Madrid vuelve a rozar los 35 grados y, como cada julio, miles de personas buscan la misma respuesta: un sitio para bañarse sin colas ni cemento. Ese sitio tiene nombre propio desde hace años y está en Rascafría, a los pies del pico Peñalara.
Se llama Las Presillas y, aunque su fama ya no es ningún secreto, sigue sorprendiendo a quien va por primera vez. No hay cloro, no hay bordillo de piscina y, sobre todo, no hay socorrista vigilando el agua. Eso cambia por completo las reglas del juego.
Las Presillas, la escapada de Madrid que no necesita playa
El reportaje deja claro lo que cualquier habitual ya sabe: esto no es una piscina municipal con horario de socorrista y silbato. Son tres pozas consecutivas formadas por presas artificiales sobre el cauce del río Lozoya, rodeadas de una pradera enorme donde la gente extiende la toalla desde primera hora.
El agua viene directamente del deshielo de la sierra, así que la temperatura ronda entre los 14 y los 18 grados incluso en pleno agosto. Quien llega pensando en una piscina climatizada se lleva el susto del año nada más meter un pie.
Por qué esta zona de Madrid se llena cada fin de semana de julio
Madrid solo cuenta con cinco zonas de baño autorizadas por Sanidad en toda la región, y Las Presillas es, con diferencia, la más conocida de todas. La entrada al recinto es gratuita, algo que en plena crisis de precios veraniegos pesa mucho a la hora de elegir destino. Solo hay que pagar el aparcamiento, con una tarifa simbólica frente a lo que cuesta cualquier piscina de pago de la capital.
Lo que distingue a este lugar de otras pozas que circulan por redes sociales es justo eso: el sello sanitario. El resto de charcos y remansos que se ven en Instagram no tienen control de calidad del agua ni garantías reales, mientras que aquí la Comunidad revisa la zona antes de cada temporada.
Cómo es un día cualquiera en la joya de la sierra madrileña
En el vídeo se ve lo que cualquiera que haya ido un sábado de julio puede confirmar: ambiente familiar, mucha gente joven y esa sensación de estar más cerca de un festival de verano que de una piscina tradicional. El «buen ambiente» es el motivo que más repiten los visitantes cuando les preguntan por qué vuelven año tras año.
No todo es multitud, eso sí. Entre semana, sobre todo a primera hora de la mañana, el lugar cambia por completo y se puede disfrutar casi en soledad de las vistas al macizo de Peñalara. La diferencia entre ir un domingo a mediodía o un martes a las nueve es, literalmente, la diferencia entre hacer cola y tener toda la pradera para ti.
Lo que nadie te cuenta antes de ir
Antes de meterte en el coche conviene saber un par de cosas que no aparecen en las fotos bonitas de Instagram. La primera es que el fondo del río está lleno de piedras, así que el calzado de agua no es un capricho, es una necesidad si no quieres volver cojeando. La segunda es que la ausencia de socorrista significa que la responsabilidad es enteramente tuya, algo que muchos madrileños acostumbrados a la piscina del barrio olvidan nada más llegar.
El truco para evitar las aglomeraciones
Los habituales de la zona coinciden en algo: llegar antes de las once de la mañana es la única forma de encontrar hueco en fin de semana. Pasado el mediodía, tanto el aparcamiento como la pradera se llenan y ya no queda margen para elegir sitio.
Qué llevar en la mochila
Protector solar, agua en abundancia y calzado adecuado son el mínimo indispensable. El agua fría corta el hambre de golpe, así que quien planee quedarse todo el día agradecerá algo de picar sin necesidad de moverse del sitio.
Lo que puedes combinar con el chapuzón
Nadie va a Rascafría solo por el agua. La zona ofrece varios planes que redondean la excursión sin necesidad de mover el coche demasiados kilómetros:
- Monasterio de Santa María de El Paular, a apenas cinco minutos, con un claustro gótico y un retablo barroco que merecen la visita.
- Rutas de senderismo hacia Peñalara, para quienes quieran combinar montaña y agua en el mismo día.
- Gastronomía local, con carnes a la brasa como colofón perfecto tras el baño.
- El Puente del Perdón, uno de los rincones más fotografiados de todo el valle del Lozoya.
Hacia dónde va esta moda del baño natural en Madrid
La tendencia de los últimos veranos apunta a un refuerzo progresivo de los controles sanitarios en las zonas de baño autorizadas, sobre todo después de temporadas de sequía que han dejado varios tramos de ríos y embalses bajo mínimos. Es una buena noticia para quien quiere seguir bañándose con garantías, aunque implique algo más de vigilancia y alguna restricción puntual en los años más secos.
Lo que no parece que vaya a cambiar es el tirón. Cada julio, cuando el termómetro aprieta, Rascafría vuelve a demostrar que no hace falta salir de la Comunidad de Madrid para encontrar naturaleza de verdad. El consejo, después de varias temporadas viendo el mismo patrón, es sencillo: llega temprano, respeta el entorno y prepárate para el frío del primer chapuzón. El resto lo pone el paisaje.


