La población de Andalucía bate su récord histórico: 8,7 millones, aunque Córdoba y Huelva pierden habitantes

La llegada de extranjeros impulsa el crecimiento demográfico en la comunidad, que supera los 8,77 millones de residentes. Almería y Málaga concentran la mayor proporción de población no nacida en España.

Andalucía ha alcanzado este verano un nuevo récord histórico de población al superar los 8,77 millones de habitantes, según los datos de la Estadística Continua de Población publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE). El empuje de los nacidos en el extranjero ha sido el motor de este crecimiento, que sin embargo esquiva a Córdoba y Huelva, las dos únicas provincias que pierden residentes en el último trimestre.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Andalucía alcanza los 8.778.051 habitantes, un nuevo máximo, tras sumar 8.681 personas entre abril y junio de 2026.
  • ¿Dónde y quién? El crecimiento se concentra en Sevilla, Almería y Málaga, según el INE. Córdoba y Huelva, las únicas que restan.
  • ¿Qué supone para los ciudadanos? Todo el aumento se debe a la llegada de extranjeros; la población nacida en España desciende levemente.

Un crecimiento sostenido que ya roza los 8,8 millones

A 1 de julio de 2026, la comunidad contabilizaba 8.778.051 residentes, lo que supone el 17,6% de la población total de España, que alcanzó los 49.801.559 habitantes, también su valor más alto. En solo tres meses —del 1 de abril al 30 de junio— Andalucía incorporó 8.681 vecinos, y si se mira la foto anual son 68.614 más que hace un año. El arranque de 2026 ha sido especialmente dinámico: desde enero, la región ha sumado 26.832 nuevos habitantes, el 13% de todo el incremento nacional.

La clave está en la pujanza de la población extranjera. Mientras los nacidos en España disminuyeron en 382 personas, los nacidos fuera del país crecieron en 9.063 en el segundo trimestre. Este colectivo representa ya el 14,2% del censo andaluz, con 1.250.164 ciudadanos que no vieron la luz en territorio español.

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Córdoba y Huelva, las dos excepciones al auge demográfico andaluz

Por provincias, el mapa refleja luces y alguna sombra muy concentrada. Sevilla lideró las ganancias con 2.793 nuevos residentes y supera los dos millones de empadronados (2.004.487). Le siguen Almería (+2.527, hasta 788.934), Málaga (+2.085, hasta 1.820.507), Granada (+1.407, hasta 959.738), Jaén (+432, hasta 620.254) y Cádiz (+421, hasta 1.267.916).

La cara menos amable la pone Córdoba. La perdida de población en esta provincia, la única que registra un descenso notable con 983 residentes menos, contrasta con la tónica general y deja su censo en 772.913 personas. Huelva, por su parte, apenas perdió un habitante, un dato simbólico que la mantiene en los 543.302.

El peso de la inmigración se afianza especialmente en el litoral y las zonas agrícolas. Almería es la provincia con mayor proporción de extranjeros (el 26,5% de sus 788.934 habitantes no nació en España), seguida de cerca por Málaga (25,3%, 461.354 personas). En cifras absolutas, la Costa del Sol acoge a casi medio millón de residentes foráneos. Por detrás quedan Huelva (14,1%), Granada (13,4%), Sevilla (9,03%), Cádiz (8,2%), Jaén (6,5%) y cierra la lista Córdoba, donde apenas el 6% de la población es extranjera (47.145 personas).

La Lectura Andaluza

Los datos del INE confirman una tendencia que viene observándose en Andalucía desde hace más de una década: el crecimiento demográfico no depende de la natalidad local, sino de la capacidad de atracción de trabajadores y residentes de otros países. La población autóctona se ha reducido en casi 400 personas en apenas tres meses, mientras que la foránea crece a un ritmo de más de 3.000 al mes. Este relevo silencioso está transformando barrios, escuelas y mercados laborales en municipios como El Ejido, Roquetas de Mar o Vélez-Málaga, y sostiene sectores clave como la agricultura intensiva, el turismo y los cuidados.

Para el andaluz de a pie, la noticia tiene al menos dos vertientes. Por un lado, más población significa más demanda de servicios públicos, vivienda e infraestructuras, un desafío para las administraciones locales y autonómicas que ya se nota en las listas de espera sanitaria o en los precios del alquiler en zonas tensionadas. Por otro, sin el aporte migratorio la pirámide demográfica se invertiría bruscamente: Andalucía sería hoy más vieja y con menos músculo económico. De hecho, sin la incorporación de extranjeros, el censo autonómico habría retrocedido en lugar de alcanzar un nuevo techo.

La excepción cordobesa y onubense merece atención. Córdoba combina una tasa de población extranjera muy baja (6%) con una salida de jóvenes hacia otras provincias, un cóctel que lastra su dinamismo. Huelva, estancada, muestra que el crecimiento no llega por igual a todas las esquinas de la región. Con todo, la proyección es clara: si se mantienen los flujos migratorios actuales, Andalucía podría rebasar los 9 millones de habitantes antes de que acabe la década, consolidándose como la comunidad más poblada de España por encima de Cataluña. La pregunta es si las políticas de vivienda, empleo y cohesión territorial serán capaces de acompañar esa expansión sin que nadie se quede atrás.

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Andalucía gana habitantes gracias al empuje de quienes llegan de fuera; sin ellos, la región perdería población y vitalidad económica.