La Casa Blanca sugiere que Trump debería añadirse al Monte Rushmore como quinto presidente

La portavoz Taylor Rogers afirma que 'no habría mejor adición' al monumento que el 45.º y 47.º presidente, en plena celebración del 250 aniversario de la independencia y a horas del discurso de Trump en Dakota del Sur.

La Casa Blanca ha sugerido este viernes que el presidente Donald Trump merece ser añadido al Monte Rushmore como quinto rostro presidencial, justo antes de su discurso del 4 de julio en el monumento. ‘No habría mejor adición al icónico Monte Rushmore que el 45.º y 47.º presidente de Estados Unidos, Donald Trump’, ha afirmado la portavoz Taylor Rogers. La declaración, difundida a última hora de la mañana, reaviva un debate simbólico sobre el legado del presidente en plena celebración del 250 aniversario de la firma de la Declaración de Independencia.

El proyecto de ley que ya dormía en el Congreso

La idea no es nueva. Días después de que Trump jurara su segundo mandato, en enero de 2025, la congresista republicana por Florida Anna Paulina Luna presentó un proyecto de ley para añadir al presidente al monumento. Luna defendió entonces que Trump ‘será recordado por siempre entre los grandes’, junto a George Washington, Thomas Jefferson, Abraham Lincoln y Theodore Roosevelt. La iniciativa, puramente simbólica, nunca avanzó en el Capitolio, pero sirvió para medir la temperatura del Partido Republicano.

El propio Trump nunca ha respaldado públicamente la propuesta, pero tampoco la ha rechazado. En 2020, calificó de fake news la noticia de que había abordado el asunto con la gobernadora de Dakota del Sur, aunque añadió que le parecía ‘una buena idea’. Ese guiño, típico de su estilo, mantiene viva la expectativa entre sus seguidores más leales.

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Un legado que busca su lugar en la piedra

La sugerencia de la Casa Blanca encaja en una campaña más amplia del Partido Republicano para blindar el legado de Trump. Varios legisladores han propuesto concederle el Premio Nobel de la Paz, poner su nombre a aeropuertos e incluso declarar su cumpleaños como festivo federal. La foto de este fin de semana en Dakota del Sur, con el presidente pronunciando dos discursos consecutivos —uno esta noche y otro mañana sábado, por el 250 aniversario—, añade un poderoso escenario visual a esa operación.

El Monte Rushmore, esculpido entre 1927 y 1941, es mucho más que un icono turístico. Simboliza la narrativa presidencial que el país elige contar sobre sí mismo. Colocar a Trump junto a los padres fundadores y a los presidentes que preservaron la Unión o proyectaron a Estados Unidos como potencia mundial sería un gesto de enorme carga simbólica. Un comité escultor decide quién merece ese honor, pero la última palabra la tiene el Congreso, y con una mayoría republicana ajustada, la viabilidad legislativa es escasa.

Trump sabe que los monumentos duran más que las leyes, y que la batalla cultural se libra también a golpe de granito.

La polémica no es inocente. Reabrir el debate sobre el Monte Rushmore en el Día de la Independencia permite a la Casa Blanca apelar directamente a la base conservadora, sin necesidad de prometer nada concreto. Mientras el país asimila el 250 aniversario, la imagen de Trump celebrando su legado ante los rostros de sus predecesores tiene un rendimiento político inmediato.

La lógica de la Casa Blanca

¿Por qué la portavoz Rogers lanza ahora este globo sonda? La explicación está en el calendario electoral y en la necesidad de movilizar a los votantes de cara a las legislativas de otoño. Trump no se juega un cargo —ya ha cumplido su segundo mandato—, pero sí su capacidad de influencia. Mantener encendida la llama del legado presidencial es un multiplicador de lealtades dentro del Partido Republicano y un recordatorio para los demócratas de que su impronta no se apaga al dejar el Despacho Oval.

Desde la perspectiva histórica, la idea recuerda a otras propuestas fallidas: Ronald Reagan fue sugerido en los años 90, y la Fundación Rushmore recibió peticiones para añadir a Franklin D. Roosevelt o John F. Kennedy. Ninguna prosperó. El Monte Rushmore se ha mantenido como un cuarteto inalterado, en parte por una decisión de sus propios escultores de que la montaña no admitía más figuras. La base geológica del monumento dificulta técnicamente una ampliación: los ingenieros han repetido durante décadas que el granito circundante no ofrece la calidad ni la dimensión suficientes para un quinto rostro.

Para España, la propuesta carece de impacto directo. No afecta a exportaciones, ni a visados ni a la relación transatlántica. La lectura relevante es política: muestra el grado de control que Trump conserva sobre el Partido Republicano y sobre los mensajes que la Casa Blanca decide colocar en las portadas internacionales. En términos de soft power, la idea de un Trump esculpido en el Monte Rushmore provocaría, sin duda, un alud de reacciones en las cancillerías europeas, que verían en ese gesto la consolidación definitiva de una era política controvertida.

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A corto plazo, no hay calendario legislativo: la propuesta de Luna sigue en un cajón del Capitolio y no se espera que el comité escultor del Monte Rushmore abra el debate. Pero el episodio deja claro que, en pleno 250 aniversario, Washington sigue jugando con los símbolos. Y Trump, como tantas veces, ha vuelto a ganar la batalla del relato.

Ficha del Caso

  • El caso: La Casa Blanca sugiere añadir a Donald Trump como quinto presidente en el Monte Rushmore, recuperando un proyecto de ley de 2025 que la congresista Anna Paulina Luna presentó sin éxito.
  • Datos clave: La portavoz Taylor Rogers lo anuncia el 4 de julio de 2026, coincidiendo con el discurso de Trump en Dakota del Sur. El monumento fue esculpido entre 1927 y 1941 y, según los ingenieros, no admite una ampliación técnicamente viable.
  • Para España: Ningún impacto material, pero sí simbólico: la propuesta revela la fuerza del legado trumpista en vísperas de las elecciones legislativas y el pulso que mantiene con la narrativa histórica estadounidense.