Ourense, la provincia interior de Galicia más castigada por la despoblación, mantiene 158 aldeas sin un solo habitante, según el nomenclátor del Instituto Nacional de Estadística (INE). La cifra es idéntica a la del año anterior y confirma un estancamiento después de décadas de sangría demográfica. El dato revela que el abandono rural ya no crece, pero tampoco remite.
Un freno que llega tras tocar fondo
El INE contabiliza hoy en la provincia exactamente 158 núcleos deshabitados, los mismos que hace un lustro. La evolución ha sido abrupta: en el año 2000 había solo 97 aldeas vacías; en 2015 se superaron las 150 y en 2019 se alcanzó el máximo histórico, con 171. La pandemia actuó como un dique inesperado y desde entonces trece pueblos han recuperado al menos un vecino.
Durante los últimos doce meses, nueve lugares perdieron a su último residente. Son Forxás dos Montes (Allariz), Eilabai (Celanova), A Vilerma (Leiro), Rabacallos (Parada de Sil), A Trigueira (Pontedeva), A Carreiriña (Ramirás), Pereira de San Tomé (Ramirás), Senreiro (San Xoán de Río) y Parada (Vilar de Barrio). Dos de ellos, Eilabai y A Carreiriña, habían logrado repoblarse el ejercicio anterior y ahora vuelven a estar vacíos, lo que ilustra la fragilidad de estos microterritorios.
Galicia concentra buena parte de la España que se apaga: casi ocho de cada diez asentamientos ourensanos sobreviven con menos de cincuenta vecinos.
Nueve renacen mientras la geografía del vacío se consolida
La balanza se equilibra gracias a otros nueve núcleos que han vuelto a registrar al menos un empadronado. Penedo (Avión), Zaparín (Cortegada), A Quinta (Esgos), As Regadas (Gomesende), Ribas (O Irixo), Maín (Leiro), A Rasela (Lobios), As Lamas (Montederramo) y Vilariño dos Palleiros (San Xoán de Río) recuperan así el pulso vital. El mapa del abandono, sin embargo, sigue concentrado: Castro Caldelas lidera la estadística negativa con 14 aldeas vacías, seguido de Gomesende (11) y de Ramirás, O Irixo y Montederramo (9 cada uno).
Pero la provincia no solo sufre por los pueblos completamente desiertos. Los datos del nomenclátor muestran que el 80% de las 3.712 entidades singulares de población de Ourense —es decir, casi 2.900 aldeas— albergan menos de cincuenta habitantes. Hay 1.239 asentamientos con diez vecinos o menos, 666 con cinco o menos y 121 donde una sola persona es el guardián del lugar.
EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El INE confirma que Ourense mantiene 158 aldeas vacías, la misma cifra de hace un año. Nueve núcleos perdieron su último habitante y otros nueve recuperaron al menos uno.
- ¿Quién está detrás? Los datos proceden del nomenclátor del INE y reflejan la evolución demográfica de los 92 concellos ourensanos.
- ¿Qué impacto tiene? El abandono sigue siendo extremo: el 80% de los asentamientos no llega a cincuenta residentes y 121 aldeas sobreviven con una sola persona empadronada.
El Laboratorio Gallego
La radiografía de Ourense es al mismo tiempo un espejo y un laboratorio de la España vaciada. La comunidad gallega arrastra décadas de pérdida de población en el rural, pero la provincia interior concentra los peores indicadores. En el contexto político autonómico, la Xunta de Galicia ha desplegado en los últimos años programas como el plan de dinamización del rural y la ley de recuperación de la tierra agraria, con resultados aún tímidos. El PPdeG defiende que el estancamiento de las aldeas vacías —de 171 en 2019 a 158 en 2026— es la prueba de que las políticas de fijación de población empiezan a funcionar. El BNG replica que se necesita una intervención mucho más ambiciosa, con servicios públicos y vivienda asequible, mientras el PSdeG insiste en la necesidad de un pacto de Estado contra la despoblación que incluya fondos europeos.
La lectura nacional es inmediata. Ourense comparte los síntomas de Teruel, Soria o Cuenca, pero con una diferencia: Galicia ha logrado contener la sangría en los últimos cinco años. Que 121 aldeas dependan de un único vecino muestra, sin embargo, que el suelo es muy frágil. La próxima cita electoral autonómica, prevista para 2028, pondrá a prueba si las fuerzas políticas traducen estas cifras en proyectos concretos o si el rural sigue siendo solo un argumento de campaña.
Ficha del Caso
- El caso: La provincia de Ourense acumula 158 aldeas completamente vacías, cifra que no ha variado en el último año, pero que esconde un frágil equilibrio entre las que se apagan y las que renacen.
- Datos importantes: En 2019 había 171 núcleos deshabitados; la pandemia invirtió la tendencia. Castro Caldelas concentra 14 aldeas vacías. El 80% de los asentamientos tiene menos de 50 vecinos y 121 aldeas cuentan con un solo empadronado.
- Resumen: La despoblación ourensana se ha estancado, pero la extrema atomización del hábitat revela que cualquier revés económico o demográfico puede disparar de nuevo las cifras. Galicia, como laboratorio del rural vacío, anticipa los dilemas que enfrenta buena parte del interior peninsular.

