El Govern de Salvador Illa ha aprobado este miércoles unos presupuestos de 49.162 millones de euros para 2026, la cifra más alta de la historia de la Generalitat. Supone un incremento del 22,8% respecto a las últimas cuentas vigentes, las de 2023.
El detalle de las cuentas: más gasto social y un récord en vivienda
Las nuevas cuentas, las primeras del tripartito formado por PSC, ERC y los Comuns, llegan tras tres ejercicios de prórroga que han lastrado la capacidad inversora del sector público catalán. El salto de 9.126 millones respecto a aquel año se apoya en una mayor recaudación fiscal y en el aumento de las entregas a cuenta del sistema de financiación autonómica.
Tres de cada cuatro euros se orientan a políticas sociales. Sanidad, con 13.840 millones, encabeza las partidas; Educación y FP suma 8.356 millones y Derechos Sociales alcanza los 4.248 millones. En total, el gasto social crece un 25% respecto a 2023, según ha detallado el Govern.
Sanidad destinará 616 millones extra a Atención Primaria y creará cerca de 6.000 plazas de personal. Educación incorporará 4.162 nuevos docentes y duplicará la partida de comedor y transporte escolar hasta 253 millones. Derechos Sociales suma 1.000 nuevas plazas residenciales y 118 millones adicionales para los entes locales.
La vivienda se convierte en la gran prioridad transversal. La partida de 1.900 millones —un récord— financiará promoción de vivienda protegida y ayudas al alquiler asequible, con la meta de alcanzar los 2.500 millones al final de la legislatura. La inversión pública crece hasta los 4.146 millones, la más alta desde 2010, e incluye 314 millones para centros educativos, 463 millones para equipamientos sanitarios y el impulso al tranvía del Camp de Tarragona.
El mantenimiento de las bonificaciones de la T-Usual y y la T-Joven, con 194 millones, y la partida de 355 millones para Rodalies completan un paquete que busca aliviar el bolsillo de los ciudadanos. También se refuerza la seguridad, con convocatorias de plazas para Mossos d’Esquadra, Bombers y Agents Rurals, y se destinan recursos a modernizar parques de bomberos y comisarías.
La gran incógnita no está en las cifras, sino en si el Govern será capaz de ejecutarlas en un ciclo político marcado por la fragmentación parlamentaria.
El encaje político: del Consell Executiu al Parlament
El Govern de Illa ha logrado un acuerdo de mínimos con ERC y los Comuns, pero el proceso de enmiendas en el Parlament se anticipa complejo. ERC ha condicionado su apoyo a que las partidas de dependencia y renta garantizada sean blindadas, mientras los Comuns exigen que el incremento en vivienda no sea flor de un día. Junts, por su parte, observa desde fuera y ya ha anunciado que presentará enmiendas a una cuenta que consideran «insuficientemente catalana», en referencia a la dependencia de las transferencias estatales.
La sombra del Govern en solitario de Aragonès, que nunca logró aprobar unas cuentas completas, planea sobre la negociación. La capacidad de Illa para mantener la geometría variable de apoyos parlamentarios durante la tramitación será la prueba de fuego de su liderazgo dentro del tripartito.
Lo que estas cuentas revelan del ciclo político en Cataluña
Más allá de los números, los presupuestos de 2026 perfilan un Govern que se ha instalado en un espacio socialdemócrata sin complejos, alejándose de los debates identitarios que dominaron la pasada década. La prioridad por la vivienda, la dependencia y la sanidad pública es una respuesta directa a las principales preocupaciones ciudadanas, según todas las encuestas.
Sin embargo, la astronómica cifra de 49.162 millones esconde un riesgo estructural: la Generalitat financia el grueso de su gasto con ingresos que no controla directamente. La litigiosidad con el Estado por la financiación autonómica sigue viva, y cualquier frenazo en el crecimiento económico o un cambio de ciclo político en Madrid podría desajustar las previsiones. El Govern ha preferido ser optimista y construir un relato de certeza, pero la experiencia de los últimos años aconseja prudencia.
En el trasfondo, la ejecución efectiva del gasto sigue siendo el talón de Aquiles. En ejercicios anteriores, departamentos como Territori o Empresa llegaron a ejecutar menos del 60% de su presupuesto de inversión. La capacidad de transformar las cifras en realidad será el verdadero test de un Gobierno que aspira a no ser un simple paréntesis entre mayorías independentistas.

