El sector forestal gallego alerta: la falta de relevo generacional amenaza dos millones de hectáreas de monte

La atomización extrema del monte y la falta de profesionales cualificados ponen en jaque al motor económico de 3.300 empresas. La Xunta y la empresa privada buscan fórmulas para frenar la sangría antes de que sea irreversible.

Galicia atesora cerca de dos millones de hectáreas forestales y una producción anual de 10,77 millones de metros cúbicos de madera, según los datos del último Informe da Cadea Forestal-Madeira de Galicia 2025. Pero esa riqueza natural choca con una paradoja cada vez más evidente: faltan profesionales cualificados para gestionarla. La atomización del territorio —450.000 propietarios, más de 3.000 comunidades de montes vecinales y casi ocho millones de parcelas— convierte al monte gallego en un rompecabezas de 0,28 hectáreas de media por finca. Y ese puzle, sin relevo generacional, amenaza con volverse inmanejable.

Un monte minifundista pendiente del relevo profesional

El informe, elaborado por la Axencia Galega da Industria Forestal (XERA) —la agencia de la Xunta para el desarrollo del sector— y la Escola de Enxeñería Forestal de la Universidade de Vigo, sitúa la formación y la sucesión generacional como los dos grandes retos de la década. No es un diagnóstico menor: la actividad forestal está presente en el 95 % de los municipios gallegos y mueve a más de 3.300 empresas. Sin embargo, la complejidad administrativa de las fincas, la prevención de incendios, la certificación ambiental o la digitalización exigen perfiles técnicos que hoy escasean.

La Consellería do Medio Rural (la consejería autonómica de agricultura y entorno rural) lleva años revisando el Plan Forestal de Galicia 2021‑2040, pero los avances normativos no bastan si no hay suficientes ingenieros forestales, motoserristas o maquinistas dispuestos a trabajar en un medio donde la edad media de los profesionales ronda los cincuenta años. La falta de relevo es especialmente grave en las zonas de interior, donde la despoblación vacía aldeas y también oficios.

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El dato es tozudo: Galicia concentra el 12 % de la superficie forestal española, pero capta una porción mucho menor de los profesionales formados en el resto del país. La oferta formativa pública no está dando respuesta a una demanda que crece al ritmo de las exigencias ambientales y de mercado.

La apuesta de Ence Terra por el talento forestal

Ante ese panorama, algunas empresas han decidido tomar la iniciativa. Ence Terra, la división que agrupa toda la actividad forestal de Ence —el mayor gestor forestal privado de España, con cerca de 70.000 hectáreas de patrimonio—, ha puesto en marcha programas de formación específicos. En Vilalba (Lugo) funciona un centro de entrenamiento para motoserristas, y la compañía imparte cursos de maquinaria forestal en colaboración con entidades locales. El objetivo es claro: “disponer de personal cualificado suficiente para afrontar los retos del monte del futuro”, explican desde la empresa.

La madera gallega crece, pero los profesionales que saben gestionarla escasean.

Estas iniciativas, aunque todavía limitadas, han permitido formar a cientos de trabajadores y están sirviendo de banco de pruebas para un modelo de colaboración público‑privada que la Xunta de Galicia (el gobierno autonómico gallego) quiere replicar. De hecho, la Consellería do Medio Rural ultima una línea de ayudas para que otras compañías del sector implementen planes de capacitación similares. La estrategia busca atajar un problema que el propio sector considera prioritario y que, sin acción concertada, podría estrangular la industria dentro de una década.

Los expertos advierten, no obstante, de que la formación por sí sola no retendrá talento mientras el monte gallego siga lastrado por la excesiva fragmentación y la falta de rentabilidad de las pequeñas parcelas. Sin una política de concentración parcelaria que agilice las agrupaciones de fincas, el relevo generacional será solo un parche.

El Laboratorio Gallego

Galicia se ha convertido, de manera casi silenciosa, en un laboratorio de gestión forestal que trasciende sus fronteras. Con 95 de cada cien municipios tocados por el sector, las decisiones que se toman en el monte gallego anticipan desafíos que la España rural —desde Extremadura hasta Soria— deberá afrontar en los próximos años. La combinación de despoblación, envejecimiento y parcelación extrema es una ecuación que se repite en muchas comarcas del interior peninsular, y el modelo que se ensaya en Galicia es observado con atención por el Partido Popular, el partido que gobierna tanto en Santiago de Compostela como, hoy, en Madrid.

No es casualidad que el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, haya aludido en varias ocasiones al plan forestal gallego como un referente de “políticas que conectan con el territorio”. La apuesta por la formación profesional dual, la digitalización de los montes vecinales o los contratos de gestión forestal pública han sido banderas que el PPdeG (el Partido Popular de Galicia) ha ondeado en Bruselas y en foros nacionales. Ahora, con la amenaza del relevo generacional como telón de fondo, el laboratorio gallego se enfrenta a su prueba más delicada: demostrar que es posible fijar población cualificada en un territorio minifundista y montañoso sin que la gestión del monte acabe dependiendo solo de unos pocos grandes operadores privados.

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La proyección no invita al optimismo inmediato. El Parlamento de Galicia (la cámara legislativa unicameral gallega) tiene pendiente debatir, antes de que termine 2026, una proposición del BNG para reforzar la formación forestal pública, pero la mayoría absoluta del PPdeG hace previsible que el ejecutivo mantenga el timón de las políticas de capacitación. Mientras, las hectáreas de eucalipto y pino siguen esperando manos con conocimiento y disposición a vivir del monte.

Ficha del Caso

  • El caso: El sector forestal gallego afronta la escasez de profesionales cualificados y la falta de relevo generacional en un contexto de extrema atomización de la propiedad.
  • Datos importantes: 2 millones de hectáreas forestales, 450.000 propietarios, 3.000 comunidades de montes, parcelas medias de 0,28 ha. El 95 % de los municipios tiene actividad forestal.
  • Resumen: La formación impulsada por empresas como Ence Terra alivia una parte del déficit, pero sin políticas de concentración parcelaria y atracción de talento el desafío seguirá creciendo. Galicia actúa como laboratorio para el resto de la España rural.