Illa elogia a Pujol y asegura que Cataluña debe mucho a Convergència

El president reivindica la aportación de Convergència y de su fundador en un acto que busca afianzar puentes con el catalanismo moderado. La presencia de Pujol y Mas tensa las costuras socialistas, pero refuerza la estrategia de Illa para liderar una nueva etapa de concordia.

El president de la Generalitat, Salvador Illa, ha desplegado este lunes un gesto de alto voltaje simbólico: reivindicar abiertamente el legado de Convergència y de su fundador, Jordi Pujol, como piezas fundamentales de la historia de Cataluña.

La ocasión fue el ingreso solemne del fondo histórico de CDC en el Arxiu Nacional de Catalunya, en Sant Cugat del Vallès. Allí, rodeado de los expresidentes Pujol y Artur Mas, Illa aseguró que «Cataluña debe mucho a Convergència y Cataluña, sin Convergència, no hubiera sido el país que es hoy». El acto congregó también al presidente del Parlament, Josep Rull, y a representantes del PDECat.

Una operación política con pasado: reconocer la obra de un partido hegemónico

La frase, lejos de ser una anécdota, encaja en una estrategia meditada. Desde su investidura en 2024, Illa ha cultivado un perfil de presidente institucional que tiende puentes con todas las sensibilidades. Recibir a Pujol en el Palau de la Generalitat apenas unos meses después de asumir el cargo ya fue un primer aviso. Ahora, con la causa judicial de la fortuna oculta archivada por razones médicas, el líder socialista ha dado un paso más: poner en valor el legado de un partido que, pese a sus sombras, gobernó Cataluña durante casi un cuarto de siglo.

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«Es de país pequeño no reconocer las aportaciones de otros», insistió Illa en un discurso que recordó la «pasión política al servicio del país» de Pujol. La lectura estratégica es transparente: el president intenta construir un relato de concordia que integre al catalanismo moderado, huérfano desde la desaparición de CDC, en el proyecto de estabilidad que lidera el PSC para la legislatura.

Pero el reconocimiento no es gratuito. Convergència se disolvió en 2016, lastrada por casos de corrupción y por los recortes sociales de su última etapa. Sus herederos se repartieron entre el PDECat y Junts; esta última, comandada por el prófugo Carles Puigdemont, mantiene una línea dura contra el diálogo con el Gobierno. Illa elude esas aristas y se centra en el valor histórico, en un guiño que irrita a las bases del PSC más reacias a cualquier gesto hacia el nacionalismo.

Illa no está blanqueando un legado sin mácula; está reconociendo una realidad que ha moldeado la política catalana durante cuarenta años y que ninguna izquierda puede ignorar si quiere gobernar para todos.

La intrahistoria: cómo encaja el órdago de Illa en el puzzle del PSOE

Salvador Illa

En la Ejecutiva Federal del PSOE, el gesto se observa con prudencia. No hubo reacción oficial inmediata, pero fuentes de Ferraz consultadas por Moncloa.com admiten que la maniobra está alineada con la apuesta de Pedro Sánchez por normalizar la escena política catalana. «Illa es el presidente de todos los catalanes y su discurso defiende el valor de la convivencia», señalan. Sin embargo, barones como Emiliano García-Page han expresado en privado su malestar por lo que consideran una cesión innecesaria al nacionalismo.

Esa tensión es el telón de fondo de la operación. Illa sabe que su gobierno en minoría, sostenido por ERC y los comunes, necesita ampliar el campo. Coquetear con el legado convergente le permite hablar directamente a un electorado de centro-derecha moderado que no se siente representado ni por la radicalidad de Junts ni por la derecha estatal. La frase «Cataluña no debe pedir permiso a nadie para salir adelante», lanzada también durante el acto, busca tocar esa fibra de orgullo nacional sin caer en el unilateralismo.

El Eje del Poder Socialista

El paso de Illa reabre el debate sobre los límites de la memoria histórica para la izquierda catalana. El PSC, federación del PSOE, nació precisamente como alternativa al nacionalismo convergente. Reconocer la obra de CDC es asumir que aquel partido contribuyó a construir instituciones y una identidad colectiva que hoy son patrimonio de todos. El precedente más cercano es el propio acercamiento de Sánchez a los indultos, una decisión que entonces desgarró al partido y que hoy se asume con naturalidad en amplios sectores.

Desde el punto de vista territorial, Illa envía una señal a los alcaldes y concejales socialistas de la Cataluña interior, donde el voto moderado está en disputa con Junts. La operación busca consolidar un espacio de centralidad que dé estabilidad a la legislatura y blinde al PSC frente a una eventual ofensiva electoral del independentismo más pragmático. A la vez, la jugada coloca a Ferraz ante un dilema: apoyar sin fisuras a su barón más estratégico o atender las voces internas que piden mano dura con el nacionalismo.

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El principal riesgo para Illa es que el reconocimiento se confunda con complicidad con un pasado manchado de corrupción. Pero su habilidad ha sido situar el debate en el terreno de la historia y no en el de la moral. El archivo del fondo documental, un «tesoro colectivo» en sus palabras, es el ancla institucional que legitima el reconocimiento. Habrá que observar la reacción de Junts, que podría ver en este guiño una oportunidad para reclamar más gestos, o una trampa que diluya su perfil soberanista.

En Moncloa.com consideramos que Illa acierta al asumir el coste político de este reconocimiento. La Cataluña posterior al procés necesita un relato de concordia, y el PSC, como fuerza de gobierno, tiene la responsabilidad de tejerlo. No se trata de blanquear, sino de integrar. Y ese es el camino que el president ha elegido.

🌹 El Apunte de Ferraz

  • Mensaje fuerza: El PSC, como partido de gobierno, reconoce la contribución histórica de todas las fuerzas políticas en la construcción de Cataluña, apostando por la convivencia.
  • Protagonista: Salvador Illa (presidente de la Generalitat y primer secretario del PSC).
  • Próximo hito: Reacción de Junts y del independentismo en el pleno del Parlament de la próxima semana, donde se debatirán las resoluciones sobre el legado convergente.