La Ribeira Sacra, ese paisaje de viñedos, monasterios y cañones tallados por los ríos Sil y Miño, inicia la cuenta atrás para saber si alcanza el reconocimiento más prestigioso del patrimonio mundial. La candidatura del paisaje cultural ourensano, la única que presenta España en 2026, se someterá a la decisión del Comité del Patrimonio Mundial de la Unesco entre el 20 y el 29 de julio en Busán (Corea del Sur). Aunque el expediente llega con la recomendación desfavorable de Icomos —el órgano asesor que evalúa los bienes culturales—, tanto la Xunta de Galicia (el gobierno autonómico) como el Gobierno central confían en que la decisión política de los 21 estados miembros pueda inclinar la balanza a favor de Galicia.
El Comité que decidirá está formado por Armenia, Azerbaiyán, Bangladés, Chequia, Granada, Jamaica, Kazajistán, Kenia, Kuwait, Líbano, Mongolia, Perú, Polonia, República de Corea, Senegal, Suiza, Togo, Turquía, Ucrania, Tanzania y Vietnam. Un bloque de 21 países con capacidad para aprobar o rechazar las nuevas inscripciones, y cuyas deliberaciones se celebrarán bajo la presidencia del diplomático surcoreano Lee Byong Hyun.
La evaluación técnica no es vinculante. Icomos concluyó que la Ribeira Sacra no acredita de forma suficiente el valor universal excepcional exigido por la Unesco y cuestiona el concepto de “Paisaje del Agua” con el que se reformuló la candidatura tras su retirada en 2021. Sin embargo, la historia demuestra que los estados pueden apartarse del criterio de los expertos.
Un paisaje del agua frente a los expertos
El expediente gallego defiende que la Ribeira Sacra constituye un paisaje cultural vivo donde la interacción humana ha modelado un territorio único de bancales, iglesias románicas y una viticultura heroica. Los cañones del Sil y del Miño articulan un patrimonio que aspira a ser reconocido como “Paisaje del Agua”. Ese concepto, sin embargo, no convence plenamente a los evaluadores.
Icomos considera que los argumentos presentados no alcanzan el nivel de excepcionalidad requerido y que la comparación con otros paisajes similares inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial no resulta concluyente. A eso se suma que la candidatura fue retirada en 2021 para reformularse; ahora regresa con cambios, pero el dictamen sigue siendo adverso.
La decisión sobre la Ribeira Sacra es política, no técnica: 21 países votarán sin estar atados al informe de los expertos.
Precisamente a ese margen se aferran las administraciones. La Xunta de Galicia y el Gobierno central han intensificado en las últimas semanas los contactos diplomáticos con con los Estados miembros del Comité para tratar de inclinar la votación. Galicia se juega mucho más que un título: el impacto económico para el turismo rural del interior ourensano y lucense podría ser decisivo.
La diplomacia gallega se activa en Busán
No es la primera vez que un país logra inscribir un bien pese a un informe desfavorable. En 2018, el oasis de Al-Ahsa, en Arabia Saudí, fue incluido como Patrimonio Mundial con el voto en contra de Icomos. Y en 2012, la Iglesia de la Natividad de Belén, en Palestina, también superó una recomendación técnica negativa. Esta vez, la Ribeira Sacra es una de las dos únicas candidaturas que llegan con un informe en contra, junto con el Castillo y Mitreo de Zerzevan, presentado por Turquía.
El trabajo diplomático corre a cargo conjuntamente del gobierno autonómico —presidido por Alfonso Rueda— y del Ejecutivo central. Fuentes de la Xunta confirman que se han producido reuniones y gestiones con representantes de varios países del Comité, aunque evitan detallar la estrategia para no comprometer las negociaciones.
El Laboratorio Gallego
La candidatura de la Ribeira Sacra es también un buen ejemplo de cómo Galicia consigue, en ocasiones, alinear a administraciones de distinto color político en torno a un objetivo común. La Xunta de Galicia, gobernada por el PPdeG con mayoría absoluta, y el Gobierno de España, liderado por el PSOE, están remando en la misma dirección en esta batalla diplomática. No es un hecho menor en un momento de alta tensión partidista a nivel nacional.
El valor de ese consenso va más allá de la votación del Comité. La Ribeira Sacra es un territorio que abarca una veintena de municipios de las provincias de Ourense y Lugo, con una densidad de población muy baja y una economía muy dependiente del sector primario y del incipiente turismo enológico. Obtener el sello de Patrimonio Mundial supondría un impulso definitivo para un modelo de desarrollo rural que la Xunta lleva años ensayando —con la marca Galicia Calidade como paraguas— y que podría ser replicado en otras zonas del interior de España.
La lectura nacional de este proceso es clara: si la candidatura sale adelante, se reforzará la imagen de Galicia como territorio capaz de liderar proyectos culturales con proyección internacional. Si fracasa, las críticas se centrarán en la falta de capacidad de influencia del Gobierno central, pero también en la estrategia de reformulación de la candidatura que la Xunta defendió en 2021. En cualquier caso, la cita de Busán está llamada a marcar la agenda política gallega del verano.
La decisión se conocerá en la última semana de julio. Entonces se verá si los 21 países del Comité respaldan la excepción o si, por el contrario, la Ribeira Sacra se queda, por segunda vez, a las puertas del reconocimiento.
Ficha del Caso
- El caso: La candidatura del paisaje cultural de la Ribeira Sacra aspira a ser inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco tras un primer intento fallido en 2021.
- Datos importantes: La decisión final se tomará en Busán (Corea del Sur) entre el 20 y el 29 de julio de 2026. El Comité está formado por 21 países y solo dos de las 30 candidaturas llegan con informe técnico desfavorable de Icomos, entre ellas la gallega.
- Resumen: La votación es política y tanto la Xunta como el Gobierno central están desplegando una intensa labor diplomática para conseguir los apoyos necesarios. El impacto para el turismo y el desarrollo rural del interior gallego sería notable.

