Ourense recibe cada día de verano una media de 44.000 visitantes mientras 25.000 vecinos abandonan la provincia, según los últimos datos del Instituto Galego de Estatística (IGE). La cifra dibuja un saldo neto de casi 20.000 residentes extra diarios que transforma por completo el pulso demográfico de la Galicia interior.
Lejos del cliché de la huida por el calor, la provincia ourensana vive un auténtico estallido poblacional alimentado por el regreso de la diáspora, el turismo y la ocupación de segundas residencias. La inyección diaria compensa con creces las salidas y convierte a muchos concellos en escaparates de lo que fueron hace décadas.
El verano que transforma la provincia
El fenómeno no se reparte de manera homogénea. Los pequeños municipios del rural son los que soportan la mayor presión, con incrementos que oscilan entre el 120% y más del 140% de su capacidad habitual. En localidades como Parada de Sil, A Teixeira, Nogueira de Ramuín o O Castro de Caldelas la población llega a multiplicarse por cinco en cuestión de días, según los datos del IGE recogidos por La Región.
El caso extremo lo protagoniza Carballeda de Valdeorras, donde la llegada masiva de trabajadores de la pizarra eleva la carga diaria por encima del 145%. Una marea humana que los regidores locales celebran con una mezcla de entusiasmo y pragmatismo logístico.
“Da gusto ver os pobos cheos de xente, cheos de vida”, resume Patricia Torres, alcaldesa de Boborás. Para los alcaldes de la Ribeira Sacra, el retorno estival es, ante todo, un balón de oxígeno económico. Aquilino Domínguez, de Parada de Sil, reconoce que “a pena é que non fose así todo o ano”, mientras Sara Inés Vega, de O Castro de Caldelas, subraya el “importantísimo aporte” a la hostelería, las bodegas y los productores locales.
«O raro é o inverno», resume el alcalde de San Xoán de Río. «En verano, con 3.000 personas, recuperamos la población de los años ochenta, pero luego todo se apaga».
Infraestructuras al límite en pequeños municipios
Pero la explosión demográfica tiene su cruz. Los concellos se ven obligados a hacer auténticos malabares para mantener los servicios públicos, con el abastecimiento de agua como principal quebradero de cabeza. Plácido Álvarez, alcalde de Muíños, admite que el complejo municipal está “a tope desde que acaba o colexio ata finais de agosto” y combinar a vecinos habituales, campamentos de verano y turistas resulta “complicado”. La sequía, añade, complica aún más el suministro.
El esfuerzo logístico no empaña, sin embargo, un balance que los regidores consideran indiscutiblemente positivo. Gracias a los nuevos puntos de teletrabajo en el rural y a los campamentos de verano gratuitos, muchas familias no solo regresan, sino que se instalan durante semanas, convirtiendo zonas casi vacías en pequeños viveros de actividad. La fórmula permite alargar la estancia más allá del fin de semana y genera un impacto económico que va más allá del turismo de paso.
El contraste con el invierno es tan brutal como significativo. En San Xoán de Río, el alcalde Xosé Miguel Pérez Blecua describe la paradoja con un dato elocuente: “Temos setecentas farolas e cincocentos veciños. O raro é o inverno; a normalidade debería ser a do verán durante todo o ano”. Sus palabras ilustran el anhelo de muchos municipios ourensanos: que la vitalidad estival se convierta en permanente.
El Laboratorio Gallego
Lo que ocurre en Ourense no es un simple espejismo turístico; es un termómetro de la España vaciada y un laboratorio en miniatura de lo que podría ser el futuro rural si se garantizasen servicios básicos. Galicia es la comunidad más envejecida del país y la provincia ourensana la más castigada por la despoblación: desde el año 2000 ha perdido más del 20% de su población, según el IGE. Sin embargo, cada verano demuestra que la demanda de vida en el rural sigue viva si hay oportunidades y arraigo.
Las políticas que ensaya la Xunta de Galicia —puntos de teletrabajo, campamentos gratuitos, ayudas a la rehabilitación de viviendas— son seguidas con atención por otras comunidades autónomas que afrontan el mismo reto. De hecho, el Gobierno gallego estudia ya ampliar la red de espacios de coworking rural tras comprobar que muchos visitantes prolongan su estancia porque pueden trabajar desde el pueblo. La clave, apuntan los alcaldes, es no descolgarse en septiembre: mantener servicios, conectividad y actividad todo el año para que la vuelta a casa no sea una despedida definitiva.
Mientras tanto, la Ribeira Sacra y los montes de Valdeorras seguirán viviendo cada agosto su particular milagro demográfico. Un espejismo que, si lograra sostenerse, podría convertir la Galicia vaciada en el espejo de la repoblación. La pregunta, como recuerda el alcalde de San Xoán de Río, es cómo poner una valla para que no se marchen a finales de agosto.
Ficha del Caso
- El caso: La provincia de Ourense experimenta cada verano una súbita superpoblación que revive sus pueblos, multiplica el censo en los concellos del rural y dispara la actividad económica, pero pone a prueba infraestructuras como el suministro de agua.
- Datos importantes: 44.000 visitantes diarios, 25.000 salidas, saldo neto de casi 20.000 personas. Picos de hasta el 145% en Carballeda de Valdeorras. Los campamentos gratuitos y los puntos de teletrabajo alargan las estancias.
- Resumen: El fenómeno demuestra que el rural gallego tiene capacidad de atracción si se garantizan servicios básicos y conectividad. Un reto compartido por toda la España vaciada que Galicia ensaya cada verano.

