El rearme nuclear Reino Unido se refuerza con 84.000 millones de dólares y misión OTAN

El Gobierno británico confirma 63.000 millones de libras para la disuasión atómica en los próximos cuatro años. Incluye la nueva ojiva Astraea y la compra de 12 cazas F-35A para reintegrarse en la misión nuclear compartida de la Alianza.

El Gobierno británico ha confirmado una inversión de 63.000 millones de libras (84.000 millones de dólares) en su disuasión nuclear durante los próximos cuatro años, una cifra que consolida el mayor programa de rearme nuclear del Reino Unido desde la Guerra Fría. El anuncio, realizado el 30 de junio, supone un incremento de 15.000 millones de libras en el presupuesto de defensa saliente del primer ministro Keir Starmer y fija el gasto militar británico en el 2,7% del PIB, encaminado al objetivo de la OTAN del 3,5% para 2035.

El montante total del gasto en defensa asciende a 298.000 millones de libras en el mismo período, pero lo relevante es qué porción se destina a lo nuclear. El Ministerio de Defensa ya dedicaba el 18% de su presupuesto al Defence Nuclear Enterprise en el año fiscal 2024-25, 10.900 millones de libras. Ahora, con el nuevo plan, la proporción seguirá escalando hasta alcanzar, según el Comité de Cuentas Públicas, una quinta parte del gasto militar total.

En el núcleo del programa está Astraea, la nueva ojiva soberana A21/Mk7 que el Atomic Weapons Establishment desarrolla desde 2020 para reemplazar al diseño Holbrook de los misiles Trident II D5. Fuentes del Gobierno y analistas independientes señalan que la sustitución no es una opción, sino una necesidad técnica: los vehículos de reentrada británicos deben mantenerse certificados junto a los Mk4/Mk4A estadounidenses, y Washington migrará a su próxima ojiva W93. Astraea se diseña en paralelo y compartirá el cuerpo de reentrada Mk7 con el programa norteamericano.

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Según el Nuclear Information Service, el rendimiento estimado de la nueva ojiva británica oscilará entre 90 y 455 kilotones, un salto notable frente a los 80-100 kilotones de Holbrook. Eso amplía el abanico de disuasión en un contexto donde los arsenales ruso y chino crecen, y donde el último tratado bilateral de reducción de armas estratégicas entre Washington y Moscú expiró en febrero de 2026.

Reino Unido regresa a la misión nuclear compartida de la OTAN con 12 F-35A

Londres ya había anunciado en junio de 2025 la compra de doce cazas F-35A para reincorporarse a la misión de Dual Capable Aircraft de la Alianza Atlántica, algo que no ocurría desde la Guerra Fría. Estos aviones estarán preparados para portar bombas B61-12 estadounidenses y lanzarlas desde territorio británico si el presidente de Estados Unidos autoriza un ataque nuclear. Un esquema similar al que ya mantienen Países Bajos, Bélgica, Alemania, Italia y Turquía.

Reino Unido se convierte en 2025 en el tercer mayor inversor nuclear del mundo, solo por detrás de Estados Unidos y Rusia, según ICAN.

La decisión de redoblar la apuesta nuclear no está exenta de críticas internas. Organizaciones como la International Campaign to Abolish Nuclear Weapons calculan que el Reino Unido ya era en 2025 el tercer país que más dinero destinaba a armas atómicas, con 12.600 millones de dólares. Los grupos pacifistas argumentan que esos fondos podrían redirigirse a sanidad o educación, pero el Gobierno insiste en que Londres juega un “papel único como única potencia europea que compromete su disuasión nuclear para defender a los aliados de la OTAN”.

La modernización nuclear británica se inserta en un movimiento más amplio. Francia ha anunciado su intención de ampliar su arsenal y extender su paraguas nuclear a otros países europeos, posiblemente desplegando bombarderos en sus territorios. China avanza en la expansión de su fuerza atómica con misiles ICBM más sofisticados. Y la OTAN revisa sus capacidades de disuasión tras el fin del INF y el New START.

Equilibrio de Poder

Lo que observamos es un rediseño acelerado de la arquitectura de disuasión europea. La garantía estadounidense, puesta en duda durante la anterior administración Trump, obliga a europeos como el Reino Unido y Francia a asumir un papel más activo. La inversión de 84.000 millones de dólares en cuatro años para la disuasión británica supera ampliamente cualquier otra partida de defensa nacional y convierte al Reino Unido en el motor del rearme nuclear aliado dentro de Europa.

Para España, el impacto es indirecto pero estratégico. El aumento del gasto británico en el Defence Nuclear Enterprise ejerce presión sobre el resto de miembros de la OTAN para acelerar el cumplimiento del 3,5% del PIB en 2035. Madrid, aún lejos del 2% y con la frontera sur como prioridad, verá cómo el debate presupuestario se tensa en Bruselas. El despliegue de bombarderos capaces de portar B61-12 en suelo italiano o alemán también reabre la conversación sobre la presencia de armamento nuclear táctico en Europa, un capítulo que España ha evitado hasta ahora.

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La mayoría de los analistas considera que el programa Astraea y la compra de los F-35A son la respuesta a una década de desinversión en capacidad disuasoria convencional y nuclear. La obsolescencia de los submarinos Vanguard y la necesidad de un vector aéreo creíble empujan al Reino Unido a una postura que no adoptaba desde los años ochenta. El riesgo es que esta escalada alimente una carrera armamentista que supere las herramientas de control de armas que hoy, sencillamente, no existen.

La próxima cumbre de la OTAN en Vilna, prevista para septiembre de 2026, será el primer banco de pruebas para medir si el resto de aliados sigue el ritmo británico o si la Alianza se fractura entre quienes pueden pagar una disuasión nuclear ampliada y quienes quedan como meros consumidores de seguridad.