La DGT ha lanzado un aviso que conviene tomarse en serio si conduces este verano por carreteras españolas. Con el termómetro rozando los 40 grados en buena parte del país, el asfalto puede superar los 60 grados en las horas centrales del día, y ese calor acumulado se convierte en una trampa en el instante en que cae la primera lluvia.
No es una advertencia menor ni aislada. Este verano ya se ha repetido varias veces el mismo patrón: jornadas de calor extremo seguidas de tormentas repentinas en el interior peninsular, justo el escenario que más complica la conducción según los propios técnicos de tráfico.
La DGT y el aviso que hay que tener en cuenta antes de salir
La recomendación de la DGT es clara: planificar los trayectos evitando las horas centrales del día cuando hay avisos activos por calor o tormenta. El organismo insiste en que el calor extremo reduce los reflejos y aumenta la fatiga al volante, un efecto que se suma al riesgo físico del propio firme.
Lo que hace especialmente peligrosa esta combinación es la rapidez con la que cambia el escenario. Las tormentas de verano no avisan con horas de antelación, y pueden dejar tramos con visibilidad reducida y calzada mojada en cuestión de minutos, sin que el conductor tenga tiempo de adaptar su forma de circular.
Por qué el asfalto caliente se vuelve tan resbaladizo con la lluvia
Durante los periodos de sequía y calor, el asfalto acumula polvo, restos de aceite y grasa de los propios vehículos. Cuando llegan las primeras gotas tras varios días o semanas sin llover, esa mezcla no se limpia de inmediato: el agua se combina con esos residuos y forma una película deslizante sobre la superficie, mucho más traicionera que la lluvia continuada.
Este fenómeno, conocido entre los expertos en seguridad vial como el «efecto de la primera lluvia», explica por qué los accidentes se concentran precisamente en los primeros minutos de una tormenta. La DGT recuerda que el firme recalentado pierde adherencia de golpe al mojarse, y que ese instante inicial es el momento de mayor riesgo de todo el episodio de lluvia.
A esto se suma que el calor reblandece ligeramente el propio asfalto, lo que reduce el agarre de los neumáticos incluso antes de que llegue el agua. La combinación de ambos factores multiplica la distancia de frenado justo cuando el conductor menos lo espera.
El riesgo del aquaplaning y cómo reconocerlo a tiempo
Cuando la lluvia se intensifica y el agua se acumula sobre el firme, el riesgo cambia de naturaleza. Ya no se trata solo de una superficie resbaladiza, sino de la posibilidad de que los neumáticos pierdan por completo el contacto con la carretera: es lo que se conoce como aquaplaning, un fenómeno que puede dejar el vehículo prácticamente sin control durante unos segundos.
El aquaplaning se produce cuando la cantidad de agua en la calzada supera la capacidad de los neumáticos para evacuarla. La presión del agua levanta la rueda y el coche pasa a deslizarse sobre una fina lámina líquida, sin apenas contacto directo con el asfalto. El riesgo aumenta con la velocidad, la profundidad del agua acumulada y el desgaste de la banda de rodadura.
Detectarlo a tiempo marca la diferencia. Si el volante deja de responder o el motor «se embala» sin ganar velocidad real, lo más seguro es soltar el acelerador con suavidad y mantener la trayectoria, sin frenar bruscamente ni girar el volante de forma brusca hasta recuperar el contacto con el suelo.
Qué revisar antes de un viaje largo en pleno verano
Antes de emprender cualquier trayecto en estas condiciones, hay una serie de comprobaciones que reducen notablemente el riesgo. Los neumáticos son el elemento más determinante, ya que son el único punto de contacto real entre el coche y la carretera, y el calor acelera su desgaste de forma silenciosa.
También conviene prestar atención a otros sistemas del vehículo que trabajan más de lo habitual con temperaturas extremas. Una revisión de diez minutos puede evitar un susto serio en mitad de una tormenta de verano, especialmente en trayectos por autovía o zonas de montaña.
- Presión de los neumáticos: revisarla siempre en frío, ya que el calor la altera y falsea la medición.
- Profundidad del dibujo: no bajar de 2 mm en verano, aunque el mínimo legal sea 1,6 mm, porque el calor acelera el desgaste.
- Distancia de seguridad: duplicarla en cuanto empiece a llover, sobre todo en los primeros minutos.
- Luces de cruce: activarlas si la tormenta oscurece la zona, aunque sea de día.
Lo que viene: un verano que exige adaptar los hábitos al volante
La tendencia de este verano no parece un episodio pasajero. Los registros de los últimos años muestran que este tipo de contraste entre calor extremo y tormentas repentinas se repite con más frecuencia que hace una década, y todo apunta a que seguirá siendo así en los próximos veranos.
La buena noticia es que la anticipación funciona, y funciona bien. Consultar la previsión antes de salir de casa se ha convertido en un hábito casi tan necesario como revisar el nivel de aceite del coche, y cada vez son más los conductores que ajustan sus horarios de viaje según los avisos activos. Con la información correcta a mano y unos minutos de revisión previa, moverse por España este verano sigue siendo perfectamente compatible con la tranquilidad.


