Gustavo Petro cierra su mandato en Colombia envuelto en escándalos de corrupción

El primer presidente de izquierdas de Colombia abandona el poder con su círculo investigado por corrupción. Los escándalos de Juliana Guerrero y Angie Rodríguez ponen en jaque la credibilidad de un mandato que fustigó a España.

A dos semanas de dejar la presidencia de Colombia, Gustavo Petro se despide envuelto en una tormenta de corrupción. Las denuncias a su círculo más cercano agrietan el discurso antiimperialista que siempre mantuvo contra España.

Dos mujeres que agitan la recta final

La primera bomba se llama Juliana Guerrero. El presidente la había situado en puestos de confianza pese a las dudas sobre sus credenciales. Ya se investigaba el presunto uso irregular de aeronaves de la Policía Nacional y la falsificación de su título de viceministra. Ahora la Fiscalía colombiana indaga si, junto con su hermana, cobró dinero a empresarios a cambio de facilitarles contratos con el Estado. Las pesquisas apuntan a que las hermanas Guerrero habrían cobrado comisiones a cambio de agilizar contratos públicos, lo que supone un duro golpe a la promesa de transparencia del Gobierno.

Sin tiempo para reponerse, otra mujer sacudió la Casa de Nariño: Angie Rodríguez, directora del Fondo de Adaptación y antes mano derecha en el Departamento Administrativo de la Presidencia. Rodríguez denunció que se había ordenado el traslado de un billón de pesos desde ese organismo para atender otra emergencia, lo que perjudicaría a la comunidad de La Mojana. Y lanzó una advertencia que retumbó: «Juliana Guerrero no es la única joven con prácticas dudosas en la administración; estoy dispuesta a contarlo». La denunciante afirmó que guarda conversaciones privadas con el presidente que podrían comprometer aún más su imagen.

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El petrismo se desgarra ante el fuego amigo

El escándalo caló hasta el núcleo más íntimo del petrismo. Andrea Petro, hija del mandatario, pidió que la justicia investigue sin contemplaciones. «La aparente desfachatez con que actuaron resulta tan grave como los presuntos hechos», escribió. El excandidato Iván Cepeda llamó a la tolerancia cero contra la corrupción, y el exsenador Gustavo Bolívar advirtió que estos episodios infligen un daño enorme al Pacto Histórico.

La reacción del presidente agravó la crisis. Lejos de reprobar a las hermanas Guerrero, aseguró que fueron los empresarios quienes intentaron corromperlas. Horas después, en un mensaje a su ministro de Hacienda, pidió la destitución de Rodríguez y divulgó públicamente su condición psiquiátrica. La Asociación Colombiana de Psiquiatría rechazó de inmediato la maniobra: «Utilizar la salud mental para descalificar a quien denuncia no responde a las preguntas sobre el dinero público», denunció la exconcejal Gloria Díaz.

El desplome de Gustavo Petro tiene un eco incómodo en España. Durante su carrera, Petro fustigó sin matices el pasado colonial español, tildando de genocidio la conquista y restando cualquier aportación civilizatoria. Ahora, el primer presidente de izquierdas de Colombia —quien prometió enterrar la corrupción de las viejas élites— abandona el poder con su propio entorno investigado por apropiarse de lo público. La contradicción es notoria: el discurso anticolonial se desmorona cuando quienes lo enarbolan practican las mismas conductas que atribuyen a las antiguas metrópolis. Su administración, que tantas veces juzgó a España desde un púlpito moral, hoy es juzgada por los mismos vicios que denunciaba.

La salida de Petro, salpicada por la corrupción, desacredita la retórica con la que durante años cargó contra la herencia española.

La corrupción que contradice el discurso anticolonial

No es la primera vez que un gobierno que se presenta como adalid de la lucha contra las viejas potencias acaba atrapado en tramas de enchufismo y contratos amañados. En otros países de la región, las proclamas contra la «herencia colonial» sirvieron de coartada para ignorar los controles democráticos. El resultado suele ser el mismo: una pérdida de legitimidad exterior y un reguero de causas judiciales que empañan el legado. Para las empresas y los inversores españoles, la inestabilidad política de Colombia y la imagen de un presidente que alentó la hostilidad histórica hacia España añaden un factor de riesgo. Compañías como Telefónica o BBVA, con intereses sólidos en el país, no pueden desvincularse de un entorno en el que la institucionalidad se debilita. Conviene recordar que las compañías del IBEX 35 mantienen importantes posiciones en Colombia; un clima de desconfianza institucional termina afectando al clima de negocios. La lección para España es clara: conviene seguir de cerca la evolución institucional del país, porque los vaivenes políticos de un socio estratégico acaban teniendo consecuencias económicas.

El adiós de Petro, previsto para el 7 de agosto, se convierte así en una advertencia: los discursos maniqueos sobre la historia no sobreviven al contacto con la realidad de la gestión pública.

📌 Ficha del Caso

  • Ficha sobre el caso: Gustavo Petro, primer presidente de izquierdas de Colombia, abandona el cargo asediado por denuncias de corrupción que salpican a dos altas funcionarias de su círculo íntimo.
  • Datos importantes: Juliana Guerrero está investigada por tráfico de influencias; Angie Rodríguez denunció el desvío de un billón de pesos. El presidente reveló datos psiquiátricos de una denunciante.
  • Resumen: El escándalo desacredita el discurso anticolonial de Petro y muestra la contradicción entre su retórica contra España y la realidad de una administración manchada por la corrupción.