Incendio de Jarilla: la prevención falló y Villar de Plasencia afronta el verano con miedo

El mayor incendio de la historia reciente de Extremadura dejó 17.300 hectáreas calcinadas. Un año después, la falta de desbroce y la baja ejecución presupuestaria agravan el riesgo en los valles del Ambroz y del Jerte.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Un año después del incendio de Jarilla, Villar de Plasencia denuncia que el monte sigue sin limpiar y que el Gobierno del PP dejó sin ejecutar casi la mitad del presupuesto de prevención de 2025.
  • ¿Quién está detrás? La alcaldesa María José Pérez y los vecinos; el Ejecutivo extremeño del PP, responsable del plan de prevención forestal.
  • ¿Qué impacto tiene? La abundancia de pasto tras las lluvias dispara el riesgo de nuevos fuegos en los valles del Ambroz y del Jerte.

Un año después del incendio de Jarilla, el mayor registrado en Extremadura desde que existen datos, Villar de Plasencia afronta un verano marcado por el miedo y por la sensación de que la prevención falló. El presupuesto autonómico de prevención no se ejecutó como estaba previsto. Esa es la denuncia de su alcaldesa, María José Pérez, que resume el ánimo de sus vecinos con una palabra: “miedo”.

El fuego arrasó más de 17.300 hectáreas y obligó a evacuar Cabezabellosa, Jarilla y Villar de Plasencia, y a realojar a centenares de personas en Plasencia. Según los registros del Infocaex, el plan de lucha contra incendios forestales de la Junta de Extremadura, aquel 12 de agosto de 2025 cayeron 702 rayos sobre Extremadura y se declararon 17 incendios simultáneos. El fuego quedó estabilizado el 22 de agosto, controlado el 24 y extinguido el 28 de septiembre.

La prevención que quedó en el papel

El dato que sostiene el temor no es una impresión vecinal. El Gobierno del PP en Extremadura dejó sin ejecutar en 2025 casi la mitad del presupuesto de prevención de incendios, según la liquidación presupuestaria difundida por elDiario.es. La alcaldesa de Villar de Plasencia lo recuerda cada vez que el viento sopla sobre el monte. “Temo que una tormenta pueda provocar otro fuego”, ha asegurado. La razón es visible desde el pueblo: ha llovido mucho y hay muchísimo pasto.

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La vegetación se regenera con rapidez, pero los árboles quemados tardarán años en recuperarse. Mientras tanto, el pasto se ha convertido en un combustible perfecto. El despoblamiento agrava la situación. Hay menos ganado en el monte, se transitan menos los caminos y la vegetación se acumula sin freno. A eso se suman los huertos junto a las viviendas, cuyos propietarios, según la alcaldesa, no siempre adecentan sus terrenos.

Qué piden los vecinos y qué dice el Ejecutivo

“Que se limpie el monte”. Esa es la petición que María José Pérez mantiene un año después. El recuerdo de la evacuación, que duró tres días, sigue apareciendo en cada conversación de los vecinos. “Cada vez que nos reunimos, vuelve a salir”, ha reconocido. Antes, cuando un incendio se acercaba al pueblo, la respuesta era comunitaria: tocaban las campanas y todos salían a apagar el fuego. El incendio de Jarilla rompió esa lógica y obligó a abandonar las casas.

La magnitud del susto no se tradujo, sin embargo, en un plan de limpieza proporcional. El incendio calcinó una vivienda y dejó un paisaje teñido de negro, pero no causó daños personales. Los días posteriores estuvieron marcados por el olor a humo. Aun así, los vecinos decidieron celebrar las fiestas del municipio para recuperar la normalidad. El trauma no ha desaparecido: la desconfianza hacia la planificación autonómica se mantiene.

El mayor incendio de la historia reciente de Extremadura no cambió las prioridades de la prevención: el monte sigue esperando quien lo limpie.

El Pulso Territorial

El Gobierno del PP en Extremadura afronta esta denuncia en plena temporada de riesgo y con el presupuesto de 2025 ya liquidado. La ejecución de los fondos de prevención se ha convertido en un argumento político de primera línea en la comunidad: no es solo una cuestión técnica de desbroce, sino la gestión de un servicio público básico ante el cambio climático. La alcaldesa no exige un imposible: pide que se limpie el monte.

El caso de Villar de Plasencia no es único. En otras comunidades de interior, la pérdida de usos tradicionales del bosque —ganadería, leñas, caminos transitados— multiplica la carga de combustible. Extremadura comparte con Castilla y León o Aragón un problema silencioso de abandono rural que convierte cualquier tormenta seca en un riesgo extremo. El precedente lo recuerdan los propios vecinos: antes, cuando el fuego se acercaba, las campanas bastaban para organizar la defensa.

El siguiente paso dependerá de la administración autonómica. No hay, de momento, un calendario público que precise cuándo y con qué fondos se ejecutará el desbroce pendiente. Si las tormentas de agosto vuelven a descargar rayos sobre montes con tanto pasto seco, el miedo de los vecinos tendrá, de nuevo, argumentos.

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Ficha Autonómica

  • El caso: Un año después del incendio de Jarilla, el mayor de Extremadura, el municipio de Villar de Plasencia mantiene que el monte no se ha limpiado y que la prevención fracasó.
  • Datos importantes: 17.300 hectáreas calcinadas; 702 rayos registrados el 12 de agosto de 2025; 17 incendios simultáneos; casi la mitad del presupuesto autonómico de prevención de 2025 sin ejecutar.
  • Resumen: Los vecinos piden desbroce inmediato y responsabilidad a los propietarios de huertos. La administración regional aún no detalla un calendario de limpieza.