Junqueras cierra la puerta a Aliança Catalana y carga contra la oposición en la Universitat Catalana d’Estiu

El líder de ERC define al adversario independentista en Prada con una referencia que ya no compite: 'Albert Rivera'. ERC descarta acercamientos con la formación que considera instalada en el discurso del odio.

Oriol Junqueras ha cerrado la puerta a Aliança Catalana y ha rediseñado el mapa de la oposición al independentismo. Lo hizo este viernes en la Universitat Catalana d’Estiu de Prada de Conflent, el foro estival que ERC utiliza para fijar doctrina antes del arranque político de septiembre. La intervención del presidente de ERC combinó la lectura histórica de las derrotas catalanas con una advertencia directa: el partido no pactará con la formación de Sílvia Orriols.

La pregunta recorre el independentismo desde la desaparición de Ciutadans y el reacomodo del PSC como fuerza de gobierno. Junqueras la esquivó durante el coloquio de Prada, según recoge el Diari ARA, y terminó respondiendo con un nombre propio: ‘Por ejemplo, Albert Rivera’. Siete años después de su dimisión y del desmantelamiento del partido naranja, el líder republicano sigue viendo en Rivera el símbolo de la anti-Catalunya.

La elección no es casual. Para Junqueras, la oposición real a las aspiraciones independentistas no se reduce a los partidos que votaron en contra del procés. Incluye a quienes, dentro y fuera de Cataluña, han contribuido a frenar la vía unilateral. En su relato, Rivera encarna ese enemigo interno que pone palos en las ruedas a la liberación nacional.

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Un nombre que ya no compite. Cosas de la política catalana.

Aliança Catalana, la línea roja que ERC no piensa cruzar

Si en Prada Junqueras definió al adversario, su mensaje sobre Aliança Catalana fue más contundente. El líder de ERC descarta cualquier pacto con la formación de extrema derecha independentista, a la que acusa de ‘predicar el odio contra el país’. La advertencia, recogida por Crónica Global, sitúa a Aliança Catalana fuera del tablero de alianzas de ERC en esta legislatura.

El rechazo tiene consecuencias municipales y autonómicas. Aliança Catalana ha crecido en comarcas como Osona y Ripollès, territorios donde ERC compite por el voto independentista. Para Junqueras, pactar con Orriols implicaría aceptar un discurso incompatible con la tradición republicana. No habrá acercamientos, ni mociones pactadas, ni listas conjuntas. La línea roja quedó marcada en Prada.

El enemigo interno que más preocupa no es el que gobierna, sino el que divide a los aliados de la causa desde dentro.

Otra cosa es que el electorado lo comparta. La posición de ERC no impide que una parte del voto independentista más desencantado mire hacia la formación de Orriols.

La referencia a Rivera no es un guiño nostálgico. En 2019, Albert Rivera lideró la oposición a un Gobierno de coalición con ERC y llegó a condicionar la política española desde Ciudadanos. Su retirada dejó un vacío que el independentismo no ha sabido llenar. Junqueras lo sabe: si el adversario desaparece, el relato de la persecución pierde fuerza.

También conviene mirar a Junts. La formación de Carles Puigdemont compite con ERC por el mismo espacio soberanista, y su discurso hacia Aliança Catalana ha sido más ambiguo. En este contexto, marcar distancias con la extrema derecha independentista sirve a Junqueras para presentarse como el independentismo institucional y transversal. Es una jugada de supervivencia política.

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La lectura política: de la Guerra de Sucesión al procés

Junqueras hizo en Prada un recorrido por las derrotas catalanas frente a Castilla, incluida la Guerra de Sucesión, y lo aterrizó en la pugna de los últimos años con el procés. El argumento no es nuevo en ERC: sirve para mantener viva la épica fundacional sin asumir los costes del unilateralismo. La audiencia de la Universitat Catalana d’Estiu es sensible a ese relato histórico, y la mayoría de los militantes siguen viendo la historia como un campo de batalla.

La mención a Rivera cumple una función doble. Permite a Junqueras desviar el foco de las preguntas molestas sobre el papel del PSC en la oposición real al independentismo. Y, de paso, ofrece una identidad de contraste a una militancia que sigue sin digerir la posición de ERC tras el procés. En esta redacción observamos que el presidente de ERC prefiere pelear contra un adversario extinguido antes que contra el socialismo catalán que hoy comparte Govern con Salvador Illa.

El riesgo es evidente: definir a la oposición con un referente que ya no tiene representación parlamentaria puede resultar anacrónico. Pero en clave interna, la figura de Rivera sigue movilizando a la base republicana más que cualquier análisis sobre la aritmética del Parlament. Cabe recordar que ERC afronta una legislatura compleja en minoría y con competencia de Junts por la derecha independentista.

El contraste con Junts es inevitable. Mientras ERC cierra la puerta de forma explícita, la formación de Puigdemont cultiva una ambigüedad calculada hacia el electorado más radical. Esa diferencia de tono se percibe en cada cita electoral y obliga a Junqueras a moverse con cuidado: demasiada firmeza puede alejar a votantes descontentos, y demasiada tibieza lo pondría en manos de la derecha mediática catalana.

La estrategia tiene un límite. Si Aliança Catalana sigue creciendo en las urnas, la negativa de ERC a pactar puede volverse un problema de gobernabilidad en municipios medianos. Por ahora, Junqueras prefiere pagar ese precio antes que asumir el coste simbólico de un acuerdo con Orriols. La decisión adelanta el tono del próximo ciclo electoral municipal.

Un movimiento deliberado. Junqueras elige sus batallas: hablar de Rivera permite evitar la conversación incómoda sobre Junts y sobre los pactos territoriales. El nuevo curso político abrirá esa carpeta en septiembre.