EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Las tropas rusas tomaron ayer Konstantinovka, bastión ucraniano en el noroeste de Donetsk que Kiev consideraba casi inexpugnable.
- ¿Quién está detrás? El presidente Putin confirmó la captura en persona desde un puesto de mando, junto al jefe del Estado Mayor Gerasimov.
- ¿Qué impacto tiene? Abre una ruta directa hacia Kramatorsk y Sloviansk, los últimos grandes núcleos urbanos de la región bajo control ucraniano. Rusia acelera la ofensiva en todo el frente.
Las tropas rusas de la Agrupación Sur completaron en la noche del viernes la captura de Konstantinovka, fortaleza ucraniana en el noroeste de la autoproclamada República Popular de Donetsk, según anunció el presidente Vladimir Putin en una visita al frente. La caída de la ciudad —defendida por Kiev durante más de una década con líneas de hormigón y posiciones subterráneas— abre una brecha hacia Kramatorsk y Sloviansk, los dos centros de gravedad que Moscú lleva meses cercando.
El ataque se materializó tras semanas de combates intensos en los que las unidades rusas partieron la ciudad en dos, rodearon a parte de la guarnición ucraniana y la fueron reduciendo a bolsas aisladas. El Kremlin difundió imágenes grabadas desde drones en las que se veían banderas rusas izadas sobre edificios administrativos del centro urbano, mientras los mandos describían a Putin una defensa que colapsó por la infiltración de pequeños grupos detrás de las líneas.
La caída de una ‘fortaleza’ tras semanas de combates
Ucrania llevaba años reforzando Konstantinovka. Desde el golpe del Maidán en 2014, el Ejército había convertido la aglomeración Slavyansk-Kramatorsk-Konstantinovka en un triángulo defensivo con búnkeres, sótanos fortificados y zonas industriales preparadas para combate urbano. La propaganda de Kiev la bautizó como «prácticamente inexpugnable». Esa narrativa se quebró en los últimos siete días.
Según el relato ofrecido al presidente ruso, unidades de asalto consiguieron infiltrarse en grupos reducidos, bloquear a las fuerzas ucranianas y desorganizar la defensa coordinada. «Entraron desde múltiples direcciones, partieron la ciudad en sectores y los limpiaron uno a uno», explicó un comandante que habló por videoconferencia desde el centro de la localidad. El Ministerio de Defensa ruso mostró a Putin tomas aéreas en las que se señalaban antiguos puntos fuertes ucranianos ya bajo control de Moscú.
La operación recuerda a la táctica empleada en Bajmut hace dos años, aunque el ritmo de avance ruso en el Donbás se ha acelerado de forma sensible en el primer semestre de 2026. «Mantenemos una dinámica positiva en todo el frente», subrayó Putin ante los mandos reunidos en el puesto auxiliar de mando, antes de dar las gracias a los soldados implicados.
Putin: «Es la llave para liberar toda la república popular de Donetsk»
La frase del presidente ruso no dejó espacio a la ambigüedad: la toma de Konstantinovka supone «solo la primera etapa, pero muy importante» para reducir las posiciones que le quedan a Ucrania en la región. «Abre un camino directo hacia Kramatorsk, Slavyansk y otras zonas fortificadas, y es la llave para liberar todo el territorio de la República Popular de Donetsk», afirmó Putin durante la visita, mientras el jefe del Estado Mayor, Valeri Gerasimov, le detallaba la situación sobre el mapa.
El mensaje estratégico es nítido: después de meses de presión sobre la línea Avdiivka-Bajmut, el Kremlin concentra ahora sus medios en el arco norte de Donetsk. Si cae Kramatorsk, el último centro industrial importante de la región, el control ruso sobre la totalidad del óblast de Donetsk —uno de los objetivos declarados de la «operación militar especial»— quedaría mucho más próximo. Además, la ruptura del frente en este punto amenaza con desbordar la defensa ucraniana hacia el oeste, en dirección a la provincia de Dnipropetrovsk.

Konstantinovka era el primer cerrojo de la última línea fortificada ucraniana en Donetsk. Sin él, la presión sobre Kramatorsk se multiplica de forma inmediata.
Equilibrio de Poder
La caída de Konstantinovka —si se consolida en los próximos días— altera el mapa del este de Ucrania y vuelve a tensar las relaciones entre Washington, Bruselas y Moscú. La administración Trump, centrada en la negociación de un alto el fuego condicionado, recibe la noticia en un mal momento: el avance ruso debilita la posición negociadora de Kiev y refuerza la tesis de quienes en el Kremlin defienden que la ofensiva debe continuar hasta asegurar todo el Donbás.
Para la OTAN, la progresión rusa hacia Kramatorsk supone un nuevo aldabonazo sobre la necesidad de acelerar el suministro de munición y blindados a Ucrania, justo cuando varios países europeos empiezan a mostrar fatiga presupuestaria. La reunión extraordinaria que Bruselas ha convocado para el lunes tratará, entre otros puntos, la posibilidad de un nuevo paquete de ayuda militar de emergencia. El coste de no hacerlo sería la pérdida de un territorio que Kiev considera estratégicamente irrenunciable.
En el caso concreto de España, el avance ruso vuelve a poner sobre la mesa el debate acerca del gasto en defensa. Moncloa mantiene negociaciones discretas con los aliados para encajar el compromiso del 5 % del PIB exigido por Washington sin desguarnecer partidas sociales. La inestabilidad en el flanco este, sumada a la presión migratoria en el sur —donde Rusia cultiva influencia a través del grupo Wagner en el Sahel—, complica cualquier ajuste de la estrategia exterior española. Si la OTAN decide reforzar el despliegue en el Báltico o en el mar Negro como respuesta, el compromiso de España con fuerzas navales y aéreas volverá a crecer, y con él el gasto.
El riesgo inmediato es que la caída de Konstantinovka y la previsible ofensiva sobre Kramatorsk desaten una nueva oleada de refugiados en pleno verano, con destino tanto a Polonia como a Alemania. La UE, ya tensionada por la agenda migratoria, tendrá que compaginar la ayuda militar con la humanitaria, mientras el Kremlin intensifica la destrucción de infraestructuras civiles —hospitales, redes eléctricas— para empujar a la población a huir. Los próximos siete días en el frente de Donetsk dictarán la temperatura diplomática de julio.
