El PP de Galicia ha registrado este viernes una proposición no de ley que exige la dimisión de Yolanda Díaz por su «silencio cómplice» ante la condena a nueve años y medio de prisión del exdiputado autonómico Xabier Ron, condenado por agresión sexual continuada a una menor de doce años. La iniciativa, anunciada por el portavoz popular Alberto Pazos, busca forzar la salida de la vicepresidenta segunda del Gobierno y líder de Sumar después de que la Audiencia Provincial de A Coruña hiciera pública la sentencia sin que el espacio político de Díaz reaccionara oficialmente.
La ofensiva del PP gallego
La proposición no de ley , registrada ayer en el Parlamento de Galicia, no se limita a pedir la renuncia de Díaz. La formación conservadora quiere que todas las fuerzas con representación en la cámara autonómica condenen este tipo de conductas y se comprometan a apartar de inmediato a cualquier cargo sobre el que pesen «indicios razonables» de delitos sexuales. En la exposición de motivos, los populares hablan de «máximo rechazo institucional a estos hechos repugnantes» y de la necesidad de blindar las aulas para que ningún docente con historial de abusos pueda volver a dar clase.
El ataque a Yolanda Díaz no es colateral. Es el centro de la operación política del PP gallego. Fuentes del partido subrayan que Díaz fue compañera de escaño de Ron en el Parlamento de Galicia cuando ambos formaban parte de Alternativa Galega de Esquerda (AGE), la coalición que dio origen al espacio político que hoy ocupa Sumar. Ese vínculo, insiste el PP, convierte el silencio de la vicepresidenta en una «cobardía política» que la inhabilita para seguir en el Gobierno de coalición.
El silencio estratégico de Sumar y sus costes políticos
Ni Yolanda Díaz ni Sumar han emitido hasta ahora un solo comunicado sobre el caso. Tampoco lo han hecho las principales figuras de los confluentes gallegos, que hasta la fecha habían reaccionado con rapidez ante escándalos similares en otros territorios. La lectura interna que se hace en la formación es que abrir ese melón ahora, con las negociaciones presupuestarias con el PSOE aún abiertas y la izquierda midiendo fuerzas en varios parlamentos autonómicos, podría desgastar aún más la ya frágil cohesión del espacio. Pero la estrategia tiene un riesgo evidente: cuanto más se alarga el silencio, más crece la percepción de que Sumar aplica un doble rasero en función de quién sea el señalado.
No ayuda que el historial reciente de la izquierda esté salpicado por casos que el PP no ha tardado en recordar. En su intervención, Alberto Pazos mencionó expresamente los nombres de Iñigo Errejón, del exfugitivo Martiño Ramos Soto y del asesor de Esquerda Unida Ramiro Santalices. La enumeración es una enmienda a la totalidad al discurso feminista que Sumar ha enarbolado como bandera y que ahora corre el riesgo de quedar en entredicho si no se produce un desmarque contundente y rápido.
El silencio de Sumar deja al descubierto una tensión que va más allá del caso Ron: la izquierda aún no ha encontrado un protocolo claro para gestionar las conductas de sus propios cargos sin destruirse a sí misma.
Fuentes del Grupo Parlamentario Sumar reconocen en privado que el asunto incomoda profundamente a la dirección, pero insisten en que no hay una decisión tomada sobre si la vicepresidenta debe pronunciarse personalmente o si basta con un comunicado genérico del partido. Mientras tanto, el relato que avanza es el que impone el PP.
La dinámica interna
El escándalo Ron tensiona las costuras de un Sumar que ya venía arrastrando dificultades para encontrar su tono en los debates de tolerancia cero. La coalición alberga sensibilidades muy distintas: desde los sectores más vinculados al feminismo institucional, que exigirían una condena inmediata, hasta quienes temen que cualquier movimiento en falso pueda ser utilizado por el PSOE para debilitar el perfil propio de la formación dentro del Gobierno de coalición. En Galicia, donde la implantación de Sumar es aún incipiente y depende en gran medida del tirón de Yolanda Díaz, el caso puede hacer mella en un electorado joven y urbano especialmente sensible a este tipo de noticias.
La dimensión coalición con el PSOE no es menor. Los socialistas observan con cautela el desarrollo de los acontecimientos. Saben que cualquier tropiezo de Díaz en un asunto de violencia sexual —justo cuando el Gobierno negocia medidas como la ampliación de los permisos de paternidad o la reforma de la ley de trata— puede ser aprovechado por la oposición para erosionar al conjunto del Ejecutivo. Sumar necesita decidir rápido si protege a su líder, a la coalición o a su capital político, porque las tres cosas parecen cada vez más difíciles de salvar a la vez.
La próxima semana, el debate de la proposición no de ley en el Parlamento gallego obligará a los partidos a retratarse. El foco volverá a ponerse sobre Sumar y sobre una Yolanda Díaz que, hasta ahora, ha optado por no hablar. El tiempo de los silencios se acaba.
Ficha del Caso
- El caso: Xabier Ron, exdiputado de Alternativa Galega de Esquerda (espacio integrado en Sumar), ha sido condenado a nueve años y medio de prisión por agresión sexual continuada a una menor de 12 años. El PP de Galicia exige la dimisión de Yolanda Díaz por su «silencio cómplice».
- Datos importantes: La sentencia impone también una inhabilitación de 15 años para ejercer la docencia. La proposición no de ley del PP se debatirá la próxima semana en el Parlamento de Galicia. Sumar no ha emitido comunicado oficial al cierre de esta edición.
- Resumen: La falta de reacción de Sumar ante la condena de un antiguo compañero de escaño de Yolanda Díaz abre una brecha entre el discurso feminista de la formación y su capacidad para gestionar las crisis internas, y ofrece al PP un argumento para desgastar al Gobierno de coalición.
