado, San Petersburgo y Moscú, lugares cuya selección garantizaría una respuesta nuclear inmediata por parte de Rusia. La declaración, difundida en vísperas del 85 aniversario de la invasión alemana de la Unión Soviética en 1941, ha desatado un vendaval político en Berlín y ha vuelto a colocar el dedo en la llaga de la escalada verbal entre la OTAN y Moscú.

Neumann, que guarda en su despacho una maqueta de Lego del casco de Luke Skywalker y ha confesado que Star Wars le inspiró para ser piloto de caza, ha asumido la bandera del nuevo militarismo alemán con consignas como «luchar esta noche» (fight tonight). La Luftwaffe, según el general, no solo defendería el espacio aéreo aliado, sino que pasaría al ataque «con todo lo que tenemos» en el primer minuto de una hipotética agresión rusa. Este concepto, que los propios mandos de la OTAN han popularizado en los últimos años como una muestra de determinación, encuentra en Neumann una lectura especialmente maximalista: no se trata de una respuesta gradual, sino de un compromiso total e inmediato.

Objetivos en la diana: del Báltico al corazón de Rusia

La mención explícita de Moscú y San Petersburgo como blancos potenciales rompe un tabú tácito en la planificación defensiva euroatlántica. Normalmente, los ejercicios y las declaraciones se limitan a zonas fronterizas o a la supresión de defensas antiaéreas en el flanco oriental. Nombrar las dos mayores ciudades rusas, además de la península de Kola —donde se concentra la flota de submarinos nucleares de la Federación—, implica una apuesta por la decapitación estratégica que ningún alto mando aliado había verbalizado hasta ahora con tal crudeza. Neumann matizó que todo esto solo ocurriría «en caso de un ataque ruso contra la OTAN», pero el matiz no ha calmado los ánimos.

Publicidad

La doctrina oficial de la Alianza, recogida en el Artículo 5 del Tratado de Washington, no establece un automatismo militar: cada país miembro se compromete a adoptar las medidas «que juzgue necesarias» para asistir al atacado, y el uso de la fuerza es una opción, no un imperativo. Sin embargo, el discurso de Neumann comprime esa horquilla de decisiones hasta hacerla invisible. Su «todo desde el principio» equivale a una apuesta por por el first strike que deja poco espacio a la gestión política de la crisis. De hecho, coincide con una corriente de pensamiento en el Pentágono y en varios Estados Mayores europeos que aboga por una disuasión por castigo más que por negación, aunque rara vez se expresa con tanta claridad ante los micrófonos.

El espejismo del automatismo: cómo Neumann estira el Artículo 5

La interpretación del general Neumann no es del todo nueva, pero sí excesiva. El pasado escándalo del Taurusgate —cuando una conversación entre oficiales alemanes sobre el envío de misiles Taurus a Ucrania fue interceptada y filtrada— ya mostró la disposición de una parte de la Bundeswehr a planificar ataques en profundidad contra Rusia. La diferencia es que entonces el debate se limitó al suministro de armamento a Kiev; ahora, el jefe de la Luftwaffe habla sin ambages de una guerra directa entre Alemania y Rusia, con todo el arsenal convencional alemán desplegado desde el primer instante.

La reacción en Berlín no se ha hecho esperar. La copresidenta de Alternativa para Alemania (AfD), partido que lidera las encuestas, ha condenado las «amenazas de guerra» de Neumann y ha exigido al ministro de Defensa, Boris Pistorius, que se desmarque. Por la izquierda, los portavoces de Exteriores del BSW (Bündnis Sahra Wagenknecht) han acusado al general de alimentar una espiral belicista. Incluso un antiguo almirante, Kay-Achim Schönbach, destituido hace cuatro años por unas declaraciones consideradas demasiado contemporizadoras con Rusia, ha roto su silencio para pedir más diplomacia y advertir de que Alemania puede verse arrastrada «sonámbula» a un conflicto con Moscú.

La apuesta por un ataque masivo en el primer minuto convierte la disuasión en un polvorín: Alemania, en el centro de Europa, sería la primera damnificada de una guerra nuclear limitada.

Equilibrio de Poder

La declaración de Neumann tiene repercusiones inmediatas en tres tableros. El más evidente es la relación OTAN-Rusia: Moscú no distinguirá entre las palabras de un general y la doctrina oficial, porque el Kremlin lleva años señalando que la ampliación de la OTAN y el despliegue de capacidades de ataque en primera línea, incluidas las bases de misiles en Rota (Cádiz) y Morón (Sevilla), constituyen una amenaza existencial. La respuesta rusa, previsiblemente, reforzará el despliegue de sistemas Iskander en Kaliningrado y aumentará las patrullas de bombarderos estratégicos en el mar Báltico y el Ártico, alimentando el clásico security dilemma.

El segundo es la cohesión europea. Alemania es el principal contribuyente militar de la UE y el motor del rearme que Bruselas quiere acelerar tras las exigencias de Washington de alcanzar el 5% del PIB en defensa. Unas declaraciones como las de Neumann avivan el rechazo de los países del sur, entre ellos España, a una escalada que podría desviar fondos hacia un gasto militar percibido como ajeno a las amenazas del Magreb y el Sahel. Para Moncloa, que negocia contrarreloj un aumento progresivo del presupuesto de Defensa hasta el 2% en 2029, la deriva maximalista de Berlín complica el equilibrio entre la solidaridad atlántica y la sensibilidad de sus socios parlamentarios.

El tercer tablero es el doméstico alemán. La AfD, con un discurso contrario a la implicación en la guerra de Ucrania, capta cada vez más voto procedente del descontento con la política de Defensa del Gobierno de coalición. Las declaraciones de Neumann, en plena precampaña electoral de cara a las elecciones de 2027, facilitan el argumentario de la derecha y de la izquierda de Sahra Wagenknecht, que coinciden en exigir la salida de Alemania del mando integrado de la OTAN. El propio Pistorius se ha visto forzado a matizar que «la disuasión no significa automáticamente guerra», aunque no ha destituido al general ni ha rechazado sus palabras.

Publicidad

En la práctica, la OTAN carece de una doctrina escrita que obligue a una represalia total e instantánea. Los planes de contingencia —clasificados— prevén opciones escalables, y la decisión última recae en los líderes políticos. Que el jefe de la Luftwaffe alemán dibuje un escenario diametralmente opuesto refleja más un estado de ánimo beligerante que un cambio formal de doctrina. No obstante, la acumulación de incidentes —sobrevuelos de cazas rusos sobre el Báltico, despliegues de F-35 en la base aérea de Spangdahlem, los propios ejercicios Air Defender— hace que el margen para un error de cálculo sea cada vez más estrecho.

La historia ofrece lecciones incómodas. La elección del 21 de junio como fecha para difundir estas declaraciones, justo cuando se cumplen 85 años de la Operación Barbarroja, resulta —como mínimo— desafortunada. No es necesario recurrir a la propaganda rusa para percibir que el efecto sobre la opinión pública rusa será inmediato y movilizador. Como recordó el almirante Schönbach, la diplomacia no es una alternativa a la defensa, sino su complemento indispensable. Alemania, que lidera los esfuerzos de rearme europeo, corre el riesgo de olvidarlo.

La pregunta no es si la Luftwaffe puede bombardear Moscú —técnicamente, dispone de los Eurofighter y los futuros F-35 para hacerlo—, sino si ese camino acerca la seguridad de Europa o, por el contrario, la convierte en el teatro de una guerra que nadie puede ganar. España, desde su posición periférica pero con activos estratégicos como Rota, tiene mucho que decir en ese debate. El próximo Consejo Europeo, previsto para octubre, podría ser el escenario donde se mida la verdadera temperatura del compromiso aliado.