Operación Cuba Trump: el ‘Modelo Delcy’ aterriza en La Habana con la CIA y el nieto de Raúl Castro

El director de la CIA, John Ratcliffe, voló en mayo a La Habana para reunirse con el nieto de Raúl Castro y jefes de inteligencia. La estrategia busca aplicar el 'Modelo Delcy' venezolano, pero las diferencias estructurales auguran un conflicto de largo aliento.

John Ratcliffe voló a La Habana en mayo pasado. No fue una visita diplomática. El director de la CIA se reunió con el nieto de Raúl Castro y con los jefes de la inteligencia cubana para trasladarles un recado de alto voltaje: tras el éxito de la operación en Venezuela, Washington quiere aplicar el mismo libreto en la isla. Le adelanto que el plan, bautizado extraoficialmente como la Operación Cuba Trump, se inspira en lo que ya se conoce como el ‘Modelo Delcy’.

La operación venezolana de enero de 2026 consistió en presionar hasta forzar la salida de Nicolás Maduro y pactar con su número dos, Delcy Rodríguez, que aceptó encabezar una transición a cambio de garantías empresariales. Ahora, según el análisis de Javier Corrales en Lawfare, Ratcliffe instó a la cúpula castrista a ‘tomar nota’ del desenlace venezolano. La apuesta de Langley es que exista un ‘Delcy Rodríguez cubano’ dispuesto a cortar el nudo con la misma lógica transaccional.

El ‘Modelo Delcy’: por qué funcionó en Venezuela

Para entender el desatino estratégico que se prepara hay que desmontar primero el mito del éxito caraqueño. No fue un prodigio de inteligencia, fue la confluencia de una cleptocracia agotada y una contraparte dispuesta a venderse. El chavismo era, en su núcleo, una empresa criminal donde la ideología servía de maquillaje y los negocios con actores extranjeros lubricaban la maquinaria. Cuando la administración Trump apretó las tuercas, Delcy Rodríguez calculó que una rendición negociada le ofrecía mejores perspectivas que la lealtad a Maduro.

Publicidad

Esa facilidad para la defección no es extrapolable. En Venezuela, la élite militar y civil dependía de las rentas petroleras; bastó con prometerles que mantendrían sus negocios y su impunidad. El régimen de Caracas jamás interiorizó el embargo como un rasgo de identidad. Maduro había pasado años buscando aliviar las sanciones. Cuba, en cambio, lleva seis décadas blindada contra la exclusión estadounidense. La doctrina del bloqueo no les ahoga: la han convertido en cemento institucional.

Por eso, cuando Ratcliffe aterrizó en La Habana con la oferta de una ‘transición ordenada’, se topó con un interlocutor que no escucha en frecuencias de pánico financiero. Los jefes de inteligencia cubanos (la DI y el MININT) son guardianes de un orden que ha hecho del antiimperialismo su razón de ser. El ‘Modelo Delcy’ requiere un Estado viscoso, comprable. El cubano es rígido, ideológico y orgulloso de su supervivencia.

Me consta por fuentes del oficio que la CIA ha pulsado en el pasado la posibilidad de un ‘ilegal’ arrepentido al más alto nivel, pero siempre se encontró con un muro de desconfianza forjado en sesenta años de guerra sucia, Bahía de Cochinos e intentos de asesinato. El nieto de Raúl Castro, cuyo nombre no ha trascendido, sería la nueva apuesta de Langley como canal directo. Si fracasó en los noventa con oficiales más veteranos, difícilmente cuajará ahora con un heredero formado en el aparato.

El éxito venezolano fue posible gracias a un régimen corrupto que priorizó los negocios a la ideología. Cuba no es una cleptocracia, es una fortaleza ideológica anticuada que lleva seis décadas sobreviviendo sin Washington.

La lectura confidencial es otra. La CIA está aplicando un manual de cambio de régimen diseñado para cleptocracias, no para regímenes totalitarios con base militar. Y el error puede salir caro. Mientras el Kremlin y Pekín refuerzan su presencia en la isla, cualquier movimiento brusco de Washington empuja a La Habana más hacia el eje autoritario. El SVR y el MSS observan la jugada con interés geoestratégico.

La Habana resiste: el error de confundir una cleptocracia con un régimen ideológico

Modelo Delcy

El chavismo nunca tuvo un verdadero ejército propio, solo una guardia pretoriana que se desintegraba si el dinero dejaba de fluir. En Cuba, las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) controlan una porción enorme de la economía: importaciones, turismo, telecomunicaciones. Si entra la inversión estadounidense, ellos pierden su monopolio. No es un pequeño inconveniente: es el fin de su modelo de negocio. No se les compra con promesas de bonanza porque su prosperidad actual depende precisamente de la exclusión de Estados Unidos.

El análisis de Corrales que inspira este artículo enumera cuatro patologías cubanas: comunismo autoritarismo proteccionismo y un neocolonialismo que ha entregado el país a patrones externos, primero la URSS, luego Venezuela y ahora China. A eso añado yo, desde el prisma del oficio, un quinto factor: la experiencia histórica en contrainteligencia. El aparato represivo cubano es uno de los más sofisticados del continente, curtido en detectar infiltraciones desde los tiempos de la Brigada 2506.

Publicidad

Usted se preguntará si existe alguna posibilidad de que la operación funcione. La respuesta corta es: solo si Washington reorienta su fuerza hacia la población, no hacia la élite. Las recientes reformas económicas aprobadas en la Asamblea Nacional —a las que alude el propio texto de Lawfare— demuestran que el régimen siente la presión de las calles, pero también que está dispuesto a hacer cesiones controladas para aliviar el descontento. No van a suicidarse institucionalmente.

El plan de la CIA parece un cuarto de solución: eliminar el comunismo económico sin tocar el autoritarismo político. Para un cubano de a pie, eso solo cambiaría al dueño de la tienda.

En la cumbre de Ratcliffe con el nieto de Raúl Castro se habló, según las fuentes, de un posible ‘golpe de terciopelo’ que replicase el esquema venezolano: un alto cargo que asumiera el mando con respaldo militar, convocase elecciones controladas y abriera la economía a Estados Unidos. Pero el pacto tropezaría con la misma piedra: los generales cubanos no son mercenarios, son ideólogos que ven en la apertura una derrota estratégica.

Dossier Moncloa: Ojos en la Sombra

Desde Moncloa, la operación se sigue con una mezcla de interés y contención. El CNI conoce bien el patio trasero cubano: España es el segundo inversor europeo en la isla y mantiene una red de contactos históricos en la disidencia y en el aparato. Lo que ocurre en La Habana repercute directamente en la estrategia de seguridad de nuestro país. Por eso, fuentes de la Casa de Castelló me confirman que el servicio ha intensificado los informes sobre el tráfico de influencias en el círculo castrista y el papel de los asesores chinos en el MININT.

Vector de amenaza. La operación Cuba Trump se basa en una coacción diplomática de máximo nivel con un fuerte componente HUMINT: el director de la CIA se expone personalmente para seducir a un familiar del ex presidente. No hay hasta ahora evidencia de ciberoperaciones ni de sabotaje económico; la presión es psicológica y política.

Agencias implicadas. El atacante es la CIA, que actúa directamente bajo las órdenes de la Casa Blanca. La defensora es la Dirección de Inteligencia (DI) cubana, con el apoyo del MININT. Los terceros que miran de reojo son el SVR ruso, que ve en Cuba un punto de desestabilización para Washington, el MSS chino, que aspira a ampliar su presencia militar en la isla, y los servicios europeos, con el CNI a la cabeza, que temen una nueva crisis migratoria si la presión descarrila. El nivel de clasificación de la reunión Ratcliffe-Castro debe estimarse como Top Secret/NOFORN, dada la participación directa del director de la CIA y la naturaleza de la operación de cambio de régimen.

El precedente histórico que viene a la mente es la Operación Mangosta de los años sesenta, cuando la CIA utilizó todos los recursos imaginables —envenenamientos, sabotajes, infiltraciones— para liquidar a Fidel Castro, con resultados catastróficos. La diferencia ahora es que Washington no quiere matar a Castro, sino comprarlo. El riesgo, en mi opinión, no es que el plan fracase, sino que provoque una reacción nacionalista que refuerce aún más al régimen y aleje cualquier apertura real. Y si eso ocurre, España estará en primera línea para gestionar las consecuencias humanas.

Verá usted que el ajedrez de la inteligencia rara vez se juega en los titulares. La verdadera partida se desangra en reuniones como la de mayo, en las que media frase fuera de lugar puede alterar décadas de doctrina. Lo he escrito en El quinto elemento: ‘El próximo 11S empezará con un clic’, porque las guerras modernas rara vez se lanzan con misiles. Pero olvidé añadir que también pueden arrancar con un apretón de manos mal calibrado en una sala del MININT. Ojalá me equivoque.