Trump admite que debe mantener a Netanyahu ‘un poco cuerdo’ en las negociaciones con Irán

Trump revela que debe controlar al primer ministro israelí para evitar una escalada militar: “Somos los que tenemos las armas, Israel no existiría sin nosotros”, afirma en una entrevista con Axios.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Donald Trump ha admitido que debe “mantener un poco cuerdo” al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, durante las negociaciones con Irán, en una entrevista concedida a Axios.
  • ¿Quién está detrás? El presidente de Estados Unidos se presenta como el socio mayor que contiene los impulsos de su homólogo, tras varias tensiones telefónicas sobre ataques en Líbano.
  • ¿Qué impacto tiene? La revelación exhibe la dinámica de poder dentro de la alianza y podría influir en la estabilidad de la región, con posibles consecuencias para los mercados energéticos y los intereses españoles.

Donald Trump ha reconocido que debe “mantener un poco cuerdo” a Benjamin Netanyahu en las actuales negociaciones con Irán. Lo ha hecho en una entrevista concedida a Axios tras la cumbre del G7 en Francia, que se emitió el jueves y que ya sacude los cimientos de la relación bilateral.

“La relación es buena, pero tenemos que mantenerlo un poco cuerdo”, confesó Trump al periodista Marc Caputo. La frase, aparentemente improvisada, desvela una dinámica que Trump ha querido dejar clara: Estados Unidos es el socio principal. “Nosotros somos los que tenemos las armas”, subrayó, en referencia a los bombarderos B-2 utilizados contra objetivos iraníes hace meses.

El presidente americano fue aún más lejos al sugerir que, sin su implicación directa, “Israel habría sido aniquilado”. La declaración llega después de semanas de fricciones que, según fuentes citadas por Axios, culminaron en una tensa llamada telefónica a principios de junio.

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El telefonazo que incendió la línea directa

Durante esa conversación, Trump presionó a Netanyahu para que detuviera sus planes de atacar objetivos de Hezbolá en Beirut. “Le dije que estaba loco por la expansión planeada en Líbano”, declaró Trump, en palabras recogidas por NPR. Un alto funcionario estadounidense admitió al mismo medio que el presidente “arrolló” al primer ministro israelí.

Netanyahu, no obstante, ha tratado de minimizar el choque. En una entrevista con CNBC aseguró que ambos líderes pueden “estar en desacuerdo por la mañana y, por la tarde, actuar de forma conjunta”. Pero la exhibición de fuerza del Despacho Oval no deja lugar a dudas sobre quién marca los tempos.

Trump no solo exhibe músculo militar: se erige en el guardián que frena a un aliado testarudo para evitar que una escalada regional descarrile las negociaciones con Teherán.

“Israel no existiría hoy sin nosotros”

Trump vinculó toda la dinámica a la decisión de retirar a Washington del acuerdo nuclear con Irán en 2018 y a las posteriores operaciones encubiertas y bombardeos selectivos que se han intensificado en los últimos meses (la retirada del JCPOA). “De no haberlo hecho, Israel no existiría hoy”, afirmó.

Al ser preguntado directamente si podría impedir que los israelíes atacaran Líbano, su respuesta fue taxativa: “Sí, lo haré”. Y añadió que los líderes israelíes “me tienen mucho respeto y hacen lo que yo digo”. Un despliegue de autoridad que rompe con la diplomacia tradicional y subraya la personalización de la política exterior que caracteriza a esta Administración.

La lógica de Washington

Desde la Casa Blanca, la ecuación es sencilla: Irán sigue siendo el adversario designado y cualquier guerra abierta en el Levante haría saltar por los aires los esfuerzos diplomáticos y militares de los últimos años. Trump necesita que Netanyahu permanezca bajo control para no verse arrastrado a un conflicto que la opinión pública americana rechaza, máxime cuando el relato de “América First” exige evitar nuevas aventuras exteriores.

El precedente recuerda a la dureza con que Ronald Reagan sujetó al primer ministro Menájem Beguin durante el sitio de Beirut en 1982, o al pulso de George H. W. Bush con Isaac Shamir al amenazar con congelar las garantías crediticias si Israel no se retiraba de los territorios ocupados. La constante es la misma: cuando Washington considera que su propia estrategia regional está en juego, utiliza todo su peso diplomático y militar para reconducir a un aliado díscolo.

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Para España, un deterioro repentino de la seguridad en el Mediterráneo oriental tendría consecuencias directas. El tráfico marítimo, vital para el suministro energético, se encarecería de inmediato, y el precio del crudo ya se ha mostrado hipersensible a cualquier rumor de conflicto. Las exportaciones españolas a Israel —unos 1.500 millones de euros anuales, con maquinaria, automóviles y químico a la cabeza— sufrirían un frenazo en caso de escalada, y las empresas turísticas y logísticas con intereses en la zona se enfrentarían a un escenario de alta incertidumbre.

La proyección es clara: mientras las negociaciones con Irán sigan abiertas, Trump continuará exhibiendo la correa de transmisión que ha dejado a la vista. La próxima ventana de riesgo se abre a finales de julio, cuando el Congreso debata la renovación del paquete de ayuda militar a Israel. Y cada desencuentro público entre el Despacho Oval y la oficina del primer ministro alimenta la impresión de que la alianza es más tensa que nunca.

Ficha del Caso

  • El caso: La admisión de Donald Trump de que debe mantener “un poco cuerdo” a Benjamin Netanyahu ilumina la jerarquía real de poder en la relación bilateral cuando está en juego la negociación con Irán.
  • Datos clave: Entrevista concedida a Axios tras el G7 del 19 de junio de 2026; referencia a los B-2 usados contra Irán; llamada telefónica de junio en la que Trump llamó “loco” a Netanyahu por sus planes en Líbano; retirada del acuerdo nuclear en 2018.
  • Para España: La escalada potencial afecta a los mercados energéticos y al comercio bilateral; cualquier desestabilización en el Mediterráneo oriental repercute en el precio del crudo y en la seguridad de las rutas marítimas, con impacto directo sobre la economía española.