El Senado de EE.UU. aprueba la NDAA 2027 y escala la guerra por poderes en Ucrania

El Comité de las Fuerzas Armadas del Senado aprueba la NDAA 2027 con una sección que autoriza apoyo de inteligencia para que Ucrania recupere Crimea. La medida choca con la promesa de paz de Trump y aviva la tensión con Rusia.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El Comité de las Fuerzas Armadas del Senado ha aprobado la versión preliminar de la NDAA 2027, que incluye una cláusula para proporcionar apoyo de inteligencia a Ucrania con el objetivo explícito de recuperar Crimea y los territorios ocupados por Rusia.
  • ¿Quién está detrás? El presidente del comité, el republicano Roger Wicker, y el demócrata Jack Reed, con un respaldo bipartidista sólido.
  • ¿Qué impacto tiene? Profundiza el compromiso militar estadounidense en Ucrania y desafía la política de paz de la administración Trump; eleva la tensión con Rusia, que ya ha advertido de una posible guerra regional en Europa.

La guerra que Donald Trump prometió cerrar en 24 horas recibe ahora un nuevo combustible desde el Capitolio. El Comité de las Fuerzas Armadas del Senado ha dado luz verde a la Ley de Autorización de Defensa Nacional (NDAA) para 2027 que, por primera vez, fija como objetivo ayudar a Ucrania a recuperar Crimea mediante apoyo de inteligencia.

La NDAA —el presupuesto anual de defensa que fija la política militar— se convierte así en un nuevo campo de batalla entre el Poder Legislativo y la Casa Blanca. Mientras la administración busca una salida negociada, el comité bipartidista apuesta por profundizar la implicación de Washington en el conflicto.

La Sección 1223: qué implica el nuevo apoyo de inteligencia a Ucrania

El texto de la Sección 1223 establece que el secretario de Defensa deberá «proporcionar apoyo de inteligencia —incluyendo información, imágenes y recolección de datos autorizados bajo el Título 10 del Código de los Estados Unidos— al Gobierno de Ucrania con el propósito de respaldar operaciones militares que busquen defender y recuperar territorio de de Ucrania». Esa última frase especifica que el «territorio de Ucrania» comprende «todo aquel reconocido internacionalmente como soberano, incluyendo Crimea y los óblast que Rusia afirma haber anexionado en Jersón, Zaporiyia, Donetsk y Lugansk».

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Las versiones de la NDAA de 2023 y 2026 ya incluían cláusulas de apoyo de inteligencia, pero nunca habían mencionado de forma explícita a Crimea como territorio a reconquistar. Esta es la primera vez que el Senado escribe negro sobre blanco que la península —anexionada por Rusia en 2014— debe volver a manos ucranianas.

La decisión llega apenas horas después de que Ucrania lanzara el mayor ataque con drones sobre Moscú desde el inicio de la guerra. Las defensas antiaéreas rusas derribaron 555 drones, según medios estatales, y el Ministerio de Defensa ruso advirtió que este tipo de operaciones podría desencadenar represalias contra centros de producción en Europa occidental. Rusia ha señalado fábricas de drones en Reino Unido, Dinamarca, Letonia y Alemania como posibles blancos.

La inclusión de Crimea en los objetivos de ayuda militar marca un punto de inflexión. Por primera vez, el Senado se alinea con la tesis de Kiev de que la península es territorio ucraniano irrenunciable.

Un pulso entre el Senado y la Casa Blanca: la promesa de paz de Trump

La iniciativa legislativa contrasta frontalmente con el discurso del presidente Trump, quien desde la campaña de 2024 prometió resolver el conflicto en 24 horas. «Discusiones para poner fin a la guerra entre Rusia y Ucrania están en curso —dijo un portavoz del Departamento de Estado—. El presidente Trump está comprometido con detener la matanza y acabar esta guerra». Pero la realidad sobre el terreno y, sobre todo, la dinámica parlamentaria en Washington avanzan en dirección opuesta.

Mark Episkopos, investigador del Quincy Institute for Responsible Statecraft, lo resume así: «Cualquier cosa que limite la capacidad del presidente para negociar un acuerdo entre Rusia y Ucrania —como exigir que EE.UU. proporcione ciertas formas de ayuda militar más allá de los avances en las conversaciones de paz— es contraproducente». Sin embargo, en el Senado prima la lógica de que abandonar a Ucrania sería interpretado por Moscú y Pekín como una señal de debilidad.

La división refleja una fractura más profunda dentro del Partido Republicano, entre el ala «America First» que respalda a Trump y los halcones de defensa tradicionales. El presidente del Comité de las Fuerzas Armadas, el republicano Roger Wicker, y el demócrata Jack Reed capitanean una mayoría sólida que considera que la inversión en Ucrania es la mejor forma de disuadir a Rusia sin enviar tropas propias. «Ucrania aprecia el continuo apoyo bipartidista», declaró la portavoz de la embajada ucraniana en Washington.

La Lógica de Washington

Desde el final de la Guerra Fría, el Congreso de Estados Unidos ha sido más proclive que la Casa Blanca a intervenir en conflictos exteriores. La razón es triple: presión de los contratistas de defensa, compromisos con aliados de la OTAN y una creencia arraigada en que la proyección de poder estabiliza el orden mundial. En este caso, la Sección 1223 responde a la convicción de que Rusia no puede salir fortalecida del conflicto sin erosionar la credibilidad estadounidense.

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Washington ya gastó 66.100 millones de dólares en asistencia militar a Ucrania entre febrero de 2022 y diciembre de 2025. Cifra que los senadores justifican al recordar que una victoria rusa podría animar a China a actuar sobre Taiwán. No es una dinámica nueva: Ronald Reagan armó a los muyahidines afganos en los años ochenta con el mismo argumento de disuasión indirecta frente a Moscú.

Para España, miembro de la OTAN y uno de los socios europeos con menor gasto en defensa —por debajo del 2% del PIB—, la escalada legislativa en Washington tiene dos lecturas. Primero, se incrementa la presión sobre Madrid para que acelere sus inversiones militares: si EE.UU. sube la apuesta, los aliados europeos deben compartir la carga. Segundo, la amenaza rusa de golpear fábricas en Europa occidental eleva la percepción de inseguridad, lo que podría afectar la estabilidad de los flujos energéticos y la confianza inversora. Iberdrola, Santander o Inditex —con fuertes intereses en todo el continente— seguirán de cerca cada movimiento legislativo.

Mientras tanto, la próxima gran cita es la votación del Senado en pleno, prevista para después del receso estival. Si el dictamen del comité se convierte en ley, Trump tendrá que decidir entre firmar un presupuesto que contradice su promesa de paz o arriesgarse a un choque institucional con un Congreso que, en este capítulo, está dispuesto a ignorar sus deseos.

Ficha del Caso

  • El caso: La NDAA 2027 autoriza por primera vez apoyo de inteligencia para que Ucrania recupere Crimea y los territorios ocupados, en un momento en que Trump busca una salida negociada.
  • Datos clave: 66.100 millones de dólares en ayuda militar desde 2022; el ataque con 555 drones sobre Moscú disparó las tensiones; Rusia amenaza con represalias contra fábricas europeas de drones.
  • Para España: Aumenta la presión para elevar el gasto en defensa y sitúa a las empresas españolas con intereses europeos en un entorno de mayor incertidumbre geoestratégica.