Musk anuncia inversión Texas récord: megafábrica con hasta 120.000 millones

El proyecto Terafab de Tesla y SpaceX arranca con 16.800 millones de dólares y competirá directamente con el gigante taiwanés TSMC.

Elon Musk levanta en Texas una megafábrica de chips con un presupuesto que puede alcanzar los 120.000 millones de dólares. El complejo, bautizado como Terafab, arranca con una inversión inicial de 16.800 millones en el condado de Grimes y será el corazón industrial de Tesla y SpaceX.

El proyecto, del que informan Reuters y The Blaze, llama la atención por su escala: una superficie equivalente a una sexta parte de la isla de Manhattan, unas diez veces el tamaño de la la actual Gigafactory de Tesla en Texas, y con una capacidad de producción que rivalizará con la del gigante taiwanés TSMC, hoy el mayor fabricante de semiconductores por contrato del mundo.

La inversión inicial de 16.800 millones de dólares se queda corta si el proyecto avanza según lo previsto. Será, en esencia, una instalación vertical de chips avanzados para memoria, empaquetado y test, pensada para sustentar los robots humanoides Optimus, los robotaxis Cybercab de Tesla y los centros de datos de SpaceX.

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La decisión llega apenas semanas después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmara una Orden Ejecutiva (decreto presidencial que no requiere aprobación del Congreso) para acelerar la producción nacional de componentes de computación cuántica, desde circuitos superconductores hasta semiconductores. El director de la Oficina de Política Científica y Tecnológica de la Casa Blanca, Michael Kratsios, fue explícito: Washington quiere más cadena de suministro doméstica.

Musk no oculta la lógica de la operación. La megafábrica es su respuesta directa al cuello de botella que estrangula los planes de fabricar inteligencia artificial a gran escala. ‘The Terafab is bringing cutting-edge manufacturing to America, creating thousands of high-paying jobs in the Lone Star State, and enabling us to produce AI chips at scale for use on Earth and in space’, dijo el fundador, traducido: ‘Terafab trae manufactura de vanguardia a Estados Unidos, crea miles de empleos bien pagados en Texas y nos permite producir chips de inteligencia artificial a escala, para su uso en la Tierra y en el espacio’.

Musk no busca sustituir a Samsung o TSMC: busca controlar cada etapa del chip desde el diseño hasta el montaje final bajo un mismo techo estadounidense.

Terafab usará láser de electrones libres (FEL), una técnica de fabricación que genera haces de luz intensos y sintonizables. Permite producir transistores con un tamaño menor, acelerar la fabricación de obleas y, sobre todo, competir de tú a tú con la litografía ultravioleta extrema con la que TSMC domina los nodos más avanzados del planeta.

Es un giro: Musk construyó su reputación verde con SolarCity en 2016, pero aquí prima la continuidad operativa 24/7. ‘We either build the Terafab, or we don’t have the chips, and we need the chips, so we build the Terafab’ — o se construye Terafab o no hay chips, y necesitamos los chips, así que la construimos.

El impacto para España y la posición europea

España no produce chips de gama alta ni forma parte de la cadena de suministro de Tesla o SpaceX. Nadie en Madrid espera pedidos directos. El impacto real se juega en la competencia global por la inversión en semiconductores, donde Bruselas ha lanzado su propia Chips Act europea para movilizar 43.000 millones de euros de ayudas públicas.

La escala financiera del proyecto texano —120.000 millones de dólares potenciales— equivale a casi tres años de fondos europeos destinados a los chips. Para las empresas españolas, el aviso es doble: la industria del automóvil, clave para la electromovilidad, y los centros de datos que alimentan la inteligencia artificial necesitarán cada vez más chips de vanguardia. Si la capacidad de producción se concentra en Texas, la dependencia europea no hará sino aumentar.

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El Gobierno español, por boca del Ministerio de Industria, ha evitado pronunciarse sobre el proyecto de Musk. La posición oficial madrileña lo registra como un dato de coyuntura, no como un riesgo inmediato. Sin embargo, entre los proveedores europeos de maquinaria especializada para semiconductores, el debate está abierto: si Estados Unidos se convierte en el destino principal del reshoring (la vuelta de plantas a suelo americano), los fabricantes del Viejo Continente quedarán al margen.

SpaceX

La Lógica de Washington

La Casa Blanca lleva tres años preparando el terreno para que un anuncio como Terafab caiga en Texas. La CHIPS Act de 2022 (la ley bipartidista que destinó 52.700 millones de dólares a recuperar la producción de semiconductores en Estados Unidos) sentó las bases fiscales y de subvenciones. La Orden Ejecutiva de finales de junio añade la capa de seguridad nacional: se trata de que los chips que alimentan los sistemas de defensa y los modelos de inteligencia artificial más avanzados no dependan de Taiwán ni de China.

El precedente que mejor explica la operación no es el proteccionismo clásico de aranceles, sino la política industrial de defensa de los años de la Guerra Fría: cuando Washington financió Silicon Valley comprando microchips para cohetes y satélites. Musk lo formula en términos de necesidad, no de ideología: sin chips propios, no hay robots ni coches autónomos.

La lectura estratégica para Europa es incómoda pero clara. El proyecto de Musk compite directamente con los esfuerzos de la Unión Europa para levantar plantas de fabricación de chips en suelo europeo. Frente a la escala texana, la respuesta europea sigue fragmentada entre Alemania, Francia y los Países Bajos, sin liderazgo unificado. España, con menores capacidades de fabricación, observa desde una posición de proveedor de componentes y ensamblaje, no de productor principal.

Riesgos: el proyecto depende del suministro de gas, de los permisos estatales, del calendario de Tesla y SpaceX y de la evolución de la demanda de inteligencia artificial. Si la burbuja de la IA se desinfla, las fases adicionales podrían quedarse en promesas. Por ahora, los mercados lo han tomado como un movimiento de consolidación del ecosistema Musk.

Ficha del Caso

  • El caso: Elon Musk anuncia Terafab, una megafábrica de chips en el condado de Grimes, Texas, con inversión inicial de 16.800 millones de dólares y potencial de hasta 120.000 millones.
  • Datos clave: Superficie de una sexta parte de Manhattan; 3.000 empleos; láser de electrones libres (FEL); competencia directa con TSMC; energía de gas natural y baterías.
  • Para España: Aumenta la presión competitiva en la carrera mundial por los semiconductores y recuerda a la industria europea su dependencia de chips no fabricados en el continente.