Italia y España acusan a Mette Frederiksen de ‘solidaridad selectiva’ con Meloni en la crisis migratoria de Ceuta.
De la crisis de Ceuta a la carta de los 22: el pulso que rompe al PSE
Lo que empezó como una emergencia en la frontera sur se ha convertido en una crisis interna del socialismo europeo. A finales de julio, más de 72.000 personas cruzaron de forma irregular desde Marruecos al enclave español de Ceuta. La primera ministra danesa se sumó a Italia, Alemania, Finlandia y Suecia en las críticas al Gobierno de Pedro Sánchez. ‘No aceptaremos una repetición de 2015’, declaró entonces a la agencia Ritzau. ‘La UE debe adoptar de inmediato todas las medidas necesarias’, añadió.
Frederiksen copresidió junto a Giorgia Meloni una carta firmada por 22 Estados miembros contra el proceso de regularización administrativa de cerca de medio millón de migrantes en España. La misiva presentó esa regularización como un supuesto ‘efecto llamada’ de la crisis. Después, la danesa y la italiana firmaron una declaración conjunta para oponerse a la inmigración descontrolada y acelerar la creación de centros de repatriación en terceros países.
En una carta enviada a principios de esta semana al presidente del PSE, Stefan Löfven, los eurodiputados Peppe Provenzano y Javi López acusaron a Frederiksen de ‘solidaridad selectiva’. El texto recoge que resulta inaceptable alinearse de forma coordinada con Meloni, que acababa de suspender Schengen ‘en un movimiento puramente propagandístico, dado que no existe libertad de circulación desde Ceuta hacia la UE’.
La réplica danesa no se hizo esperar. Rasmus Stoklund, portavoz de los socialdemócratas daneses, insistió en que su partido no dará marcha atrás en su línea dura migratoria. Defiende fronteras exteriores más sólidas y centros de retorno fuera de Europa. La brecha con el grupo S&D no es nueva: la delegación danesa, con tres eurodiputados, ha votado en repetidas ocasiones contra la línea de su grupo en los expedientes migratorios.
Para las delegaciones española e italiana, discrepar en una votación es una cosa; alinearse abiertamente con una dirigente de la derecha dura europea como Meloni es otra. ‘Dinamarca mantiene una posición en inmigración y asilo que genera claramente tensiones con la línea de voto del grupo S&D’, declaró a Euronews el eurodiputado Juan Fernando López Aguilar.
La carta de los 22 no es solo una disputa migratoria: prueba que la derecha radical ya ha conseguido que una parte de la socialdemocracia europea hable su idioma.
Por qué Dinamarca se siente cómoda con Meloni y qué pierde España

La posición danesa no responde solo a una táctica de coyuntura. Los socialdemócratas de Frederiksen convirtieron la migración en bandera de blindaje electoral tras la crisis de refugiados de 2015. Han asumido una línea de contención que se parece más a la de Meloni que a la de sus socios del PSE. Eso les da coherencia interna, pero les aleja de la familia política que presumen de compartir.
A España e Italia les irrita una asimetría: Dinamarca invocó la solidaridad europea cuando su espacio aéreo sufrió violaciones repetidas y cuando el presidente estadounidense Donald Trump amenazó con hacerse con Groenlandia, territorio autónomo danés. Ahora, sin embargo, Copenhague no devuelve el mismo gesto al sur europeo. ‘El problema ha aumentado porque no solo afecta a inmigración y asilo, afecta también a la solidaridad con un Estado miembro’, añadió López Aguilar.
Las delegaciones italiana y española recuerdan que las llegadas irregulares a Europa han caído en torno al 40% desde comienzos de año. Sostienen que Frederiksen adoptó ‘la narrativa de la derecha radical, que presenta la migración como una emergencia permanente’. Según ese argumento, el riesgo de Copenhague es alimentar un clima de alarma y miedo políticamente oportunista.
El PSE busca rebajar la tensión y preservar la unidad. La pertenencia de los socialdemócratas daneses no está en cuestión, según fuentes consultadas por Euronews. La carta reclama un debate en la próxima reunión de la presidencia del partido, prevista justo antes de la cumbre del Consejo Europeo de 15 y 16 de octubre.
El Eje del Poder Europeo
El choque trasciende al Partido de los Socialistas Europeos. Escenifica una fractura entre la socialdemocracia del norte y la del sur, con la migración como línea de contacto. Dinamarca, pero también Suecia y Finlandia, levantan muros normativos mientras Italia, España, Grecia y Portugal cargan con la presión fronteriza. La carta firmada por 22 Estados miembros, con Alemania entre los firmantes, deja a Sánchez sin red en un momento de especial sensibilidad para Moncloa.
Lo más incómodo para el PSE no es la política migratoria sino el abrazo a Meloni. Copenhague no solo endurece su discurso: copreside y comparte agenda con la líder italiana de la derecha dura. Para el sur, la línea roja se cruza cuando el aliado de familia liberaliza Schengen, firma centros de retorno y llama ‘efecto llamada’ a la regularización española. Es la exportación de la narrativa de la derecha radical al corazón del centroizquierda.
España paga el coste en términos de credibilidad y margen negociador en Bruselas. La crisis de Ceuta no solo deja las imágenes de la presión en la valla: deja al Gobierno de Sánchez defendiendo su gestión migratoria ante 21 capitales europeas. La próxima cumbre del Consejo Europeo de octubre se presenta como la ventana crítica. Allí, el Pacto Europeo de Migración y Asilo, aún en fase de aplicación, deberá demostrar si la UE es capaz de compaginar fronteras y solidaridad.
La lectura a cinco años no es neutra. Si la socialdemocracia del norte mantiene esta alianza con la derecha radical, el centro político europeo se acelera hacia posiciones securitarias y la solidaridad intraeuropea se vuelve retórica. La crisis de Ceuta puede leerse como el primer ensayo general de la campaña de 2029, la primera vez que la familia socialista se pelea por el significado de la palabra solidaridad.
