Santiago Abascal ha advertido este lunes que Pedro Sánchez hará «todo lo que pueda» para seguir en el poder tras la condena a Ábalos. La sentencia del Tribunal Supremo impone 24 años de prisión al exministro y extiende la sombra de la corrupción al PSOE.
La reacción de Abascal: una advertencia a los españoles
La Sala de lo Penal del Tribunal Supremo ha condenado a José Luis Ábalos a 24 años y tres meses de prisión y a su exasesor Koldo García a 19 años y ocho meses por su implicación en el caso mascarillas, una trama de mordidas en contratos de material sanitario durante la pandemia. La sentencia, una de las más duras contra un exministro en democracia, ha provocado la inmediata reacción de Vox, que este lunes ha difundido un comunicado con las declaraciones de su presidente.
Santiago Abascal ha cargado contra el PSOE y ha situado a Pedro Sánchez en el epicentro: «Veinticuatro años de cárcel para el ministro que era la mano derecha de Pedro Sánchez», ha afirmado. El líder de Vox ha recordado que Ábalos fue uno de los dirigentes escogidos por Sánchez para defender la moción de censura de 2018 contra Mariano Rajoy, una iniciativa que se presentó entonces «con el compromiso de combatir la corrupción». «Sánchez sabe perfectamente cuál es el futuro que le espera en cuanto abandone el poder», ha añadido Abascal.
Pero el mensaje más contundente ha sido el que ha lanzado a la opinión pública: «Pedro Sánchez va a hacer lo que sea, absolutamente todo, con tal de mantenerse en el poder a cualquier precio». Para el presidente de Vox, la corrupción socialista no es un hecho aislado y el actual jefe del Ejecutivo hará cuanto esté en su mano para evitar que la justicia alcance a su entorno.
Una sentencia que desnuda al PSOE
La condena a Ábalos, exsecretario de Organización del PSOE y hombre de máxima confianza de Sánchez, no solo golpea a la antigua cúpula socialista; también revela, a juicio de Vox, un patrón de comportamiento que ha contaminado a toda una generación de dirigentes. La formación de Abascal lleva años denunciando una trama clientelar que, sostienen, ha utilizado las instituciones para enriquecerse y blindarse judicialmente.
Con este nuevo varapalo, el historial de corrupción del PSOE se acrecienta: desde los ERE de Andalucía hasta el reciente caso Mediador, pasando por el caso de los fondos reservados y otras causas. La reacción de Vox apunta directamente a Sánchez, a quien sitúa como responsable político último de un entorno que considera profundamente viciado.
La condena contra Ábalos demuestra, según Vox, que la corrupción socialista no es una excepción, sino la regla.
La estrategia de Vox: convertir la corrupción en un ariete electoral
Más allá de la reacción inmediata, la dirección de Vox observa en esta condena una oportunidad estratégica de primer orden. La corrupción se ha convertido en uno de los ejes sobre los que la formación de Abascal aspira a diferenciarse tanto del Gobierno como del Partido Popular. Mientras el PP de Alberto Núñez Feijóo intenta esquivar el debate sobre la corrupción —en parte para no reabrir heridas propias—, Vox lo coloca en el centro de la agenda política y parlamentaria.
La mención a la moción de censura de 2018 no es casual: sirve para recordar que Sánchez llegó al poder con la promesa de regeneración democrática precisamente cuando el PP estaba acorralado por la Gürtel. Ahora, ocho años después, la condena a su exministro permite a Vox trazar una línea argumental demoledora: «Dijeron que venían a limpiar la política, pero resultaron ser los más corruptos». Este mensaje puede tener un fuerte impacto en el electorado hastiado de la partitocracia tradicional.
De cara al próximo ciclo electoral, Vox pretende capitalizar este escándalo para reforzar su perfil de única fuerza política verdaderamente comprometida con la lucha contra la corrupción, y al mismo tiempo presionar al PP para que endurezca su discurso y sus exigencias. En un momento en que cualquier investidura necesita de los votos de la formación de Abascal, este nuevo flanco sitúa a Génova en una posición incómoda: si no acompaña el discurso anticorrupción más duro, Vox podrá acusarle de tibieza; si lo hace, asume un coste de confrontación con el Gobierno.
