La tarde del domingo 5 de julio, Abelardo de la Espriella, presidente electo de Colombia, dejó claro que no piensa tolerar los llamamientos a la desobediencia civil. Lo hizo desde su canal de YouTube, en un mensaje que resonó con particular intensidad en los consejos de administración de las grandes empresas españolas presentes en el país andino. El motivo no es menor: Colombia es el segundo destino de las inversiones españolas en América Latina, solo por detrás de México, y cualquier conato de inestabilidad institucional enciende todas las alarmas.
El detonante fue la insistencia del senador Iván Cepeda, del Pacto Histórico, en promover lo que él define como una “acción pacífica” de resistencia frente al nuevo Ejecutivo. De la Espriella replicó sin ambages: “todo aquello que esté por fuera de la ley será enfrentado con toda la fuerza del Estado de derecho”. Una promesa de firmeza que, en un contexto regional marcado por la volatilidad política, supone un alivio para las compañías de bandera que han inyectado miles de millones en el mercado colombiano.

