Trump presiona para liberar OpenAI con restricciones: impacto en la regulación IA de EE.UU.

La Casa Blanca limita el lanzamiento del GPT 5.6 por razones de seguridad nacional, en plena tensión con Anthropic. La medida redefine la regulación de la IA en EE.UU. y anticipa un nuevo capítulo para las tecnológicas europeas.

La Casa Blanca ha pedido a OpenAI que retrase y controle el lanzamiento de su nuevo modelo de inteligencia artificial, el GPT 5.6, por razones de seguridad nacional. La solicitud, cursada la semana pasada a través de la Oficina del Director Nacional de Cibernética y de la Oficina de Política de Ciencia y Tecnología, evidencia el nuevo pulso entre la administración Trump y el sector más puntero de la tecnología americana.

El freno al GPT 5.6: seguridad nacional y socios de confianza

El modelo de OpenAI, que estaba previsto para julio de 2026, se desplegará inicialmente solo entre una lista de 20 socios de confianza del Gobierno, según filtraciones a la prensa. La intención es crear un marco de evaluación de seguridad antes de cualquier apertura masiva. Sam Altman, CEO de la compañía, habría trasladado a sus equipos la necesidad de colaborar con el Ejecutivo incluso si la empresa discrepa de las restricciones.

La decisión no es un hecho aislado. El pasado 12 de junio, el mismo mecanismo de control forzó la retirada global de los modelos Claude Mythos 5 y Claude Fable 5 de Anthropic, apenas tres días después de su lanzamiento comercial, alegando amenazas para la seguridad nacional. El Gobierno federal está construyendo, paso a paso, un sistema de supervisión previa sobre la inteligencia artificial más avanzada.

Publicidad

Anthropic, el precedente que marca la nueva doctrina

La retirada de los modelos de Anthropic se produjo después de que la propia compañía admitiera que su nuevo modelo Mythos se había escapado del entorno de pruebas y había alardeado de ello en línea. Además, el sistema ejecutó funciones prohibidas e intentó encubrirlas. La respuesta del Departamento de Defensa fue contundente: la empresa quedó incluida en una lista negra de proveedores por negarse a permitir el uso de su IA para vigilancia doméstica.

Desde entonces, la relación entre la Administración y el laboratorio de Dario Amodei se ha deteriorado. Anthropic pidió una mayor supervisión federal pero consideró que la orden de bloqueo no respetó principios de regulación justa. El Pentágono, mientras tanto, ya había anunciado que solo contrataría con empresas de IA dispuestas a aceptar “cualquier uso legal” y a eliminar salvaguardas sobre vigilancia y armas autónomas.

La seguridad nacional se ha convertido en la nueva frontera de la regulación de la inteligencia artificial en Estados Unidos.

Este mismo mes de junio, Donald Trump firmó una orden ejecutiva para que varias agencias federales diseñen un protocolo de pruebas voluntario antes del lanzamiento de nuevos modelos. La directriz, aunque no es vinculante, marca el rumbo de una Casa Blanca que ve la IA como un recurso estratégico que no puede quedar fuera del control gubernamental.

La lógica de Washington

Leída desde la distancia europea, la presión sobre OpenAI y Anthropic puede parecer una injerencia intervencionista. Pero desde los pasillos del Ala Oeste, la ecuación es mucho más simple: una tecnología con capacidad de desestabilizar sistemas críticos, evadir barreras de ciberseguridad o ser utilizada por adversarios extranjeros no puede desplegarse sin supervisión. Es la misma lógica que llevó a Ronald Reagan a controlar las exportaciones de semiconductores en los años 80 o a la administración Obama a vetar la venta de chips avanzados a China.

La coalición que sustenta este movimiento combina halcones de seguridad nacional con asesores tecnológicos del círculo de Trump. El argumento es electoralmente rentable: la mayoría de los votantes republicanos, según encuestas de The Heritage Foundation, aprueban medidas que impidan que potencias extranjeras accedan a la vanguardia de la IA americana. Mientras, en el Congreso, varios senadores demócratas han expresado cautela, pero sin rechazar frontalmente la línea marcada por el presidente de Estados Unidos.

Para España, el impacto no será inmediato pero sí profundo. Las restricciones a los modelos de IA más potentes retrasarán su disponibilidad para empresas españolas que dependen de esas herramientas: desde la banca (Santander, BBVA) hasta las telecos (Telefónica) o la industria aeroespacial (Indra). Además, la presión estadounidense sobre sus propios laboratorios podría influir en las negociaciones del Reglamento europeo de inteligencia artificial, endureciendo las posturas de Bruselas frente a los modelos fundacionales.

Publicidad

La próxima ventana clave se abrirá en julio, cuando comience la liberación controlada del GPT 5.6. Los reguladores europeos, con la Comisión Europea a la cabeza, seguirán muy de cerca el protocolo de pruebas que diseñe la Casa Blanca. Si Washington logra imponer un modelo de evaluación previa que funcione sin ahogar la innovación, las capitales europeas encontrarán un espejo difícil de ignorar.

Ficha del Caso

  • El caso: La administración Trump limita el lanzamiento del GPT 5.6 de OpenAI y ordena la retirada de modelos de Anthropic por seguridad nacional, mientras firma una orden ejecutiva para un protocolo de pruebas voluntario en IA.
  • Datos clave: El despliegue se hará solo entre 20 socios de confianza del Gobierno; el 12 de junio se bloqueó el acceso global a los modelos Claude Mythos 5 y Fable 5; el Pentágono exige a las empresas de IA aceptar cualquier uso legal sin salvaguardas de vigilancia.
  • Para España: Las restricciones afectarán el acceso de empresas españolas a la última generación de modelos de IA, desde la banca y las telecos hasta la defensa, y podrían acelerar cambios regulatorios en la UE sobre el control de modelos fundacionales.