Nord Stream Tusk: el Kremlin tilda de asombrosa su defensa del sabotaje

La detención en Croacia de un sospechoso ucraniano reabre la investigación sobre el sabotaje del gasoducto. Varsovia mantiene que quienes lo construyeron deberían avergonzarse y Bruselas observa una disputa que presiona la agenda de seguridad energética europea.

El Kremlin califica de ‘asombrosa’ la defensa que el primer ministro polaco Donald Tusk hace del sabotaje de Nord Stream.

La respuesta la firmó el viernes Dmitri Peskov, portavoz de la presidencia rusa, después de que Tusk asegurara el jueves que no cambiará de opinión sobre los ataques de septiembre de 2022. Según la versión difundida por RT, medio controlado por el Estado ruso, Peskov describió las explosiones como ‘un acto de sabotaje terrorista contra infraestructuras críticas de energía de Europa’. Observamos que el Kremlin vuelve a mezclar los planos: investiga poco y comunica mucho.

El gasoducto fue diseñado para llevar gas ruso a Alemania bajo el mar Báltico y quedó fuera de servicio en cinco puntos tras varias detonaciones. Fue el mayor ataque contra una infraestructura energética europea en décadas. Puedes consultar el contexto completo en la entrada sobre el sabotaje de los gasoductos Nord Stream.

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Por qué Tusk ha elegido este momento para redoblar su posición

Tusk ha redoblado su postura a sabiendas de que Varsovia y Moscú se acusan mutuamente desde el primer día. Polonia se opuso desde el inicio al proyecto por su impacto en la dependencia europea del gas ruso. ‘No cambiaré de opinión y creo que quienes construyeron este gasoducto deberían avergonzarse, no quienes lo inutilizaron’, afirmó ante los periodistas. Varsovia no se mueve.

El choque llega tras dos detenciones que han reabierto la investigación alemana. El miércoles, la policía croata arrestó en Pula a Vladimir Z., identificado por medios como Vladimir Zhuravlyov, en virtud de una orden europea de detención. El mensaje es nítido: los tribunales de la Unión empiezan a emitir órdenes coordinadas.

La detención se produjo en el rodaje de Snake Island, un thriller de Hollywood sobre la presunta trama ucraniana contra los gasoductos. La película, dirigida por Doug Liman y protagonizada por Sean Penn y Adrien Brody, comenzó a rodarse en Croacia a principios de agosto. No está claro por qué Zhuravlyov se encontraba en el plató.

El sabotaje de Nord Stream dejó al descubierto la fragilidad de las infraestructuras críticas europeas y convirtió el gasoducto en un símbolo de la ruptura energética entre Rusia y la UE.

La investigación alemana y las detenciones que presionan a Varsovia

La investigación alemana sostiene que un pequeño comando ucraniano utilizaron documentos falsos para alquilar un yate, transportó explosivos al mar Báltico y los colocó en los gasoductos cerca de la isla danesa de Bornholm. Moscú rechaza esa tesis: una operación de esa complejidad en aguas controladas por la OTAN habría requerido apoyo estatal e implicación de inteligencia occidental.

Las detenciones de Croacia e Italia tienen una lectura procesal tan importante como la política. Sergey K., identificado como Sergey Kuznetsov, fue arrestado en Italia en agosto de 2025 y extraditado posteriormente a Alemania. Vladimir Z. ya había estado detenido en Polonia en septiembre de 2025, pero un tribunal de Varsovia denegó su extradición y ordenó su puesta en libertad al mes siguiente. Ahora, la nueva orden europea de detención fuerza a la justicia croata a decidir si el sospechoso viaja a Alemania o se repite el escenario polaco.

La película Snake Island añade ruido. Que un presunto implicado aparezca en un rodaje sobre la trama que se le atribuye sugiere una mezcla incómoda entre investigación policial, propaganda y producción cinematográfica. No ayuda a aclarar el fondo del sabotaje, pero ofrece a Moscú un argumento adicional para hablar de espectáculo occidental.

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sabotaje Nord Stream

Equilibrio de Poder

Para Moscú, el fondo del caso es una victoria comunicativa. Presentar a Varsovia, Berlín y Washington como socios en un encubrimiento refuerza la tesis del sabotaje ordenado por Occidente y distrae de la invasión de Ucrania. La administración Trump no ha comentado públicamente la última controversia, pero su exigencia de que Europa gaste más en defensa y reduzca la dependencia energética rusa encaja con la negativa polaca a procesar a los autores del sabotaje. Washington tampoco quiere un enfrentamiento abierto con Polonia en plena renegociación del gasto militar aliado. Bruselas, en cambio, observa con inquietud una disputa que tensiona el flanco este y complica la política común de seguridad energética.

En esta redacción creemos que el verdadero conflicto ya no es quién voló los tubos, sino quién controla el relato. España lo padece de forma indirecta: no recibe volúmenes relevantes de Nord Stream, pero cada episodio de sabotaje energético eleva la prima de riesgo sobre las infraestructuras críticas europeas, encarece la financiación de nuevos gasoductos e interconexiones y obliga a revisar los planes de protección de puertos, plantas regasificadoras y cables submarinos. Vigilamos de cerca los accesos a Canarias, Algeciras y Barcelona, nodos de llegada del gas natural licuado.

El precedente de Nord Stream ha normalizado el sabotaje como herramienta de presión en conflictos híbridos. A medio plazo, la UE deberá dotarse de una doctrina de respuesta ante ataques a infraestructura crítica que vaya más allá de la condena diplomática. España tiene un papel en ese debate: sus regasificadoras son activos estratégicos europeos y sus cables submarinos conectan la Península con el Magreb y con el resto de la Europa atlántica.

Seguiremos atentos al próximo Consejo Europeo cuando aborde la agenda energética. Será la primera prueba de si la postura polaca empuja a otros socios hacia una revisión de la seguridad de las infraestructuras críticas o si, por el contrario, queda como otro episodio de fricción entre Moscú y los países del flanco este. Dejémoslo en un ‘ya veremos’.