Sectores cercanos a Page y Felipe González suspiran por el regreso de Madina a la primera plana

El tenso momento que atraviesa el PSOE ha devuelto a Eduardo Madina al centro del debate político. Sus intervenciones en los medios, especialmente tras la sentencia del Tribunal Supremo contra José Luis Ábalos y Koldo García, han reactivado un viejo debate dentro del socialismo: si el exdiputado vasco podría representar una alternativa moral e intelectual en un partido sacudido por los escándalos y las divisiones internas.

Aunque desde sectores próximos al expresidente Felipe González o al presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, se sigue viendo en Madina a uno de los referentes de un socialismo más institucional y crítico con el actual rumbo del partido, el propio protagonista lleva años dejando claro que no tiene intención de regresar a la política activa. Ni aspira a liderar una corriente interna ni contempla disputar el poder a Pedro Sánchez si algún día se abriera ese escenario.

Quienes le conocen sostienen que su decisión responde tanto a motivos personales como profesionales. Tras abandonar el Congreso en 2017, Madina encontró en el sector privado un espacio mucho más cómodo que la vida orgánica del PSOE, un partido que terminó dejándole un profundo desgaste tras perder las primarias de 2014 frente a Pedro Sánchez.

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La derrota que cambió su carrera

Aquel verano de 2014 marcó un punto de inflexión. Tras la dimisión de Alfredo Pérez Rubalcaba, el PSOE celebró por primera vez unas primarias abiertas a la militancia para elegir secretario general. Madina partía como uno de los favoritos. Contaba con el respaldo de buena parte del aparato tradicional del partido y con el apoyo de dirigentes históricos, entre ellos José Luis Rodríguez Zapatero.

Sin embargo, la militancia terminó apostando por un entonces poco conocido Pedro Sánchez, que obtuvo cerca del 48% de los votos frente al 36% conseguido por Madina. Aquella derrota acabó modificando el rumbo del PSOE y también el del propio dirigente vasco.

Madina nunca ha ocultado que aquella experiencia le dejó profundamente decepcionado con el funcionamiento interno del partido. Con el paso de los años ha mantenido una visión crítica sobre los mecanismos de selección de dirigentes y sobre la forma en que determinadas estructuras orgánicas condicionan el liderazgo socialista.

Precisamente esa reflexión ha reaparecido con fuerza tras conocerse la condena contra José Luis Ábalos.

El caso Ábalos reabre viejas heridas

La sentencia del Tribunal Supremo contra el exministro socialista y Koldo García volvió a situar a Madina en el foco mediático tras avalar la polémica sentencia tan favorable a Víctor de Aldama.

Mientras buena parte del debate político giraba en torno a Víctor de Aldama y a las consecuencias de su colaboración con la Justicia, el exdirigente socialista quiso desplazar el foco hacia otro asunto.

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Madina
Madina. Foto: EP.

«Debo estar en otro planeta, porque lo último que me preocupa aquí es el señor Aldama», afirmó durante su intervención en El Abierto de la Cadena SER.

Madina recordó que el Código Penal contempla beneficios para quienes colaboran con los tribunales y defendió que esa cuestión no era el verdadero elemento relevante del caso. «El artículo 66 del Código Penal explica perfectamente las atenuantes y las formas en las que la colaboración con la Justicia premia a quienes lo hacen», señaló.

Lo realmente importante, insistió, era la contundencia de la resolución judicial a pesar del enfado que ha causado en amplios sectores progresistas. «No ha habido ningún voto particular del Tribunal Supremo, no ha habido ningún juez que haya matizado la sentencia», destacó antes de resumir cuál era, a su juicio, la verdadera noticia: «Los corruptos son la noticia».

Madina puso además el acento sobre el peso político que llegó a acumular Ábalos dentro del PSOE. 24 años de cárcel a la persona que más poder tuvo, tras el presidente del Gobierno, durante un ciclo político muy significativo dentro del partido que hoy sigue siendo el partido de Gobierno», afirmó.

Pero la parte más política de su análisis llegó después. Para el exdiputado, la sentencia obliga también a revisar cómo se construyen los liderazgos dentro de las organizaciones políticas.

«Ábalos fue una elección, alguien le eligió», sostuvo. «Alguien le da competencias, alguien decide quién ocupa los puestos de dirección y quién se sienta en cada ministerio».

Y, de forma implícita, volvió a enlazar esa reflexión con las primarias de hace más de una década.

«Elegí tenerle enfrente. Elegí defender un PSOE donde este tipo de perfiles nunca llegaran a donde llegaron. Y perdí», recordó.

También reivindicó la figura de Adriana Lastra, con quien compartió muchos años de militancia: «Ojalá hubiera sido la número 2, porque sé que nada de esto hubiera pasado con ella».

El sector crítico

En el llamado sector crítico del PSOE, el nombre de Eduardo Madina sigue despertando simpatías, aunque nadie da por hecho que esté dispuesto a regresar. Dirigentes y exdirigentes próximos a Emiliano García-Page, así como históricos del partido alineados con Felipe González, consideran que representa un perfil capaz de recuperar un PSOE más institucional y menos polarizado. No se trata tanto de un liderazgo organizado como de una referencia política e intelectual para quienes cuestionan la deriva del sanchismo, especialmente tras los últimos escándalos que han afectado al partido.

Junto a Madina aparece también con frecuencia el nombre de Susana Díaz, derrotada por Pedro Sánchez en las primarias de 2017 y hoy alejada de la primera línea orgánica. La expresidenta andaluza mantiene buena relación con buena parte de ese socialismo tradicional y comparte con Madina el haber perdido su pulso interno frente al actual secretario general. Aunque ninguno de los dos ha mostrado intención de encabezar una alternativa, ambos siguen siendo referentes para una parte del PSOE que reclama una reconstrucción del partido una vez concluya la etapa de Sánchez.