EN 30 SEGUNDOS
- ¿A quién afecta? Vecinos de Móstoles, Navalcarnero y municipios del suroeste de Madrid (Sevilla la Nueva, Navas del Rey, Cenicientos y otros) que llevan más de una década esperando una conexión ferroviaria digna con la capital.
- ¿Cuándo ocurre? El contrato del estudio ya está formalizado. La redacción durará 24 meses. Las obras, si todo sale según lo previsto, no comenzarían antes de 2028 o 2029.
- ¿Qué cambia hoy? El proyecto deja de ser una promesa política y pasa a ser un expediente técnico con partida presupuestaria. El estudio determinará qué tramos de las obras iniciadas en 2009 pueden aprovecharse y cómo integrar la extensión en la red de Cercanías.
El Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible ha formalizado el contrato para redactar el estudio de viabilidad de la extensión de la línea C-5 de Cercanías desde Móstoles hasta Navalcarnero. Un documento que costará 619.266 euros (IVA incluido) y que tiene un plazo de ejecución de dos años. No es la obra, pero sí el paso previo ineludible para que exista.
Un estudio que desbloquea 15 años de parálisis
Las obras las inició la Comunidad de Madrid en 2009, tras un acuerdo con la Administración General del Estado por el que el gobierno regional construía y el central operaba. Un año después, en 2010, todo quedó en suspenso y los trabajos se congelaron en un estado intermedio que nunca se retomó. Ahora es el Ministerio quien asume la construcción, en línea con la carta que el ministro Óscar Puente envió a la presidenta Isabel Díaz Ayuso en julio de 2025.
La decisión del Ministerio no solo recupera una infraestructura prometida, sino que responde a una anomalía del mapa de Cercanías: Móstoles, con más de 210.000 habitantes, está conectado por tren, pero la línea termina en la estación de El Soto. Navalcarnero (31.000 vecinos censados, con proyecciones de crecimiento notables) carece de cualquier servicio ferroviario, igual que otros municipios del entorno, como Sevilla la Nueva, Navas del Rey o Cenicientos. Todos dependen del coche y de una red de autobuses interurbanos que sufre colapsos recurrentes en la A-5.
El estudio analizará también el estado exacto de las obras abandonadas hace tres lustros: qué se puede aprovechar, qué está deteriorado y cómo encajaría la nueva línea en el esquema actual.
Más allá de Móstoles: el beneficio real abarca toda la comarca
El pliego no se limita a mirar el tramo Móstoles-El Soto / Navalcarnero. El encargo incluye analizar la compatibilidad con otras extensiones de la red de Cercanías, lo que abre la puerta a un plan más ambicioso para el suroeste. Se estudiará la movilidad de todas las localidades del entorno para diseñar un sistema de transporte público que pueda extender los beneficios de la nueva línea a poblaciones alejadas del trazado principal.
El Ministerio justifica el interés en que se trata de un corredor con “gran potencial de crecimiento” cuyas proyecciones demográficas son especialmente altas. De hecho, según los últimos datos del INE, Navalcarnero ha sido uno de los municipios que más ha crecido en términos porcentuales en la última década, y las expectativas de nuevos desarrollos urbanísticos en la zona acrecientan la urgencia de una alternativa al vehículo privado.
Desde esta redacción observamos que el contrato es también un reconocimiento tácito de que el mapa ferroviario madrileño está desequilibrado hacia el norte y el este, mientras que el sur y suroeste, donde se concentran buena parte de los desplazamientos por trabajo a la capital, sigue siendo el patito feo de las inversiones.
El contrato formalizado no es una obra, pero es la primera vez que el proyecto tiene una partida económica concreta después de una década y media de promesas vacías.
El reloj ya empieza a correr: plazos, retos y el espejo de otras extensiones
Dos años de estudio y, luego, la redacción del proyecto constructivo y la licitación de las obras. Si no surgen complicaciones administrativas mayores, la conexión con Navalcarnero podría empezar a construirse en 2029 y estar operativa bien entrada la próxima década. El precedente no invita al optimismo: la extensión de la C-4 hasta Colmenar Viejo requirió casi ocho años entre la redacción del proyecto y la puesta en servicio.
Sin embargo, hay una diferencia clave: aquí hay obra ya iniciada. La posibilidad de reutilizar parte de los trabajos de 2009 podría acortar plazos y reducir costes. La estación de El Soto, actual cabecera de la C-5, se reconfiguraría como estación intermedia, lo que obligaría a adaptar las instalaciones y las frecuencias de paso.
El estudio también evaluará si la extensión a Navalcarnero puede ser compatible con otras ampliaciones de la red que están sobre la mesa, como la prolongación hacia el norte de la línea C-3 o el ramal de la C-2 hasta Guadalajara. En nuestra experiencia cubriendo infraestructuras madrileñas, los estudios de viabilidad suelen ser la fase más larga y donde se acumulan los retrasos políticos. Pero tener ya sobre la mesa un contrato formalizado es un avance que los vecinos de Navalcarnero llevan esperando desde 2010.
