Trump llega a Turquía para la cumbre de la OTAN con la Alianza dividida sobre gasto en defensa y el conflicto con Irán

Trump aterrizó en Ankara para una cumbre de alto riesgo, con la exigencia del 2% del PIB en defensa y la creciente tensión con Irán sobre la mesa. La remoción de sanciones a Turquía y los ataques selectivos de la Armada emergen como acciones inmediatas.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Donald Trump ha aterrizado en Ankara para la cumbre de la OTAN. Ha anunciado el fin de las sanciones a Turquía y se han producido ataques de la Armada estadounidense contra buques iraníes en el Golfo Pérsico.
  • ¿Quién está detrás? Trump y el secretario de Estado Marco Rubio lideran la ofensiva diplomática, con Recep Tayyip Erdoğan como anfitrión y la OTAN presionada para asumir la iniciativa ‘3.0’.
  • ¿Qué impacto tiene? El debate sobre el gasto en defensa (el 2% del PIB) y la crisis con Irán definen la agenda. Para España, la presión para aumentar el presupuesto militar y el encarecimiento de la energía marcan las claves.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha aterrizado este martes en Ankara para participar en una cumbre de la OTAN marcada por las divisiones sobre el gasto en defensa y la escalada con Irán. La llegada de Trump estuvo acompañada de un gesto inmediato: la suspensión de las sanciones contra Turquía, mientras Washington confirmaba ataques selectivos contra buques comerciales vinculados a Irán.

La bienvenida de Recep Tayyip Erdoğan a pie de pista fue la primera señal: Turquía se consolida como un aliado imprescindible en el flanco oriental de la Alianza Atlántica . Trump anunció que trabaja con el secretario de Estado, Marco Rubio, para levantar las restricciones heredadas de la administración anterior y reconstruir la cooperación bilateral. En paralelo, la Armada estadounidense atacó a tres embarcaciones comerciales en el Golfo Pérsico, vinculadas a envíos de material militar iraní.

La presión del 2% y la ‘OTAN 3.0’: una Alianza que se redefine

El corazón de la cumbre es la iniciativa ‘OTAN 3.0’, un plan para que los aliados europeos asuman la carga de su propia defensa. Según el secretario general Mark Rutte, los ajustes ya están en marcha: capacidades que EE. UU. retira están siendo cubiertas total o parcialmente por otros miembros. La Casa Blanca insiste en que no se trata de una retirada, sino de una redistribución de responsabilidades. Pero las cifras pesan. En 2025, Estados Unidos destinó a defensa unos 980.000 millones de dólares, prácticamente el doble del gasto combinado de todos los demás miembros.

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España se sitúa entre los aliados que aún no alcanzan el umbral del 2% del PIB y, aunque el Gobierno de Pedro Sánchez ha incrementado las partidas, la distancia con los objetivos de la cumbre es evidente. La iniciativa ‘3.0’ exige también interoperabilidad tecnológica y un uso masivo de inteligencia artificial, un salto que exigirá inversiones millonarias a medio plazo.

El trasfondo es estratégico. Según fuentes citadas por el diario The Wall Street Journal, el Pentágono habría cancelado un plan previo para retirar aviones y buques de las asignaciones de respuesta rápida de la OTAN. El mensaje es ambiguo: presión para que Europa pague más, pero sin generar una fractura irreversible en un momento en que la amenaza iraní se suma a la guerra en Ucrania.

Turquía, la pieza clave frente a Irán

El gesto de levantar las sanciones no es casual: Ankara y Washington necesitan coordinar la respuesta al régimen de los ayatolás. Los ataques de la Armada a barcos iraníes este mismo lunes subrayan la urgencia. Un portavoz del Mando Europeo de Estados Unidos explicó en un comunicado que los recortes de tropas y equipos son parte de la nueva arquitectura ‘3.0’, pero la prioridad inmediata es contener a Irán. Para ello, Turquía controla los estrechos y la inteligencia regional.

La decisión no está exenta de riesgos: algunos aliados temen que la concesión a Erdoğan diluya la exigencia de reformas democráticas. Sin embargo, en el Ala Oeste la lectura es pragmática. Trump cumple su promesa de alejarse de los conflictos que no sean de interés vital y, al mismo tiempo, demuestra que su doctrina ‘America First’ no equivale a aislacionismo.

Cada movimiento de Trump en Ankara —desde el fin de las sanciones hasta los ataques a barcos iraníes— es un mensaje: la protección de EE. UU. no es gratuita, pero se puede negociar.

La Lógica de Washington

Para comprender la hoja de ruta de Trump en esta cumbre hay que remontarse a la década de 1980, cuando Ronald Reagan presionó a los aliados europeos para que aumentaran sus presupuestos militares mientras Washington asumía el coste de la disuasión nuclear. La diferencia es que ahora Trump no se limita a pedir más dinero: está retirando activos y forzando a una reorganización estructural. La Casa Blanca argumenta que Europa debe protegerse sola para que Estados Unidos pueda centrarse en la competencia con China.

Esta lógica explica la doble jugada con Turquía. Al eliminar las sanciones, Trump obtiene un socio clave para vigilar a Irán sin necesidad de desplegar más tropas. Y el episodio de los ataques a buques demuestra que la capacidad de respuesta estadounidense sigue siendo la última red de seguridad de la Alianza. Es una técnica de negociación clásica: reducir la presencia permanente, pero conservar el poder de intervención.

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Para España, el impacto es doble. Por un lado, la presión sobre el gasto en defensa se intensificará: el debate sobre el envío de material a Ucrania y la modernización tecnológica obligarán a revisar las prioridades presupuestarias. Por otro, cualquier escalada en el Golfo Pérsico encarece el petróleo, y las empresas españolas con intereses en la región —como algunas del sector energético— deberán recalibrar sus estrategias. La próxima cumbre de ministros de Defensa de la OTAN, prevista para octubre, será la primera prueba de fuego tras lo pactado en Ankara.

Ficha del Caso

  • El caso: Donald Trump utiliza la cumbre de la OTAN en Turquía para imponer su agenda de gasto en defensa, mientras aprovecha el acercamiento a Erdoğan para aislar a Irán con acciones militares limitadas.
  • Datos clave: El gasto militar de EE. UU. en 2025 alcanzó los 980.000 millones de dólares, frente a los menos de 100.000 millones de cualquiera de los grandes aliados europeos. La iniciativa ‘OTAN 3.0’ busca una redistribución de cargas por valor de hasta 50.000 millones de dólares en activos retirados.
  • Para España: La presión para que el presupuesto de defensa se acerque al 2% del PIB se volverá ineludible, con un coste político y económico que podría tensar al Gobierno. La escalada con Irán amenaza con repuntes en los precios de la energía y afecta a la seguridad de las rutas comerciales.